Poco más de dos días, turismo en Oporto y Lisboa y correr una media maratón en menos de dos horas para poder coger el avión de vuelta a casa... auténtico Frenesi.  No pudo ser por 8 minutos.

Hitchcock era un amante de las bromas, de las bromas muy pesadas y sin ninguna gracia para quien las padecía. Lo mismo dejaba tres horas a su hija en lo alto de una noria como apostaba con un miembro del equipo de rodaje a que no era capaz de pasar una noche esposado, para según aceptaba éste ponerle las esposas después de haberle dado un café con laxantes. A menudo en los guiones de sus películas parece también querer gastar bromas a los personajes, y cuanto más delicado es el momento en el que están más inoportuno es lo que les ocurre. 
Si el maestro del suspense no estuviera requetemuerto pensaría que en la media maratón de Lisboa que corrí el pasado domingo algunos sucesos fueron obra suya.

Y si alguien a estas alturas se pregunta que pinta el rechoncho y orondo cineasta en esto de correr, que no pierda el tiempo investigando, ya se lo digo yo, nada. Me dio por ahí en la entrada anterior y siguiendo mi máxima de que todo acaba teniendo que ver con el running, aquí sigo, tirando del hilo, de La Soga y de lo que haga falta hasta conseguirlo.

Domingo 16 de marzo - 9:00 a.m.
Contemplo mi reflejo en las ventanas de la garita de la Policía Nacional Portuguesa del Puente 25 de Abril. Mi cara es de pocos amigos. No me puedo creer que empiece así mi jornada deportiva. Los cristales son espejos de esos que no dejan ver lo que hay detrás pero a través de los cuales desde dentro imagino que me están viendo. Vuelvo a la puerta e intento abrirla. Sigue cerrada. Sé que hay gente dentro. Cuando me acercaba vi entrar a alguien. En las inmediaciones cada vez hay más corredores y la música y la voz del speaker suenan a un volumen ensordecedor. Rodeo otra vez la garita y de pronto aparece una cara entre tanto espejo como en una Ventana Indiscreta. Me hace señas para que vuelva a la puerta. Se abre y entro. El silencio que allí reina se agradece.  

Pero rebobinemos, la película no empezó así.
...

Empezó el viernes 14 de marzo llegando a Oporto... Bueno, quizá he rebobinado demasiado... Dejémoslo en ese mismo domingo pero una hora antes. Paloma está nerviosa, vuelve a correr una media maratón después de algunos años sin entrenar y yo voy a acompañarla para echarle una mano. Son nervios de ilusión pero también de presión. Sabe que tiene que hacerla en dos horas. La carrera empieza a las 10:30 pero a las 14:40 cierran las puertas de embarque de nuestro vuelo de regreso a Madrid y antes hay que pasar por el hotel a por el equipaje. Yo sé que puede hacerlo pero también me doy cuenta de que le he organizado un marrón de carrera. Seremos 38.000 participantes sumando los de la media y los de la mini maratón (7 km). Un evento tan multitudinario y el calor que parece que va a hacer (dan 22º de max) arrojan La Sombra de la Duda sobre el reloj. Podría ponerse en nuestra contra.

El tren llega a la estación de Sete Rios y en cuanto se detiene y abre sus puertas devora a la multitud multicolor que abarrotábamos el anden. Es el único medio de transporte disponible para ir hasta la salida, hasta el comienzo del Puente 25 de Abril que será cortado al tráfico durante la prueba. Por eso lo cogemos más de dos horas antes de que empiece la carrera. Este imponente puente es todo un símbolo para la ciudad de Lisboa y gracias a las vías que alberga en la parte inferior miles de Extraños en un Tren podemos circular por él y disfrutar de unas increíbles vistas sobre el Tajo. Paloma y yo nos preguntamos que longitud tendrá y apostamos. Una dice que kilómetro y medio y la otra que poco más de un kilómetro. Alguien invitará esta noche a cenar.


Llegamos a Pragal y el mismo tren que nos engulló nos escupe en otro anden que invadimos en pocos segundos. A la salida de la estación nos recibe una orquesta y unas cuantas azafatas de varias marcas publicitarias que hacen el agosto regalando gorras y crema solar. Aprovechamos para ir al baño y partimos hacia el puente. Hay un paseo de 15 minutos. Y al llegar, antes de acceder al peaje, nos reciben numerosos policías. Hay que enseñar el dorsal para pasar. Las medidas de seguridad me sorprenden pero cuando caigo en la cuenta de la cantidad de gente que nos vamos a congregar allí se agradecen. Una vez en el puente nos separan por distintos pasillos vallados. Por un lado los participantes de la media y por otro los de la mini maratón. En el nuestro, cada veinte o treinta metros hay un guardia de seguridad privada. El ambiente es festivo, hace sol, la temperatura es agradable y se oye música. De repente caigo en la cuenta de que no me he hecho ninguna foto. Saco el móvil de la funda que llevo en el brazo y le digo a Paloma que me haga una.


