Son las 20:25 y por fin llego al punto más alto de la carrera, el Alto de la Fuenfría, 1800 m aproximadamente. Los últimos instantes de sol se escapan por el horizonte. Debería ser un momento especial, y en parte lo es. En las otras ediciones llegué aquí de noche. Esta vez he podido ver con la luz del atardecer una estampa preciosa y en mi retina se quedarán para el recuerdo vistas de la sierra y de Madrid a lo lejos que no se me olvidarán. Pero llego muy cansada y con los dolores propios de llevar en las piernas 78 kilometros y casi 12 horas en marcha. Sé que lo que queda de recorrido ya prácticamente es descenso en su totalidad y que llegó la hora de ponerse otra vez a correr si quiero llegar antes de las 00:00 a Segovia…y me da pereza…me da miedo…no sé lo que aguantaré. Me coloco el frontal, lo enciendo y miro a Luis.

-        - ¿Tiramos?

Las piernas se quejan y trato de recordar lo que hasta ahora he vivido para silenciarlas...

...13:30 -  Manzanares el Real- km 42 (5 horas de carrera) Llego contenta, es mi pueblo, hay mas gente que otras veces animando, aplauden y alguien me dice que voy la cuarta en la general femenina. Pero…un momento…¿Cómo he llegado aquí la cuarta?

8:30 – Plaza de castilla (Madrid) – km 0
Estoy en la salida con mis amigos Antonio y Luis.  Alguien por detrás me toca las alas. Las alas que llevo en la gorra. Me giro y veo una cara conocida, Rafa, el Abuelo Runner. Me abalanzo sobre él y le doy un abrazo. También está allí Manuel, con ojos de caballo ganador. Unos instantes antes he saludado a Charli. El poder ver a aquellos con los que otros años he compartido esta experiencia via blog y que esta edición se estrenan me llena de alegría. A todos les des deseo lo mejor.

Pistoletazo de salida. Por fin comienza la aventura para la que me he estado preparando este año. Cuento con la impagable ayuda de Luis que renunciando a hacer una mejor carrera se va a venir conmigo hasta el final. El Abuelo también decide seguir nuestro ritmo durante las primeras etapas. Voy a un ritmo más alto que en otras ocasiones. Tenía una extrategia de ritmos previa pero a última hora he decidido apostar por ir más rápido hasta la mitad del recorrido. La charla de El Abuelo hace que se me pasen los kilómetros de forma amena. ¡Que hombre! ¡Que energía! Habla y habla, sonríe y sonríe, y hace que todo parezca fácil y un juego de niños.

Antonio nos deja a mitad de etapa y no volveremos a verle. Continuó hasta donde el calor le pasó factura pero hasta donde muchos no llegaron. Desde aquí le felicito.

A falta de pocos kilómetros para Tres Cantos me adelanta un corredor que me reconoce del blog y me saluda, Javier Ayuso. Hace unos meses que nos leemos mutuamente, sabía que venía a esta prueba pero no le conocía en persona. Hablamos durante unos minutos pero este gran maratoniano de aspecto afilado es gacela rápida y termina tirando para seguir la estela de un compañero con el que va.
Yo sigo con mi ritmo cuando veo a lo lejos que viene alguien corriendo en sentido contrario dándonos ánimos a los que participamos. Es de la organización.

-       ¡Venga vamos, vas muy bien! ¡Vas la séptima!

¿La séptima? Miro a Luis extrañada y continuo con el ansia de ver a los que me esperan en Tres cantos , fin de la primera etapa. Llego allí pasados unos minutos de las 10:00 y terminando 20 minutos antes de lo que había previsto en mi conservador plan de hace unos días.

Tres Cantos (km 16) – Colmenar Viejo (km 27)
Esta vez no estaba mi padre. Se fío de mi plan y no ha llegado a tiempo. No hay foto. Pero salgo de allí fresca, contenta, con ganas de seguir dándole caña a las piernas. Me uno  a un grupo de corredores o ellos a mí, el Abuelo sigue conmigo y con Luis y por allí también anda Charli. Es un momento de la carrera en el que hay bromas, hay conversación, risas…el crujir de dientes está lejos todavía. No me cuesta seguir el ritmo que imponen. El calor aun no ha llegado y puedo poner mi mejor cara cuando me cruzo con el fotógrafo Sebastian Navarrete.

Foto de Sebastian Navarrete
Fotorunners - fotos solidarias a beneficio de Médicos Sin Fronteras

De repente Luis se gira.

-      - Vas la sexta. Adelantaste a una chica antes.

