Aquellos descastados con el cine en general o el cine clásico en particular quizá no sepan quien es Baby Jane ni falta que les haga. A mi me gusta el cine, mucho, y dar vueltas al tema para al final hablar del tema, correr, el que me hizo crear este blog hace algunos años y dejar de escribir en él tan solo uno. Baby Jane nada tiene que ver con maratones. Yo tampoco hoy en día.



"¿Que fue de Baby Jane?" es una de mis películas favoritas. Posiblemente no lo sería de no estar protagonizada por la soberbia y despiadada pero genial Bette Davis, por esa mirada burlona que sirvió de inspiración para una de las canciones ochenteras más conocidas y esa lengua viperina y ocurrente capaz de darle nombre para la posteridad a la famosa estatuilla dorada.

¿De que trata la película en cuestión? De dos hermanas entradas en años que se despellejan en una casa vieja. De niñas, ambas estrellas de Hollywood. De adultas, solo una de ellas. La otra, envidiando su destino. Adivinen cual acaba en una silla de ruedas y cual de loca atormentada y castigadora tratándose de cobrar el fracaso de su carrera. (¿He dicho carrera? Noooo, falsa alarma.)
Lo genial de esta película (aunque la Crawford no pensaría lo mismo) es que el despelleje era real. Sin trampa ni cartón. La de los ojos saltones nunca soportó a su compañera de reparto.

"Uno nunca debe decir cosas malas sobre los muertos, sólo se deben decir cosas buenas... Joan Crawford está muerta, ¡que bien!"
(Bette Davis)

Yo no estoy muerta, pero un poco lo he estado. El verano pasado deje de correr de tanto correr o mejor aún, de tanto querer correr. Mi amiga Bette también tuvo sus baches. En uno de ellos, días después de rodar "¿Que fue de Baby Jane?", llegó a anunciarse en un periódico:



"...30 años de experiencia como actriz de cine. Conservo movilidad y más amable de lo que parece. Me ofrezco para trabajo estable en Hollywood (experiencia en Broadway)". 

De ser ella hoy quien soy, habría escrito:

"Corredora con casi treinta y todos, pocos calzando zapatillas. Conservo movilidad, algo lenta pero más veloz de lo que parece. Me ofrezco para volver a correr carreras populares de media distancia (experiencia en maratones)".

Sí, quiero volver a correr. De hecho ya estoy corriendo, para que voy a mentir. Pero entonces, si dejé de correr, quiero volver y ya estoy corriendo... ¿Qué fue de La Pingüina? Pues ahí la tienen...



...subiendo cuestas con los ojos saltones de la Davis. Para ser más exacta, la famosa Rompecorazones (con su 27% de desnivel) en la carrera Rock'n'Run de San Lorenzo del Escorial. Pero esto ha sido hace unas semanas.

¿Qué pasó antes? Una historia sin importancia, como la de cualquier torturado corredor existencialista. Un buen día te preguntas de donde venimos y a donde vamos y no le encuentras ningún sentido a correr. Si a esto le sumas que la vida y sus circunstancias se devoran mutuamente quitándole tiempo e intención a lo que más te gusta hacer, tienes como resultado una capa de polvo en tus zapatillas y no precisamente del camino, sino del fondo del armario de la desilusión y la melancolía. Entre medias, una participación en la Behobia (gran carrera que repetiré, y no es una frase hecha) y algún trote mañanero para constatar que todo sigue perdido. Y así van pasando los meses, no sin apagar del todo esa vocecilla interior, que aunque bajito, no se cansa de decir "algún día volverás".

Y efectivamente, un día de febrero volví. Volví a encontrarme en el punto de partida y con el amigo con el que empecé a correr allá por el año 2006. Andábamos los dos en cunetas parecidas lamentando haber perdido el norte y la forma así que enarbolando la bandera de "cuando las desgracias unen" formamos una pandilla de dos para salir a correr un par de días a la semana. Eran penosas nuestras actuaciones. Apenas duraban 4 kilómetros (mejor no hablo de tiempos). Pero ya sabemos que esto del correr es más agradecido que un chino y si le sumamos la dosis necesaria de endorfinas tenemos a una yonqui como yo en pocas semanas corriendo tres días, ensalivando con unas series y pecando con alguna inscripción.

A día de hoy sigo sin saber de donde vengo y a donde voy, solo sé que he venido para quedarme otro rato. El tiempo dirá cuanto. Mientras tanto desempolvo también el blog con ganas de saber de los demás, de aquellos y aquellas que, con vuestras experiencias, siempre me hicisteis darle el mejor sentido a esta terrible enfermedad, la de querer movernos tratando de volar en cada paso.


"No me retiraré mientras siga manteniendo mis piernas y mi caja de maquillaje mi blog"

Bette David - La Pingüina Veloz