La quinta y última etapa de esta competición es la más larga, 21 kilómetros. Recorre la isla de punta a punta partiendo de San Francesc, pasando por Playa Migjorn y llegando al Faro de La Mola.



Formentera tiene un perfil llano, muy llano, pero en uno de sus extremos se eleva hasta 200 metros formando unos impresionantes acantilados. Se trata del Pilar de la Mola. Allí está el Faro de la Mola, que curiosamente describe Julio Verne en alguno de sus libros sin haber estado nunca en Formentera. Esta media maratón acumula prácticamente todo su desnivel + en tres kilómetros repartidos en tres cuestas a partir del km 12.


MI CARRERA
Suena el despertador y tengo ganas de correr. Tengo más ganas de correr que el resto de los días. Inexplicable. El día ha amanecido nublado e incluso se atreve a llover un poco. Temperatura perfecta para la media maratón.

Llego a San Francesc puntual y puntual se da la salida. Decididamente mi mente está cómoda con la larga distancia. No tengo que plantearme el ritmo, parece que sale solo. Algo me dice por dentro a que velocidad moverme, sobre 5'25''-5'30''. Mi intención es correr con el piloto automático hasta el segundo avituallamiento en el hotel Riu (km 12). A partir de allí empieza el tramo de montaña y habrá que esperar como van las piernas.

Los 5 primeros son prácticamente todos de asfalto y yo lo agradezco. Ya habrá tiempo de playa blanda. Aunque sé que no será fácil rascar posiciones en la general chequeo en que lugar voy entre las chicas. El pelotón de cabeza se escapó seguido de las tres máquinas de esta competición. Tras ellas, la primera española, Marta Salan, que está haciendo un estupendo papel y otra italiana. Debo ir la sexta. En el kilómetro 2 ni rastro de Cappuccetto y compañía. Me extraña pero 200 metros después ya sé que vienen por detrás. Y traen refuerzos. Con ellas viene otra compatriota. Aprieto un poco al ver que no vienen fuerte y que puedo mantener el ritmo y llego al km 5 en 27'08''. 500 metros después se acaba el asfalto y comienza una pista de tierra. Ellas avanzan más rápido que yo y antes de llegar al km 6 me adelantan. Las sigo y me propongo que no se me escapen más de 20 o 30 metros, y usarlas de liebre o algo que se les parezca. Las jodías van hablando "¡veremos a ver que os contáis cuando os hundáis en la arena!". Pasado el km 9 entramos en la Playa Migjorn, el tramo libre señalizado solo con banderolas donde cada uno puede correr por donde quiera, arena, suelo rocoso o pasarelas de madera donde las haya...Descubro que mis amigas son tan duchas como yo corriendo por la arena. ¡Que estilazo, mamma mía! Así que en cuanto veo la zona rocosa me voy por allí y me pongo a saltar como cabra de piedra en piedra, las adelanto y las dejo atrás.
Llego al km 10 en 55''54''. Pero mi gozo en un pozo, se acaba el suelo rocoso. Ya solo hay una manera de seguir, la arena. Miro a mi izquierda y veo que comienza una pasarela de madera. ¿Será otra opción? ¿Irá paralela a la playa? Arena o pasarela...Arena o pasarela... ¡Me la juego! Que gusto pisar las tablillas. Aprieto el paso y apenas he avanzado unos metros veo que aquello no ha sido una buena jugada, conduce al parking de un chiringuito. ¡Ohú la que he liado! Rezo para que Cappuccetto y sus colegas hallan tenido la misma ocurrencia que yo pero no. Ellas continuaron por la playa.

Dos hombres a la puerta del chiringuito con una cervezas en la mano me gritan ¡por aquí! Y por allí que me voy. Entro en otra pasarela que me devolverá a la arena pero antes tengo otra genial ocurrencia. Ya hace calor y decido bajarme los manguitos mientras no paro de correr a la vez que aflojo el velcro del chisme del brazo donde llevo el mp3 y trato de bajar el volumen de la música...resumiendo...tropiezo, móvil al suelo por un lado, chisme por otro...En frente hay una pareja italiana haciéndome fotos. La mujer se adelanta mientras el hombre le dice ¡aiutarla, aiutarla!. No se preocupe, pero eso sí, no las suba a facebook por favor.

Por fin vuelvo a plantar los pinreles en la playa al tiempo que me despido mentalmente de Cappuccetto y compañía. Las veo al fondo llegando al hotel Riu donde está el segundo avituallamiento. Yo llego cuando han partido (km 12,4 en 01:10:36). Me tomo el tiempo justo de recibir los ánimos de la gente que está allí mientras le doy unos traguillos a la isotónica y rezongo por mi jugada anterior. ¡Si, te hemos visto! 
Como no hay tiempo para más, lo olvido y tiro a por el plato fuerte de esta etapa, la subida a la Mola.

Ya estaba avisada por la organización de las cuestas que nos esperan pero lo que yo no esperaba era encontrarme la primera a la vuelta de la esquina nada más salir del avituallamiento. Trato de mantener el tipo y subirla corriendo. No es plan de andar a la primera de cambio y más mientras me miran. Y pasito va, pasito viene, consigo llegar a lo que creo que es el final, pero una curvita y... ¡¡¡¡continúa!!!! ¡Al carajo, ahora si que ando, que ya no me ve nadie y avanzo menos corriendo! Y otra vez pasito va, pasito viene y... otra sorpresa. ¡Si están ahí mis amigas italianas! Cappuccetto sube corriendo pero las demás lo hacen andando. En la siguiente curva se pierden a la vez. Trato de acelerar el paso y llego al final con la intención de pegarme a ellas. Las veo. Echo a correr pero llega la segunda cuesta, más larga que la anterior, y se repite la operación. Yo termino dejando de correr, al fondo Cappuccetto sube despacio corriendo y sus compañeras andando. Aun así no las alcanzo. Terminan de subir y desaparecen. Unos segundos después llego yo y de nuevo a correr. El recorrido se transforma en un sendero de bajada que serpentea en medio de un frondoso bosque, tan bonito que me hace olvidar el anterior esfuerzo. Aprovechando la inercia del terreno y lo que me gustan las bajadas, acelero en busca de mis colegas. Ni rastro. Avanzo y avanzo y no las veo. Ya se me escaparon.

