El sábado pasado participé en la Carrera de la Mujer. Pero no en esa donde el patrocinador es la leche, literal, sin más añadido ni doble sentido, y que desde sus comienzos se apuntó al carro de las carreras solidarias colaborando en la lucha contra el cáncer de mama. No. El sábado pasado participé en una auténtica carrera SOLIDARIA.

Por delante que quede mi más absoluto respeto por aquellos y aquellas que eligen libremente en que carreras se inscriben. Faltaría más. Tampoco tengo intención de arremeter contra quienes hacen negocio de una carrera. Vivimos inmersos en un bucle de transacciones continuas donde el cambio de dinero por servicios está a la orden del día así que en el mundo del running no iba a ser la cosa diferente. Hay crisis, correr es barato, al alcance de la masa popular, hay moda y cada vez más gente sumándose al postureo...¿como no iba a oler a negocio esta historia? Lo malo es cuando también son muchos los que van en pos de ese olor. Aparecen los negocios que apestan a tufo.

Las carreras ofrecen la posibilidad de correr una distancia ordenados por dorsales y cronometrados por chips. Añadiendo otros servicios, unos más necesarios o imprescindibles que otros, como avituallamientos,  roperos, baños en la salida, camisetas conmemorativas, medallas, regalos... La organización de estos eventos además conlleva, en la mayoría de los casos, unos gastos derivados de preparar las calles y disponer de la atención sanitaria necesaria. Todo esto se envuelve, se le pone un lazo (lease "nombre de la carrera") y... ¡voila! Cuesta aquello o lo de más alla: el precio de la inscripción. Si lo quieres tuyo es. Y no tardes que me lo quitan de las manos.

Hasta aquí todo normal. Me ofrecen un servicio, lo pago y dispongo de él. Pero cuando esos servicios se dan mal, o resultan inadecuados, insuficientes, limitados o se prometen cosas que no se cumplen... es cuando me empiezo a revolver. Y si encima me han atraído con mentiras o verdades a medias me sulfuro. 

El número de carreras que se celebran en España ha aumentado considerablemente en los últimos años, el negocio va bien. ¿Y que pasa cuando el negocio va bien? Que todo el mundo quiere la gallina de los huevos de oro. Y empezamos a llenar el mercado de huevos y a vender nuestras tortillas como las mejores, da igual si no es verdad, es cuestión de echarle huevos. Y entonces es cuando aparece el poder de captación de la solidaridad.

Hay muchas formas de ser solidarios pero hoy en día la que parece más efectiva, y con los tiempos que corren, es la solidaridad económica. La aportación de alguna cantidad de dinero en el precio que pagamos por algo para destinarlo a causas benéficas ha proliferado. Desde la compra de unos yogures, hasta la de unos pantalones, pasando por la participación en una carrera, puede servir para ayudar a alguien que lo necesita. Pero cuando algo prolifera aparece el fantasma del mal uso. Mercantilizar la solidaridad me genera un debate interno y cierta desconfianza en algunos aspectos. Si antes hablaba de gallinas y huevos, me viene al hilo, no se que fue primero si el huevo o la gallina, vender para ayudar o ayudar para vender.

Hace tres años decidí no volver a participar en la Carrera de la Mujer de Madrid, la multitudinaria, la que todo el mundo conoce. Habían llegado a mí ciertas informaciones que me hacían dudar del peso solidario de la misma. Y no porque no lo fuera, sino porque no lo era en la medida en que parecía. Me hizo sentir como cuando te regalan un paquete grande y cuando lo abres está lleno de bolitas de corcho cuya única utilidad es la de rellenar la nada, y al fondo...al fondo del fondo...encuentras el regalo. A pesar del obsequio, sensación de estafa.

Recientemente me alegré de dar con un artículo de Joxe Fernández Plazaola, speaker y Director del Circuito de Carreras Populares de la Ciudad de Valencia, en el que habla de este tema: "Los números de la Carrera de la Mujer". Interesante y revelador, para muestra un botón:

"Si sacamos el porcentaje del dinero que han donado resulta que se trata de un triste 7,8% del total. Y si sacamos ese porcentaje del valor de una sola inscripción obtendríamos que el 7,8% de los 8€ que costaba la inscripción en 2013 supone que se dona un 0,624€ por persona..."

Lo dicho anteriormente, cada cual es libre de apuntarse a la carrera que quiera pero me parece triste que el evento que nació como un gran abanderado en la lucha contra el cáncer de mama y cuya colaboración le ha hecho ganar fama estos años y que sigue captando nuevas inscripciones edición tras edición, sea la carrera que dedica 62 céntimos de cada inscripción a dicha causa. ¿Está informada de esto la gente que se inscribe y participa? ¿Realmente no podría aumentarse la cantidad a donar? ¿Se trata de hacer caja y que el carácter solidario sea una manera de atraer más gente? ¿O es que los números no salen y es muy caro organizar una carrera? Porque carreras más solidarias haberlas haylas.

Hoy por hoy sigo sin tener ningún interés en participar en esta Carrera de la Mujer, prefiero seguir participando en otra Carrera de la Mujer, la que se organizó el pasado sábado en Cerceda: VIII Carrera de la Mujer contra la Violencia de Género. Una carrera 100% solidaria en la que TODOS los beneficios obtenidos de las inscripciones y donaciones van destinados a colaborar con un proyecto relacionado con la problemática de la violencia de género desarrollado por la Delegación de la Cruz Roja de Colmenar Viejo. Y cuando digo todos es todos. Con una organización volcada en los participantes, con avituallamiento, cronometraje, fotógrafos durante el recorrido, camiseta, fruta, frutos secos y refrescos a la llegada, sesión de zumba y sorteos varios: jamon, queso, relojes, neveras barbacoa, sudaderas, noche en casa rural, bono-masajes.... Y todo al módico precio de 8 euros.

Los eventos benéficos y solidarios de verdad existen. Yo estuve en uno, una tarde estupenda y soleada de sábado, correteando como una niña por la sierra de Madrid.