Continuamos, no hay cajones de salida por marcas y buscamos todo lo delante que podemos un hueco donde esperar. Queda más de hora y media. Nos sentamos en el suelo para no cansar las piernas y decido hacer otra foto. Saco el móvil de la funda de nuevo y...  Pánico en la Escena...

- ¡No! ¡No puede ser! ¡He perdido el DNI!
- ¿Estas segura? No pensabas traerlo.

Rebobinemos otra vez

...

La noche anterior, preparando en la habitación del hotel la ropa de la carrera.

- ¿No vas a llevar el DNI?
- No. ¿Para qué?
Cuando Paloma se gira me quedo pensativa mirando sus cosas y cambio de opinión.

Y vuelta a rebobinar. En esta ocasión para regresar a la garita de Policía.
...

Explico con un lento y claro castellano al agente lo ocurrido. He perdido mi carnet de identificación. Con toda seguridad sé donde ha sido. La primera vez que saque el móvil de la funda debió caerse. Si en la foto de más arriba salieran mis pies allí estaría. Pero nadie les ha llevado ningún carnet.

Me toman los datos, el numero de móvil por si aparece y me tranquilizan. Si traje el pasaporte no tendré problemas para volver a España.

Lo traje. No me hace falta rebobinar. Está en la maleta en el hotel.

...

La película avanza y el reloj se sitúa en las 10:30. Dan la salida puntualmente y en tan solo dos minutos estamos cruzando la alfombra.

Correr por el puente es impresionante. Da Vértigo y no es fácil avanzar ligeras con tanta gente pero conseguimos ir adelantando si pisamos sobre las rejillas que muchos evitan. En seguida mi GPS avisa de que pasamos el km 1. Por delante queda mucho puente así que ya puedo ir pensando donde invito a cenar. Un helicóptero revolotea cerca. Están retransmitiendo por una cadena portuguesa de televisión. Y de pronto cuando aún no hemos llegado al final ni hemos cogido el ritmo necesario... no puedo más. No debía pasar en esta carrera pero pasa. Me meo. Vamos, que no me puedo aguantar las ganas. Que hago una excepción mientras terminamos de recorrer el puente porque no quiero salir en los telediarios saludando al helicóptero pero en cuanto pisamos tierra firme me lanzo hacia la cuneta. Y nunca mejor dicho porque salto con tanto ímpetu el guardarrail de la carretera que acabo cayéndome entre unos cardos. En fín, un desastre que nos penaliza con más de dos minutos. Un auténtico Crimén Perfecto si se tratara de matar el tiempo.

Volvemos a la carrera, la temperatura sube, nuestro ritmo baja pero llegamos al km 8 en 45:41, tan solo 13 segundos más de lo previsto y necesario. Aún así yo miento. Le digo a Paloma que vamos en tiempo. 

El recorrido es muy, pero que muy monótono y aburrido. En Lisboa solo hay una manera de sacar 21 kilómetros sin cuestas. Haciéndonos correr una recta de kilómetros y kilómetros paralelos al rio, giro de 180º, vuelta por donde vinimos, otra recta de kilómetros y kilómetros, de nuevo giro de 180º, otra larga recta y a Los Jerónimos. La animación no es que sea escasa, es que o es invisible o es totalmente inexistente. Es una carrera para poner a prueba la mente. Sin aplausos, ni calles antiguas que atravesar, solo los corredores que vienen de vuelta pueden ofrecer alguna distracción. Me abstraigo con mi mantra de pensar en no pensar, solo correr, hasta que veo por el rabillo del ojo a Paloma rodando por el suelo. Pero tan rápido como se ha caído, se levanta y se limpia el polvo de la carretera con la dignidad del "no ha pasado nada/no lo ha visto nadie". Le sucedió lo que a cualquier corredor o corredora le ha pasado alguna vez cuando corremos en nivel cansino... Veo un agujero en la calzada, se acerca, el agujero sigue ahí, ay que meto el el pie, ay que lo he metido, uy que me he caido.
Una vez reanudamos la marcha le pregunto como va. No va bien. Intuyo que su "mini yo-porculero-abandonacarreras", esa voz que a todos y todas nos acecha siempre en algún tramo del recorrido, se ha instalado en su cabeza. Por eso...Yo confieso...vuelvo a mentir. Llegamos al km 14 en 01:25:29 y le digo que seguimos en tiempo. No sé si me cree, vamos casi 6 minutos por encima de lo estimado pero ahí estamos, continuando. Me propongo agarrar como sea esa diferencia y tratar de que no vaya a más así que de vez en cuando me situo unos metros por delante para ir tirando. Sé que lo está peleando. Intento animarla restando los kilómetros que faltan pero no es buena idea. La perspectiva de lo que queda le agobia. Entonces le cuento mi teoría de la ultradimensión por si funciona...

- Para mí hay momentos en las carreras de larga distancia que hay que entrar mentalmente en una dimensión sin espacio ni tiempo. Lo único que existe es el presente y la acción que lo llena, que no es otra que la de correr. Mientras tanto lo único que se puede hacer es concentrarse en el propio cuerpo, ver la vida pasar o arreglar el mundo mentalmente.

