El sábado pasado participé en la BH Madrid-Segovia MTB. Sí, 100 kilómetros (108 para ser exactos) en bicicleta de montaña desde Madrid a Segovia por los caminos de Dios (lease Camino de Santiago). ¿Monto en bici habitualmente? No, de pascuas a ramos. ¿Me había preparado? No. ¿Me gusta montar en bici? Solo un ratito. Entonces, ¿por que me había apuntado yo a este sarao? Todavía no lo sé.




Soy globera. Lo confieso. Un día leí algo así como que un globero es al ciclismo lo que un pachanguero al futbol. ¡Pues eah, esa soy yo! No me siento orgullosa pero tampoco lo escondo. No podría. Mis hábitos ciclistas y mi pinta me delatan: camiseta cualquiera de una media maratón, zapatillas de running y nada de pedales automáticos ni calas que me caigo con la bici puesta seguro. El paso de quitar el cubresillin de gel y ponerme un culotte con badana me costó. Más aún enterarme de que se usa sin ropa interior. Mi bici es la de gama barata del Decarton, pero eso sí, tuneada con unos cuernos estupendos. Salgo de vez en cuando, solo cuando hace buen tiempo, me pego la paliza y no vuelvo a salir hasta pasado otro buen tiempo. Siempre llevo geles de glucosa y barritas energéticas aunque vaya a recorrer 5 kms. ¿Mas datos? El primer día que en la carretera me dijeron "ponte a rueda", me paré a mirarla, creí que había pinchado. Por supuesto no se arreglar un pinchazo, ni que es la tija ni que el buge, pero llevo un kit de herramientas que ya lo quisiera el Patxi de Bricomanía.

Dicen que el globero es feliz aunque no ande, aunque lo adelante todo el mundo incluso cuesta abajo y sin pedales, que el globero no quiere ir deprisa y que a veces le gusta ir el último. Ejem... En esto ya soy menos globera. Eso de no andar y ser feliz,... es una mamarrachada. No me monto en una bici para estar quieta. Que me adelanten dado mi rendimiento ciclista es tan evidente y previsible como por donde sale el sol cada día, así que sensación de bienestar no es que me produzca. No querer ir deprisa,... otra mamarrachada. No se trata de deseo, ya me gustaría, pero es que no puedo. Y ya lo de gustarme ir la última,...pues mira, tampoco me hace feliz, y menos desde el kilómetro 6 en una prueba de 2.100 personas.

A pesar de todos estos antecedentes hace unos meses me inscribí en una prueba que se llamaba BH Madrid-Segovia MTB. He de confesar, sin ánimo de escurrir el bulto, que más animada por el nombre de la carrera, su recorrido y el empeño y locura de una amiga, que por mi propio interés deportivo. También es verdad que me animaba el hecho de poder volver a compartir una prueba deportiva con mi compañero de ultras Luis. Pero la noche anterior a la prueba desaparecieron estas motivaciones y otras, y temí lo que me esperaba, sobretodo al leer un artículo en elmundo.es donde aparecían lindezas del estilo "amantes del mountain bike podrán disfrutar de un exigente recorrido", "solo los más entrenados llegarán a Segovia", "una combinación de sufrimiento y pasión"... Lo que en otras circunstancias me habría hecho ensalivar y frotarme las manos esperando el momento de la salida, a lomos de una bicicleta me produjo todo lo contrario. Pero había que intentarlo y le puse todas las ganas que pude... sobretodo hasta el km 6.

Llegué a la salida con el tiempo justo. A falta de 5 minutos estaba todavía junto a mi coche tratando de descubrir que era la tija dichosa donde la organización mandaba poner una pegatina con el número del dorsal. Lo del buje fue más fácil y el chip ya estaba bien colocado, pero la tija... La di por imposible. 
Me reuní con mis amigos y pasadas las 8:00 A.M. estabamos cruzando el arco de salida y pasando por la alfombra. No era una prueba competitiva pero si cronometrada.

Los tres primeros kilómetros fueron un aviso de lo que mucho más adelante ocurriría y que ha supuesto una auténtica cagada a nivel organizativo. Aunque habíamos salido supuestamente separados por tres cajones con diferente previsión de tiempo para finalizar la prueba, lo habíamos hecho todos a la vez y éramos más de 2.000 bicis. En cuanto se acabó la carretera, pasamos a tierra y el recorrido se estrecho lo más mínimo, aparecieron el tumulto, los parones y bajar de la bici. En medio de este arranca, para, baja, vuelve a subir y a arrancar, me caigo y pierdo a mis amigos. Menos mal que el recorrido en seguida vuelve a ser pista ancha y se puede circular decentemente sin parar y dejando tranquilamente que me adelanten. Tanto (lo de tranquilamente) que es un no parar. Ciclistas de todos los tamaños, genero y colores me adelantan sin piedad. Incluso alguno silvando la sintonía de la serie de "Verano Azul". Y hombre... una no es que fuera de paseo leñe... que empeño le estaba poniendo... pero si no es lo mío, que le vamos a hacer. ¡Ya quisiera "el Piraña" dar pedales como lo estaba haciendo! ¡Y con más de 100 kms por delante!

