El mundo a veces es muy absurdo. Y no me refiero al que da vueltas sino al que lo puebla. En cualquier momento puede llegar alguien con indiferente cociente intelectual, hacer una auténtica estupidez, que eso termine siendo moda o peor aún, casi una tradición, y acabar todos haciendo la payasada de turno por lo menos una vez en nuestra vida. Porque vamos a ver ¿quien no se ha metido un polvorón en la boca y ha dicho "¡Pamplona!" a ver que pasa? Como si pudiera pasar algo más extraordinario que lanzar comida por la boca mientras nos atragantamos. 

Yo lo he hecho, sí, lo reconozco. Pero aún así nunca le he visto la gracia a esta tontería. Si fuera pamplonica me haría menos gracia todavía. Ver a la gente escupiendo tropezones de dulce navideño mientras publicitan la capital de mi comunidad es de todo menos bonito. Aunque pensándolo bien, al iluminado al que se le ocurrió esta payasada se le podía haber ocurrido algo peor...no se...gritar el nombre de esta ciudad tras tirase un cuesco. Y entonces la historia sería mucho peor. Imaginate tú, cada flatulencia sonora recordandonos a Pamplona. Menos mal que Pamplona es y será recordada por muchas otras cosas más importantes y extraordinarias, sobretodo a partir del 28 de junio de este año.

El pasado 7 de abril me senté a las 10:30 de la mañana frente al ordenador ansiosa por inscribirme en el Trail de Peñalara 60K. Llevaba todo un año esperando. Posiblemente era mi objetivo más deseado de esta temporada. Por la casa había colgado carteles a modo de recordatorio y en mi móvil había creado numerosas alarmas para que no se me pasara el dia de apertura de inscripciones. La organización había anunciado que sería a las 10:00. A esa hora sabía que me pillaba fuera de casa pero tan solo iba a tardar en llegar media hora. No podían agotarse más de 400 plazas en ese tiempo...¿o si?

Efectivamente se agotaron, y no en media hora, sino en 20 minutos. La cara de incredulidad con la que me quedé frente al ordenador es indescriptible. Durante unos instantes no supe reaccionar. Luego pase al modo disgusto-cabreo. Quise acordarme de los difuntos de algún culpable pero no pude. Aquí no había culpables, solo un fenómeno que no entendía y a día de hoy sigo sin entender. El tema ya se ha hablado por las redes sociales y no es plan de seguir debatiendo sobre ello, pero sería digno de estudiar lo que está pasando, sobretodo en las carreras de montaña y más aún en las de ultradistancia. ¿Por que este aumento de interés tan desproporcionado por el ultra trail en pocos años? ¿Dicho aumento es también proporcional al aumento de nivel? Viendo las cifras de abandonos de algunas carreras, donde llegan incluso a superar el 50%, ¿no resulta dudosa la seriedad con la que se está tomando este tipo de pruebas? Y dado que el numero de inscripciones a veces es limitado (afortunadamente) para proteger el entorno y que hay tanta demanda, ¿es justo el numero de no presentados que en algunos casos se alcanza? El año pasado en el Trail de Peñalara 60K algo más del 14% del numero de inscritos no llegó a presentarse.

Del modo disgusto-cabreo pasé rápidamente al modo disgusto-berrinche. Como no podía culpar a nadie ya que yo era la única responsable de no haber llegado a tiempo, solo me quedaba el pataleo. Abrí twitter y me desahogue...


Y a los 6 minutos del modo disgusto-berrinche pasé al modo disgusto-tengo un plan B...


Con este mensaje la organización del San Fermin Marathon llego en el momento justo al lugar adecuado. En menos de una hora ya estaba apuntada y frotándome las alas en mi iglú, y no por frío, sino de contenta por tener un nuevo reto a la vista.

He renovado mis ilusiones. Tendré que retrasar mi temporada de ultratrail y reprimir las ganas de subir montañas pero.... Mordorianos y mordorianas, preparense. Me voy sin polvorón en la boca a ver si Mordor es tan Mordor como lo pintan.


¡¡¡A Pamplona hemos de ir a correr un maratón!!!