¿Cuando empezó a saludarse el ser humano? ¿O tal vez ya lo hacían los monos?  Y si ya lo hacían los monos... ¿los humanos y los monos se saludaban entre ellos? 



Dice el Sr. Punset en uno de sus libros ("Por que somos como somos") que uno de los factores fundamentales que ha ayudado al desarrollo de nuestro cerebro y nuestra inteligencia a lo largo de porrones de años ha sido la socialización. Me estoy imaginando ese gran momento en el que empezó todo. Con la música de "2001 Odisea en el espacio", por favor. Dos semi-monos bajan de sendos árboles para ponerse torpemente erguidos. Se giran y se ven. Y es entonces cuando ocurre algo inesperado. A cámara superlenta vemos como uno de ellos hace un ligero movimiento de cabeza hacia arriba y.... ¡¡¡no puede ser!!! El otro responde con unos claros y estupendos "duples". Vamos, para quien no sepa de mus, que le levanta las dos cejas con alegría. Y es aquí donde nace la socialización y las dos formas de saludo más básicas y universales. ¡Nada de pequeños pasos polvorientos en la luna! Lo que relamente fue un gran paso para la humanidad es que empezáramos a saludarnos!!!!! Eso hizo crecer nuestro cerebro y que adquirieramos habilidades de comunicación sorprendentes.



El mundo del saludo es un mundo muy interesante y muy amplio. Hay saludos de cortesía, de muestra de cariño, de respeto.... Pero también hay saludos de reconocimiento cuando precisamente no se conoce a la otra persona. Es el caso de los pueblos donde un rápido gesto con la cabeza puede significar un "eh, no se quien eres, y tienes pinta de no ser de por aquí, quedas fichado". O el caso más relajado, de la gente que se encuentra de trekking andando por la montaña por lugares inhóspitos y que se traduce en un "eh, está claro de que no eres de por aquí, pero estás aquí donde no hay ni Dios y me alegro".

Si el mundo de los saludos tiene su aquel en cualquier sociedad, en el planeta running no podía ser menos. Y en esto me hallaba pensando ayer cuando salí a correr mis 10 kms de los lunes, de los que no diré más que eso, que fueron 10, ¡que se merecen un respeto salieran como salieran coñe, que era lunes! Pero volvamos a lo del saludo, que para eso he venido. Salí a correr por el mismo sitio por donde suelo salir, encontrándome con la misma gente que me suelo encontrar. En su mayoría gente madura del pueblo que sale a dar su paseo mañanero y algún corredor o corredora que tras unos meses deja de serlo. A los primeros les perdono que ni me saluden, me tienen muy vista. Pero a los corredores... ¡Con el interés que yo le pongo! Eso de sentir que somos del mismo gremio y estamos metidos en el mismo sufrimiento me hace empatizar y siempre intento saludar. Más ahora sabiendo que puedo perder neuronas. ¡Pero no hay manera! La mayoría de las veces me quedo como si lanzara mensajes en una botella al mar.

Esa mañana saque todo mi repertorio de saludos. Cada uno para el momento apropiado dependiendo del kilómetro en el que fuera. Del kilómetro 1 al 3, donde me puedo permitir hablar y que se me entienda, usé el más comunicativo: sonrisa y un "¡hola!". Pero nada, no hubo respuesta. Me crucé con una corredora que debió pensar que estaba saludando a las carpas del pantano. Del kilómetro 4 al 6, momento en el que la tentación me llama a dejarlo, tengo energía pero no mucho ánimo así que una manita levantada girando en plan saludo reina madre va que chuta, pero tampoco funcionó. El corredor con gafas de sol que me crucé debía vender cupones de la Once. Del kilómetro 7 al 9 la cosa no da más que para un movimiento de cabeza y gruñido pero no debí gruñir lo suficiente. Me toco una corredora con auriculares concentrada en sus zapatillas. Entonces es cuando camino de completar mis 10 kilómetros y a punto de tirar la toalla, bañada en sudor y con respiración jadeante, veo a lo lejos a un ser parecido a mi que se acerca también corriendo con ritmo cansino. Es la oportunidad de quemar mi último cartucho... Me preparo bajándome un poco las gafas de sol, levanto la barbilla y cuando le tengo a dos metros, le miro fijamente y... ¡clin! Levanto las cejas ¿Que ocurre? ¡¡¡¡Que ve mis duples!!! ¡Si, señores y señoras! Por fin me devuelven el saludo. A punto del colapso por la carrera y el calor ya creía que, o era invisible o me volvía a casa con una neurona menos. En fin, que no es tan difícil saludar, compañeros y compañeras de gremio. Que unos duples son facilitos, universales y no nos restan ni pizca de energía.

Como veis, cuando el diablo no tiene que hacer...mata moscas con el rabo. Mientras continúe sin objetivo creo que seguiré metida en cavilaciones parecidas a estas  cuando salga a correr así que he decido ponerme uno: 12 de septiembre Tactika Trail Sierra del Rincon. ¡Y hasta aquí puedo leer!