Es duro correr un maratón, tanto, que incluso puedes perder el tren de vuelta a tu ciudad.

Estación Santa Justa, Sevilla. Domingo 23 de febrero, 16:35. Acabo de enseñar mi billete electrónico a la azafata del primer control del AVE. Me deja pasar y me dejo llevar por la rampa de bajada al anden. No doy ni un solo paso en balde. Me duelen las piernas, sobretodo los gemelos. Llego hasta el segundo control. El tren tiene prevista su salida a las 16:45. Con un esfuerzo titánico subo la maleta, la mochila y mi bolso en la cinta transportadora del escaner de equipajes. Todo perfecto. Ninguna alarma. Mi ropa deportiva sudada no representa ningún peligro para la seguridad del resto de pasajeros. Vuelvo a bajar los bártulos con otro esfuerzo titánico y vuelvo a enseñar mi billete electrónico del móvil. Lo escanean. De repente la cara del azafato no cuadra. No estaba en el guión. Un momento por favor, me dice. Lo vuelve a escanear...


- Este billete es para el mes que viene
- ¿Como????
- Sí, es un billete para el 23 de marzo.
- ¡No puede ser!!!!
- Corre, tienes 5 minutos, sube arriba a la oficina a ver que pueden hacer.
- ¿Corre? ¿Sube? ¿Arriba? ¿5 minutos? 

...Será que no he corrido hoy bastante...que la medalla que llevo al cuello me la han regalado...


Inmediaciones del estadio Olímpico de Sevilla. Son las 8:00, la hora señalada para la quedada de algunos blogueros que vamos a correr hoy: Miguel y su cuñado, Javier Ayuso, Miguel Ratera, Juan Carlos, Javi y Jesus, David "Matraca"Isaac y Nico, que lamentablemente no viene acompañado de su padre, Barroso. No podrá participar en esta edición por un problema de última hora y se le echa en falta.


Después de la foto de rigor, una breve charla. Volvemos a compartir nuestros objetivos con caras llenas de ilusión y yo reconozco a quien me pregunta que vengo con mi intención de bajar de 3:50 pero con pocas expectativas. Mi plan de preparación express #sevillacochilona de 7 semanas se quedó al final en 5 y traigo pocos kms en las piernas. La maratón no regala nada. En el km 30 empezará el examen de verdad. Hasta allí sé que puedo cumplir pero a partir de entonces...la nota puede cambiar. Aun así he venido a examinarme y responderé a todas las preguntas aunque los fallos resten.

Cajón de salida, 9:00. Estoy en el penúltimo así que no espero oir ningún pistoletazo ni nada parecido. Miro el reloj. Ya es la hora. La gente se alborota, jalea y se empieza a mover, señal de que esto empieza. Me despido de Jan y Ruth, con los que he estado compartiendo charla hasta ese momento, me engancho a mi música y busco mi ritmo. De momento apuesto por el 5'30'' hasta el km 10. Allí veremos como va el examen.

Km 0 - km 10
Antes de que mi gps me avise de haber completado el primer kilómetro me toca alguien por la espalda. Es Juan Carlos. Me saluda de nuevo y se queda corriendo a mi lado. No sé cuento tiempo lograré aguantar su ritmo pero voy a intentarlo. Es su primer maratón, he seguido sus entrenamientos y se que se ha preparado muy bien. En esos momentos no se lo digo, después de como me acompañó en los últimos kms del Maratón de Madrid del año pasado, me hace especial ilusión poder recorrer a su lado algunos kilómetros.

Vamos charlando de vez en cuando y apretando ligeramente el ritmo aunque terminamos echando un vistazo a nuestras pulsaciones y decidiendo relajar. Javier Balbuena nos alcanza y nos acompaña un rato. Es otro bloguero y esta es su octava maratón. Así llegamos cómodamente al kilómtero 10, a un ritmo medio de 5'28''. He bebido religiosamente en el avituallamiento 5 y 10, y me tomo un gel.

Primer examen liquidado en un tiempo real de 54:44 con una nota bastante buena, adelantando posiciones, fresca mentalmente y positiva, hablando, saludando, chocando manitas y sin excesivo esfuerzo (o eso es lo que siento a pesar de que mis pulsaciones rondan entre 175 y 185). A por el segundo examen.

Km 10 - km 15
Sin acordarlo, dejándonos llevar por la carrera, aceleramos un poco más. Es lo que marca el guión de una buena maratón, correr de menos a más. Mi GPS parece que va sincronizado con el de Juan y marca los kilómetros casi a la vez que el suyo. Nos amarramos a un ritmo de 5'12'' y ya casi sin hablar, cada uno concentrado en su música, llegamos al tercer avituallamiento adelantando 260 posiciones. Allí con el barullo de gente que aminora su carrera para beber nos separamos y nos perdemos de vista.

Km 15 - km 21
De repente me entra cierto nerviosismo, iba distraída a su lado y la idea de correr los 27 kms que quedan sola, se me hace cuesta arriba. Pero le veo a lo lejos a unos 30 metros y aprieto para alcanzarlo. No me lo pone fácil. Al parecer él tiene la misma idea pensando que yo estoy más adelante. Al final me pongo a un incómodo 5'06" y le doy caza. Le veo tan fresco que le insisto para que siga adelante pero se queda conmigo.

La animación de Sevilla en lo que llevamos de recorrido es escasa, solo en algunos puntos emblemáticos y con aplausos tímidos. Imagino que lo grande está por venir, cuando atravesemos el parque de Maria Luisa y pasemos junto a la catedral.