Esto de las posiciones me suena a chino pero he de reconocer que me hace cierta ilusión, aunque también sé que queda mucha carrera.
Antes de llegar al km 20 me tomo el segundo gel. He ido hidratándome religiosamente. Sigo el plan que me funcionó bien en el Trail de Peñalara, isotónica en la camelback pero concentrada a la mitad de lo que marca el fabricante y bebo agua en los avituallamientos. Espero así evitar la hinchazón y retención de líquidos de los años anteriores.

A falta de dos kilómetros para llegar a Colmenar Viejo el Abuelo nos deja y aprieta el ritmo. Es un tío valiente, lo hace cuando el camino empieza a picar hacia arriba y el sol hacia abajo. También es un tío amable y precavido, quiere cambiarse de ropa en el avituallamiento y así no entretenernos.

Y llega la cuesta del cementerio, la que el año pasado osé subir corriendo y este decido andar. Tras culminarla enfilo corriendo hacia la rotonda donde me esperan. 



Oigo aplausos y de nuevo a alguien de la organización que me informa que voy la quinta. No me cuadran los números. Solo recuerdo haber pasado a una mujer. Debí salir de Tres Cantos ganando una posición. Sello en el punto de control y aprovecho las instalaciones del colegio donde estamos para ir al baño. Buena señal, los líquidos parecen ir por buen camino.

Cuando salgo veo al Abuelo todavía cambiándose de ropa. Nos dice que tiremos, que ya nos alcanzará.

Colmenar Viejo (km 27) – Puente Medieval (km 34)
Salgo del colegio viendo que lo hago ganando otra posición. Luis se alegra más que yo y me anima, pero no termino de entender lo que estoy viviendo. Y así sin entenderlo me encuentro en una rotonda con mi madre que ha venido con mi perra Lola a animarme. La abrazo saltando.

-        - Mamá, ¡voy la cuarta!
-        - ¿Qué? ¿Cómo?

Si a mí me suena a chino esto de ir en posiciones de cabeza en una carrera a mi madre más. Pero que más da. Le brillan los ojos y me dice que esta orgullosa. ¿Qué más puedo pedir?
Me acerco a mi Lolita que ladra nerviosa, la acaricio y con esta carga de buenas energías continuo mi camino.

Tras doscientos metros de calle subiendo corriendo me adelanta la chica que venía por detrás. Por un instante pienso en seguirla. Va más rápido de lo que yo iba y sobretodo de lo que pensaba ir. Luis me hace un gesto para que me frene. Es verdad, esto es un ultra, es largo y al fin y al cabo mi objetivo es otro. Decidimos terminar la cuesta andando y empezando a reservar. Hasta ahora hemos hecho prácticamente todo el recorrido corriendo y va siendo hora de coger mi “ritmo ultrero maquinero”, cuando el camino suba toca andar y recuperar. Así que piano piano, salimos de la zona urbana de Colmenar, pisamos tierra y combinamos trote con marcha de forma regular y controlada para llegar al kilometro 34, Puente Medieval, donde nos alcanza el Abuelo.

Puente Medieval (km34) – Manzanares el Real (km 42)
De nuevo paro un instante, buchito de agua, sello la credencial y listo. La chica que me adelantó en Colmenar sale antes que nosotros. El Abuelo nos insta a correr pero veo que mis piernas ya no van para seguir su ritmo. Él va muy fresco y yo de pronto soy consciente de algunos dolores que en otras ediciones habían tardado más en aparecer. Le digo que tire y Luis y yo seguimos con la estrategia de la última etapa, andar y correr según el perfil. Además conozco este camino, por el que he entrenado muchas veces, y sé que vienen subidas.
Cuando llevamos un par de kilómetros, veo a la chica que va por delante de mí a cien metros. Va andando. Yo también. Luis me pregunta si estoy para correr y alcanzarla. Me veo con fuerzas para hacerlo pero no con la seguridad de mantener el adelantamiento, seguimos subiendo. Temo hacer demasiado gasto. Decido esperar y cuando ya se que viene un kilómetro algo más llano nos arrancamos a correr despacio. Y despacio la delanto y continúo. Vuelvo a ir la cuarta. Me alegra pensar que llegaré a mi pueblo en esta posición.

Por fin la gran bajada que nos adentra en Manzanares el Real. Alli me vuelven a esperar. Esta vez hay fotos, mi padre me ha dado alcance.




Llegar a este punto en 5 horas supone un gran logro para mí. Echo cuentas y si todo va bien tengo al alcance mi objetivo. Pero tras descansar 15 minutos y reponer fuerzas comiendo algo, me vengo abajo. Otra vez me vuelve a pasar.