Y ahí estuvo el problema. Lo que me quedaba, lo que tenía delante y lo que empezó a sonar por detrás. De pronto un repecho, rampa, subida... como cada uno o cada una quiera llamarlo pero al fin y al cabo un desnivel de los de echar mano del pedaleo más absurdo y ni siquiera lograr subirlo. Vamos, que me baje de la bici y eché a andar con ella de la mano y con toda la dignidad que pude aparentar y mantener. Sobretodo hasta que oí un ruido de motor, me giré y no vi a nadie más en bici, solo a la asistencia médica de la organización en moto. Kilómetro 6 y ya me habían dejado la última y sin ánimo de alcanzar a nadie. ¡Que panda de sin vergüenzas!


Eché mano del móvil mientras la moto me adelantaba y escribí el siguiente whatsapp:

"Km 6  y ya me he bajado de la bici a andar un rato. 
Estos hace tiempo que me dejaron atrás. 
Si llego a Colmenar Viejo igual te pido que me recojas"

Como lo mío no es rendirme a la primera de cambio, reconozco que al momento estaba repuesta. Asumí cual era mi lugar y decidí tomármelo con tranquilidad. Un kilómetro después me encontré a mis amigos que se habían parado a esperarme. Un gran gesto que no supe agradecerles lo suficiente en ese momento y que significó un gran apoyo para llegar hasta donde llegué. A partir de allí continuamos los cuatro sin separarnos. 



El recorrido, tras el pequeño tramo de carril bici a la altura de Tres Cantos, varía considerablemente de el de la carrera de los 100 ksm Madrid-Segovia. No pasamos por la localidad de Colmenar Viejo pero a cambio atravesamos un bonito paisaje que se agradece. El pérfil era un  sube-baja en continuo ascenso por caminos con algún sendero. ¿Mi avance? Haciéndome colega de la bici escoba (gran trabajo el de Lucas) y  bajándome de la bici en las subidas muy subidas y bajándome también en las bajadas demasiado bajadas, y más aún con trampas en forma de pedruscos y ramas. En fin, dándolo todo como buena globera. 

Pero no se vayan ustedes a pensar que a estas alturas lo teníamos todo perdido. No, señor. Piano, piano se llega lontano, lontano. Y en el Puente de la Marmota conseguimos alcanzar al pelotón de la carrera. ¿Como? Gracias a la organización. Tuvo la deferencia de querer meter al tropel de cilcistas que éramos por un sendero en subida zizagueante y logró un embotellamiento en el que, cuentan algunos, estuvieron casi una hora parados.



Después de esta paradita y de tomarnos con lentitud la subida yo solo pensaba en una cosa: mi pueblo. Tenía claro hasta donde iba a llegar y mi única motivación fue alcanzar ese punto para poder abandonar y tomarme una cerveza en la plaza. Así que como si fuera una mezcla del mismísimo E.T. y Golum, solo tres pensamientos se repetían en mi cabeza: MI CASA, MI PUEBLO, MI TESORO.

Con los cuadriceps como piedras y hasta los mismísimos llegué al control de Manzanares el Real, o lo que quedaba de él porque lo estaban desmantelando. Le dije "hasta luego Lucas" a la bici escoba, entregué mi chip y me fui tranquilamente a la plaza del pueblo. Tranquilamente y en cierto modo orgullosa. La tija y el buje no son lo mío y no había entrenado esta prueba, tardé casi seis horas en completar 44 kilómetros...creo que para una globera como yo no esta mal.

De mis amigos solo uno llegó a Segovia, Luis. Otro insensato que no se dedica a montar en bici pero que tiene una fortaleza fisica y mental increible. ¡Enhorabuena! 

¿Volveré a apuntarme a alguna de estas? Ese día al retirarme me juré no volver a hacerlo. No había disfrutado y en cuanto a forma no había estado a la altura. Reconozco que había subestimado las características de la prueba y había hecho algo que no me gusta, inscribirme y no entrenarme para ello. No sé si volveré a repetir pero lo que sí me ha quedado claro es que en mi caso, algo así hay que prepararlo, y bien.