No sé si funciona, llegamos al kilómetro 20 pasadas las 2 horas pero sin perder más tiempo. Entonces ya solo queda el ultimo esfuerzo, apretar dientes y cruzar la meta en 02:08:00.


Apago mi GPS y mientras andamos entre la multitud que se agolpa allí soy consciente de que no ha sido una buena carrera para ninguna de las dos. Se que Paloma no la ha disfrutado. ¿Y como hacerlo? Correr pensando en la obligación de hacer un tiempo por necesidad es una Psicosis total. Me da pena y lo peor es que no hay tiempo ni para lamentos. Son las 12:42 y la auténtica carrera empieza ahora, nos colgamos la medalla, cogemos la bolsa de avituallamiento, el helado de regalo y delante de nosotras...cientos...incluso me atrevería a decir miles de personas intentando salir y avanzando a pasitos cortos. Los minutos pasan y allí seguimos enjauladas. Hueco que vemos hueco por el que nos metemos. Por fin, a las 13:00 estamos andando por las calles aledañas buscando un taxi. Idea de la que no somos únicas dueñas. El tranvía queda descartado, tardaríamos mucho en llegar al hotel y en el anden hay gente para llenar tres tranvías. Decidimos apostar fuerte y a pesar del cansancio que llevamos subimos una "tipical street" lisboeta, o lo que es lo mismo una "to'parriba" con la Sospecha de que al final, allí en lo alto en un cruce de calles conseguiremos el preciado taxi. Nos cuesta casi  20 minutos pero da resultado. Aparece uno a lo lejos y lo asaltamos a punta de medalla.

- A Marques de Pombal por favor

Fue preguntarle al conductor si nos podía llevar después al aeropuerto y en seguida comprendió nuestra urgencia y la importancia de su misión. Tras un bonito rally urbano sorteando coches con algún extraño adelantamiento, a las 13:35 llegamos a la puerta del hotel. Subimos corriendo a por las maletas, vuelta al taxi y vuelta al modo Carlos Sainz. Pasadas las 13:50 estamos entrando en el aeropuerto.

- A la terminal 1, por favor

El taxista sigue las indicaciones de los carteles hacia la terminal 1, detiene el taxi en la puerta, se baja corriendo para abrir el maletero y darnos las maletas, y cuando se marcha y nosotras entramos yo me pregunto...

- ¿Y por que le he dicho la terminal 1?

Si ya lo dicen por ahí. Las prisas no son buenas. 

- No me lo puedo creer. Nuestra compañía sale de la terminal 2.

Casi agarro de la pechera al primero que veo, que no es otro que un chaval que estaba colocando los carritos para transportar equipajes y le pregunto como ir a la terminal 2. Hubiera estado dispuesta a darle mi medalla pero no hizo falta.

- Allí podéis coger un autobús. Solo son 3 minutos de viaje.

Bueno, esto lo dijo en portugués, pero como si lo hubiera dicho en castellano. Las prisas y una situación de emergencia como esta agudizan el oído y la verborrea multilingüe de cualquiera.

Y oooootra vez corriendo a la parada del autobús. Menos mal que seguíamos vestidas para la ocasión.

Por fin atravesamos las puertas de la terminal 2 a las 14:10, nos sobran 30 minutos. Es difícil que perdamos el avión pero queda dar el espectáculo en el control. Y allí estábamos, de la misma guisa con la que atravesamos la meta de la media maratón estábamos atravesando el arco de seguridad. Eso sí, sin levantar los puños, no era plan. Pena que los de Photomaratón no estuvieran para inmortalizar el momento.

- ¿Lleva usted líquidos?
- No
- ¿Y eso que es?
- Geles de glucosa

A Hitchcock le hubiera encantado esta secuencia. Seguro que me la habría liado parda. Algo anormal me habría pasado mientras en la puerta de embarque se descubre un cadáver y el vuelo se cancela. Pero este es mi guión y todo lo que sufro es el escaneo con la mirada de abajo arriba de una agente aburrida que se podría traducir como...

- ¿Geles de glucosa? Andaaaa, tira pa'llaaaaá...

Y después... un aseo gatuno en el baño, cambio de ropa, reposición de hidratos aeroportuarios, Buen Viaje a Madrid y colorín colorado.

Ahora es cuando vendría el cartelito del "The End" pero... A estas alturas recultaría inútil convenceros de un "c'est fini". ¿Qué vamos a hacer si no seguir corriendo? Así que nos vemos en la próxima. To be continued.



(Moraleja: Hay planes que aunque acaben bien no son buenos. Correr así esta media, con estas prisas, no fue una buena idea. No la disfrutamos si es que se pudo disfrutar. Y me entristece, no por mí que siendo una masoca-runner hasta de la carrera más sufrida acabo sacando satisfacción, sino por ti. Me has acompañado en mi locura desde el principio y al final ésta te arrastró. Me enorgullece que hayas vuelto a correr y que lo pelearas aun sabiéndote vencida. Ojalá haya una próxima. Prometo no llevar reloj ni contar kilómetros ni hablar de extrañas dimensiones)