Manzanares el Real (km 42) - Mataelpino (km 50)
Esta etapa parece ser la etapa maldita. Todos los años me pasa lo mismo. No sé si es el calor o los kilómetros que llevo encima pero los escasos 8 kilómetros que tiene se me hacen durisimos. Me invade un malestar general, psicológicamente estoy de un humor horrible, no dejo de quejarme y de tener ganas de pararme y patalear como una niña chica sin explicarme que narices hago aqui. Soy incapaz de correr, llevo las piernas cargadisimas y me molesta ver que hay gente corriendo que me adelanta. Por mi cabeza cruza el pensamiento de abandonar cuando llegue a Mataelpino. Pero sé que solo es un pensamiento fantasma y en los últimos metros antes de entrar en su plaza me arranco a correr. Allí trato de reponer fuerzas, de llenar mi cabeza de mensajes positivos. Me encuentro con mi amiga Cristina que está en la organización y con gente que lee mi blog y que me anima. Una vez más un cafe solo con hielo, como si fuera la pocima mágica de Asterix, me hace salir de este pueblo borrando la etapa anterior de mi memoria y de mis piernas. Esto del ultramaratón es inexplicable.

Mataelpino (km 50) - Navacerrada (La Barranca km 58)
De nuevo estoy corriendo. Bueno, corro cuando el terreno me deja. Otras veces ando. Pero ando rápido y con ganas. Es momento de mantener el ánimo. Me he enchufado a mi música. La subida a la Barranca es dura, larga y aburrida, y cuando llegamos el panorama es terrible. Hay mucha gente descansando y algunos participantes en el suelo con pinta de abandonar. Incluso oigo como se lo recomiendan a un corredor mareado y tumbado al que levantan las piernas.
Sello mi credencial, bebo agua y le digo a Luis que salgamos de allí rápido. No quiero pensar.

Navacerrada (La Barranca km 58) - Cercedilla (km 63)
Esta etapa se por experiencia que es facil. Hay bajada y a golpe de música incluso por unos instantes corro disfrutando y olvidando en lo que estoy metida. Los kilómetros pasan a buen ritmo y a buen ritmo me alcanzan dos corredores. Uno de ellos es una chica que parece salida de otra carrera. Hasta ese momento había olvidado el "juego de las posiciones" y cuando la veo hago el amago de seguirla pero va fuerte. Aminoro mi ritmo y contemplo como se aleja y se aleja. De pronto veo las cintas de señalizacion del recorrido para girar por un camino y Luis y yo nos damos cuanta de que ni ella ni el otro corredor se percataron de ello y van por mal camino. Les avisamos y rectifican. Cuando vuelven a alcanzarnos nos lo agradecen. Entramos en el polideportivo de Cercedilla con el objetivo cumplido de llegar antes de las 18:00. Otro triunfo que nos alegra casi tanto como ver a los amigos y amigas que nos están esperando allí.


Foto de Tere
Foto de Nuria
Cercedilla (km 63) - Calzada Romana (Km 71)
La subida a la Fuenfría es la parte más dura de esta prueba así que tras descansar en Cercedilla, cambiarme de camiseta y zapatillas, comer algo de la paella que nos ofrece la organización y despedirme de mi gente, salgo de allí mentalizada de continuar andando con fuerza y ritmo y llegar arriba antes de que anochezca. Antes hay un avituallamiento y a menos de un kilómetro de él me encuentro con una sorpresa. Una familia nos hace pasillo, nos aplude y nos anima con mucha alegría. Me da tal subidon que hasta me arranco a correr algunos metros. De repente oigo a mi lado:

- ¡Vamos Pingüina!
-  ¿Nos conocemos?

No nos conocíamos, pero ahora si. Se trata de Miguel. Nos seguimos en nuestros blogs y se ha venido a esa parte del recorrido a animar a los blogueros que estamos particicipando. ¡Gran detalle! ¡Y más subirse con nosotros charlando animadamente hasta el avituallamiento! Allí le dejamos echando una mano sirviendo agua a quien llegaba.


Calzada Romana (Km 71) - Alto de la Fuenfría (km 78)
La caida del sol estaba programada a las 20:13 y para entonces mi llegada al Alto. El sol me gana pero solo por unos minutos. Luis y yo llegamos al final de esta etapa a las 20.25. Allí no falta el caldito de todos los años y los ánimos de los voluntarios. Entre ellos está otro bloguero, Commedia, con el que charlo unos instantes cometiendo la osadía de recomendarle correr esta carrera. Incocencia la mía...ha corrido todas las ediciones excepto esta.

Alto de la Fuenfría (km 78) - Cruz de la Gallega (km 90)
Aquí empieza la carrera de verdad. Resulta extraño pensar esto en el km 78 pero para mí es así. Quedan 24 kms y 3 horas 30 minutos para que acabe el día y llegar a Segovia cumpliendo mi objetivo. Sé que mis piernas y mis pies no van a dar para correr todo el tiempo. Sorprendentemente solo tengo una ampolla que apenas me molesta pero el cansancio muscular general es muy grande. Ningún músculo de cintura para abajo se salva de estar sobrecargado y con algún dolor, y a éstos se une la espalda y los hombros que están algo contracturados del peso y movimiento de la mochila. Me tomo un ibuprofeno para aliviarme y tras encender el frontal comienzo a bajar corriendo hasta el próximo avituallamiento. Luis va por delante y con nosotros Manuel, un corredor de Ibiza que se nos ha unido.

