Hace unos días paseando por un mercadillo artesanal me llamó la atención un puesto. En él se vendían broches hechos con chapas. De dos en dos. Uno con una ilustración y otro con una frase. De todos los pares que allí había mis ojos se posaron en uno muy concreto. Como si no hubiera más. Como si me estuviera esperando. Hacía menos de un día que había decidido no acudir al maratón de Sevilla.



La memoria cuando corres un maratón tiene dos caras muy diferentes, o por lo menos mi memoria. Pronto se olvida el esfuerzo y sufrimiento que supone prepararlo y correrlo. Sin ese olvido no se comprendería el querer volver a repetir. Pero también hay otra cara, la que aun recordando que lo has hecho una vez te da la sensación de no poder volverlo a hacer.

Primero fue el estrés y la falta de tiempo para encajar entrenamientos, luego unas ligeras molestias en la ingle derecha, después la lluvia y el frío, dos infecciones de garganta en un mes, las Navidades y sus compromisos... Después de algo más de tres semanas sin acumular ni un mísero kilómetro, terminando el 2013, llegó el peor enemigo de cualquier maratoniano o maratoniana...la ausencia de motivación e ilusión, de ahí también mi ausencia por estos lares. El nuevo calendario recién estrenado tampoco ayudaba, quedaban apenas 8 semanas para la cita con Sevilla así que la idea de tirar la toalla y abandonar mi objetivo se impuso. 

La frase de Mandela me dejó pensativa frente al puesto del mercadillo. En esos momentos no lo relacioné con mi mundo runner ni mi decisión. Pero sentí un impulso irrefrenable de comprar aquellas chapas. 

Esta mañana desayunando, las miré de nuevo. "Siempre parece imposible hasta que se hace", si lo hubiera dicho cualquiera sería "karma del pepino" pero lo dijo un tipo grande, un tipo que forjó su espíritu de muchas maneras pero sobretodo a base de lucha y esfuerzo, un tipo que, acostumbrado a correr una hora diaria por las calles, cuando estuvo en prisión trotaba todos los días sin moverse de su sitio en una celda de apenas cuatro metros cuadrados para mantener en forma su cuerpo y mente. Lo dijo un gran hombre que pensaba que el deporte tiene el poder de cambiar el mundo...

 … tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a la gente de una manera que pocas otras hacen. Le habla a la juventud en un idioma que comprenden. El deporte puede crear esperanza donde antes sólo había desesperación. Es más poderoso que los gobiernos para romper las barreras raciales.



Terminé el desayuno y conté de nuevo semanas en el calendario. 

Queda una menos. Tan solo siete...

Esta mañana he corrido 12 kilómetros a 5'49'' con sensaciones mejor de lo que esperaba.

Recojo la toalla.




P.D.: gracias por las muestras de interés que he recibido días atrás, han tenido tanto efecto como las chapas de Mandela ;)



7-01-14