Llego al km 15 (01:27:30) mentalizándome para la gran cuesta cuando oigo voces tras unos arbustos...¡Son ellas otra vez! Aprovecho la coyuntura y que las mujeres suelen ir juntas al baño y salgo pitando. Viene una pequeña subida con rocas y trepo a saltos apoyándome en las de los lados. Prueba superada. Otro guapo sendero haciendo eses y salgo de la frondosidad. Me duelen los cuadriceps y alguna puñetera ampolla que se une a mi aventura pero me da igual. Dejo de pensar en ello. Avanzo. Oigo pasos. Avanzo. Los oigo más cerca. Avanzo. ¡Leñe, ya me han alcanzado! Me adelantan. Ahora si que me despido de ellas. Han puesto el turbo y se que terminaré perdiéndolas. Llego el momento del yo a mi rollo. El recorrido se transforma en otro sendero con toboganes que discurre entre rocas. Ya pega el sol. A lo lejos veo a un corredor que aparentemente va despacio. Me propongo alcanzarlo. Lo hago. Es Alonso Juan Manuel, un simpático corredor español que parece estar sufriendo el calor. Nos saludamos, nos animamos y le adelanto camino de la madre de todas las cuestas. La última pero la más dura, con 2 kilómetros de continuo ascenso y que acumula alrededor de 150 m. La enfilo proponiéndome ir todo lo que pueda corriendo pero mi propósito apenas llega al minuto. El resto lo hago andando. El que si sube bien es Alonso que llega y se aleja sin dejar de correr.

Por fin llego al final, km 17 (01:44:27). Mentalmente me he venido algo abajo. Ya soy consciente de como están de fuerzas mis piernas, del cansancio, del calor y del estado de mis pies. Son cinco días seguidos usándolos para correr y los pobres bastante bien me han respondido. Trato de alegrarme con el número de kilómetros que me quedan. Cuando empecé esta etapa pensé que en realidad era de 20 kilómetros, así lo había leído en la crónica del año pasado, y así quiero creerlo. Así que solo me quedan 3 kilómetros.

Ahora el recorrido es por pistas de tierra. Hay bastante viento y se nota cuando salgo a campo abierto. Llego al kilómetro 18 con un costoso y cansino 6'00''/km. ¡Venga, ya solo quedan 2! De pronto oigo pasos que se acercan bastante rápido. En cuanto oigo su respiración se que es una chica. ¡Bingo! Es Ana Churruca que viene como una bala. Ana ya me adelantó de la misma forma al final de la tercera etapa. Viene de correr hace unas semanas el Marathon Des Sables junto a su marido Martin Fiz y es envidiable el fondo que tiene. Piano, piano avanza y se va comiendo el camino tranquila pero rápidamente. Veo que se aleja y esto me sirve para espabilar. No será fácil alcanzarla pero me animo a seguirla todo lo que pueda. Cuando mi gps me informa de que pasamos el km 20 ya se que esto es realmente una media maratón. Queda un sufrido kilómetro y por más que acelero Ana no se acerca. La tengo a unos 30 metros. Subir de pronto a un ritmo por debajo de 5'00'' me supone correr a estas alturas con el corazón en la boca pero... ¡Que diablos! ¡Así es como hay que acabar! ¡Da igual la posición en la que llegue pero llegaré echando el resto, mi resto!  Por fin pisamos asfalto. Es la recta final con el portalón de llegada a 500 metros y el Faro de la Mola detrás.


Esprinto como si no hubiera un mañana, respirando como una locomotora y con la baba colgando, como diría un amigo mío. Corro y corro a toda velocidad persiguiendo a Ana, sé que no la alcanzaré.


Corro por la pura satisfacción de llegar al final de esta aventura sintiéndome fuerte. Sintiendo el pequeño poder que mis piernas me dan en momentos como este. 500 metros que se me hacen largos en el esfuerzo, cortos en la culminación pero como suelo decir...eternos en el recuerdo.

Cruzo la linea de llegada agotada pero sonriendo. 21,5 km en 02:10:17. Me cuelgan una medalla. Esta si que pesa. Pesa 5 días seguidos de carreras, 5:38:16 horas corriendo, 59 kilómetros, arena de playa, caminos de tierra, pistas de asfalto, acantilados, faros, olas, viento, mar, sol, bosque, senderos, amigos, amigas, españoles, italianos, protagonistas de cuentos infantiles y una organización volcada en conseguir que nos llevemos a casa una experiencia extraordinaria. Una medalla que pesa lo suyo.

Y ya que la he incluído en este cuento, me ha servido de aparente rivalidad, de liebre ocasional, simpática motivación y de inspiración literaria, no desaprovecho la ocasión de acercarme a felicitar por su participación a la gran "Cappuccetto", Silvia Mariani.



Participantes españoles


Cuando terminé la última etapa me invadió algo que no he sentido con otras carreras. Una sensación de nostalgia. Cinco días seguidos corriendo en una competición como esta dan para mucho, hasta para acostumbrarte a ellos, para saber que los echaras de menos a la mañana siguiente...


cuando el despertador ya no suene para correr por Formentera.



CRÓNICA DE LA ORGANIZACIÓN: aquí