Apenas queda casi una semana para enfrentarme a mi quinto maratón. La locura que a veces habita en mí y por la que creo que bastantes corredores y corredoras populares pasan alguna vez, me va a llevar a correr en seis meses tres maratones. El primero fue en enero en Sevilla, para el que me preparé con la idea de rebajar marca y así sucedió, el segundo fue en abril en Madrid, en el que no contaba participar y que logré terminar con el único afán de disfrutar de su buen ambiente y el tercero será la San Fermín Maraton de Pamplona. Me he preparado lo justo y necesario, algunos dirán que me estoy tapando y más aun cuando diga que voy con liebre y no aspiro a marca.



"Corren para que otros batan records", así cuenta un artículo del diario digital ABC que habla sobre como funcionan las liebres en atletismo. He corrido en varias ocasiones con algún amigo que ha tirado de mi y sé la gran ayuda que supone. Recuerdo especialmente mi MMP en medio maratón, que no tendría de no ser por esa ayuda. Pero esta vez no quiero batirme con el crono, tan solo completar de nuevo la distancia de Filípides. Aun así llevo liebre.

"No corre por ti, pero te allana el camino" (Alessandra Aguilar). 

Pamplona tiene cuestas. No me preocupa, llevo liebre.

"El atleta va mucho más tranquilo y puede centrar todas sus energías en correr. Personalmente prefiero que sea alguien que conozco, porque la forma de correr del que tienes delante también influye." (Carlos Castillejo)

Yo conozco poco a mi liebre y sin embargo ya hace unos años que se de ella. La real, la de carne y hueso la conozco desde la pasada Maratón de Madrid donde coincidimos, la otra, la igualmente real y auténtica, la que no quiere que le digamos a su madre que corre, la que en sus comienzos se sorprendía de la gente que empujaba árboles, la que se corona con una gorra fosforito para ser un eterno rey principiante y aprendiz en esto del correr, la conozco desde hace casi tres años. El verano que yo jugaba a ser ultramaratoniana camino de Segovia sin pasar por el cargo de maratoniana descubrí su blog. Desde entonces no he salido de él y he aprendido de su novatillez y su frescura y su sentido del humor. Y no solo he aprendido, también he admirado y le he admirado. Y es que en esto de los blogs he de reconocer que tengo mis ídolos. Sin señores y señoras, hay quien se pasa horas en una cola antes de entrar en un concierto y llora cuando ve a la Mayli Cyrus, y luego estamos quienes queremos conocer y correr junto a Novatillo. ¿Que mejor ocasión que participando en la Maratón de Pamplona?

"Plaf, plaf, plaf, plaf. Florence Kiplagat no levanta la vista para admirar el paisaje, ni para controlar el reloj, ni para ver de dónde llegan los aplausos que la animan desde el otro lado de las vallas, ni para saber si la próxima curva será a la izquierda o a la derecha. Ella solo sigue el plaf, plaf, plaf". Florence Kiplagat llevaba a Marc Roig de liebre en el pasado Medio Maratón de Barcelona. Consiguió batir el record del mundo llegando en 01:05:12.

Yo en cambio, espero levantar la vista y admirar el paisaje y la Pamplona que me espera, con reloj, como siempre, y como siempre lo miraré. Intentaré no perderme de donde llegan los aplausos y hacia donde va la siguiente curva. Y llevaré una liebre, no para batir ningún record mundial, ni tan siquiera personal, sino para cuando el cansancio me obligue a bajar la vista y fijar la mirada en algún punto indefinido de mi interior, poder seguir un plaf, plaf, plaf que no me haga perderme ese paisaje, esos aplausos y salirme en alguna curva. El plaf, plaf, plaf de aquel al que acusan de tapadismo y que si no fuera porque no aspiro más que a un modesto sub 4 horas, diría que esta vez se ha bajado de su trono para taparme a mí.