Aunque hay luna llena la noche parece cerrada. Los árboles no dejan pasar ni un rayo de luna y en ocasiones la luz del frontal se me hace poca y ridícula. Aun así trato de mantener el ritmo superando la dificultad que entraña el terreno pedregoso por el que hay que descender. Tras unos kilómetros que se me hacen eternos llegamos a una pista asfaltada. Se agradece pisar firme, por lo menos al principio, porque en cuanto llevo unos minutos sobre esta pista dura, también siento que no es agradable correr. Claro que ahora que lo pienso, la palabra agradable no puede pertenecer a este mundo, al mundo en el que llevas más de 80 kilómetros recorridos. Y entonces es cuando no puedo seguir corriendo. Cualquier repecho se me hace montaña y me pongo a andar. El mal humor se instala en mí otra vez y no tengo ganas de hablar. Ni siquiera soy capaz de decirle a quien me habla que deseo el silencio. Y así de negativa llego a la Cruz de la Gallega. Estaba escrito y el guión se vuelve a repetir, las mismas sensaciones de otras ediciones. La sensación de que no puedo seguir ni un metro más a pesar de ver las luces de Segovia al fondo. ¡Y todavía quedan 12 kms! ¿Quien me habrá metido en la cabeza que me dedique a estas cosas?

Menos mal que sabía que esto sucedería y sucede, y como si me desdoblara, me observo desde fuera y solamente me digo: "hay que hacerlo, hay que seguir"

Cruz de la Gallega (km 90) - Segovia (km 102)
Sello credencial, tomo el café que nos ofrecen esperando que vuelva a ser pócima mágica, y salgo de allí corriendo con mis escuderos...o más bien siendo escudera de dos caballeros que corren delante mío casi en la oscuridad. ¡Un moneto! ¿Oscuridad? ¡Si yo me había comprado un frontal que era la bomba! 

De pronto caigo en la cuenta de que pueden ser las pilas. Menos mal que llevo recambio.

Efectivamente con pilas nuevas ya veo mejor. Lástima que las de mi cuerpo no tengan recambio.

El ibicenco tira millas y nos abandona, yo no puedo correr más y me quedo con mi fiel amigo Luis. Sabe que voy de mal humor y guarda la distancia, pero sé que está ahí, sin abandonarme, unos metros por delante. 

Quedan apenas 6 kilometros y ya son las 23:00. Matemáticamente aunque vayamos andando confío en que llegaremos antes de las 00:00 aunque las sensaciones que tengo cada vez son peores. Empiezo a sentir cierto mareo y nauseas. No digo nada. Solo ando. Mi movil recibe varios whatsapps y alguna llamada. Se que son para animarme pero estoy pasando por momentos tan malos que hasta éstos me ponen nerviosa y acrecientan mi mal humor.

Por fin entro en la zona urbana de Segovia. Deben quedar un par de kilómetros hasta la meta. Se me hacen eternos. Me gustaría ponerme a correr. Me da la sensación de que a Luis también y lo siento por él, pero las nauseas continúan y temo que si corro acabaré vomitando. 

Por la calle nos animan y un matrimonio nos dice que solo queda un kilómetro. Miro mi reloj...¡no puede ser!

- ¡Luis son las 23:52! Si queda un kilómetro...¡andando no llegamos!

No me queda más remedio...Me pongo a correr.

23:54... la calle no me suena. Debería sonarme...

- ¿Donde está la plaza?

Seguimos corriendo...


Y por fin se oyen aplausos...

Y por fin todo se olvida...

Veo el acueducto...

La veo a ella...

Y no importa nada más...

Cruzamos la meta...



Y solo importa...

¡Que llegamos!






Mi tercera Madrid-Segovia en 15:26:38. 
Puesto 207 de la general absoluta, 11 de la general femenina y 5 de mi categoría.





De nuevo doy las gracias a todas las personas que me han apoyado, a quienes lo hicieron hace tres años cuando me entró esta enfermedad de correr carreras tan largas, a quienes lo han seguido haciendo, a quienes me he encontrado en el camino, a blogueros y blogueras que me siguen, y a la organización que permite que hagamos estas locuras. Y sobretodo a dos personas muy especiales, a dos ángeles que han estado durante toda la prueba pendientes de mí, uno de ellos dándome una lección enorme de nobleza y paciencia...hasta cuando quizá no la merecía. Gracias.