Llegando al km 18 noto un bajón tremendo, sobretodo psicológicamente. Me siento algo cansada y ya me empiezan a doler las articulaciones de la cadera que suelen ser mi punto débil. El análisis que hago mentalmente en estos momentos es rotundo y negativo, no he llegado ni a la mitad y ya hay avisos de bajas en mi pelotón de batalla. Decido tomarme un gel, quizá cierta falta de glucosa me esté afectando mentalmente. No le digo nada a Juan. Prefiero no verbalizarlo. Lo que no se nombra no existe. Es una de mis máximas para aguantar mentalmente en una carrera. Ya me quejaré cuando esto acabe. Y por supuesto, no contemplo la idea de bajar el ritmo, por lo menos hasta que cruce el ecuador de la carrera.

Y así llegamos a él, la media maratón, en un tiempo real de 01:53:03 y adelantado 46 posiciones desde el km 15. 

El segundo examen tampoco ha estado mal, manteniendo un ritmo algo mayor y con sensaciones de cansancio dentro de lo normal, aunque puntuando negativamente las pulsaciones que siguen altas y las molestias leves en ambas ingles.

Km 21 - km 30
Este es un tramo crucial. La gente habla menos y ya se ven espíritus cansinos arrastrando algo los pies. Sabemos en lo que estamos y a que hemos venido. No hay que desperdiciar energías y la concentración es primordial. Apenas hablo con Juan y me centro en las canciones que aleatoriamente va soltando mi mp3. Un poco de desorden, fealquimia, dragones imaginarios, y el recuerdo de alguna niña inmantada me ayudan a llegar al km 30 sintiendo el peso de mis piernas pero no el de mi mente. Me ayudan a llegar al punto sin retorno, donde no hay marcha atrás, solo queda avanzar y descontar.

Hemos adelantado 276 posiciones, mantenido un ritmo medio de 5'22'' y empleado 47'43'' en recorrer estos 9 kilómetros, llegando al km 30 en un tiempo real de 02:40:45. Un buen avance que puede no servir de mucho porque ahora si que llega la hora de la verdad. 

Km 30 - km 35
Vuelvo a insistir a Juan que tire. Se niega pero yo se que ha llegado el momento de retrasar mis tropas y a él le veo fresco. Un kilómetro y medio después lo pierdo de vista, y cuando ya he asumido mi soledad, de pronto me resulta imposible mantener el ritmo. Mis piernas no duelen más que hace unos minutos ni mi corazón da muestras de fatiga, pero es literalmente imposible. No sé si esto es el tío de mazo, a estas alturas reconozco que no sé que cara tiene, pero por unos instantes temo pararme y no volver a arrancar. Me tomo mi tercer gel y me pongo un solo objetivo en la cabeza: no pararme a andar. Lleve el ritmo que lleve, no andaré. Me convierto en robot y entro en el parque de Maria Luisa. No pienso, solo corro. La animación aumenta pero la siento lejana. Pasamos por calles céntricas con suelos empedrados que apenas miro. El modo robot es lo que tiene, que solo corro. Corro y sigo corriendo a lo que a mi me parece muy lento, amarrada a un 5'44''/km. Y a lo tonto, a lo tonto me planto a los pies de la catedral hispalense en 3:09:26 todavía adelantando, 78 posiciones.



Km 35 - km 42'195 
Ahora si que es hora de descontar. Me entrampo con la resta del 40. Me digo a mi misma que solo quedan 5 kilómetros. Necesito mentiras que me hagan creer en lo que estoy haciendo porque cada vez son más fuertes las ganas de parar. ¿Duele? Sí, algo duele, o más que algo, ¿como no iba a doler? Pero lo difícil es no darle en estos momentos a mi cuerpo el placer y la paz del descanso que me proporcionaría detenerme. Y casi lo hago. Llego al Puente de la Barqueta y con la excusa de beber mejor del vaso que me tiende un voluntario hago el amago. Como un resorte algo me golpea por dentro y me empuja a seguir. Si no sigo me pararé, quien sabe hasta cuando.

Y entro en la Cartuja con un ritmo ya cercano a 6'00''/km. Imposible mejorarlo. Deben quedar apenas 4 kms que se hacen eternos, parece que ni el tiempo pasa ni el estadio olímpico se acerca. La gente anima y el sol calienta. Y la mente sigue luchando y luchando por detenerme y mi cuerpo por avanzar. No le vale ni siquiera que la boca de un túnel anuncie la entrada al final de esta batalla. Ni entrar en la penumbra donde otros corredores ya levantan los brazos y gritan, no se si por excitación, delirio o desahogo. Parece que no le vale ni pisar el tartan desgastado de un escenario que ha sido testigo de grandes gestas maratonianas... Pero...¿acaso no es grande también mi gesta? De repente espabilo, despierto, veo lo que tengo alrededor y sobretodo lo que he dejado atrás por tercera vez. ¿Acaso no merece también mi carrera el grado de gesta y levantar los brazos para celebrarlo? Mi mente hace las paces con mi cuerpo y sacando fuerzas, de no se sabe donde, esprinto por esa pista desgastada y sonrío emocionada al cruzar la meta.



Ya con la medalla al cuello miro mi reloj: 03:51:53. No he logrado ser sub 3'50'' pero en honor a la verdad, no esperaba conseguirlo. He bajado 7 minutos mi mejor marca y, con eso y haber terminado otro maratón me quedo.





Me guardé las ganas de contarle todo esto al azafato, solo tenía 5 minutos para solucionar mi despiste y... al fin y al cabo, lo de correr maratones solo nos importa a unos pocos.
Conseguí llegar al mostrador de ventas, sacar otro billete y meterme a tiempo en el tren de vuelta a casa para por fin descansar.