En la sala de espera de mi fisio hay revistas. En la peluquería también, te hacen esperar y hay revistas. Hace un mes visité la consulta del fisio. Esperé. Todavía recuerdo lo que leí. Hoy me he cortado el pelo, he esperado y he leído pero no recuerdo el que. Las revistas de mi peluquero no hablan de nada, las de mi fisio de la NADA.

Al principio de los tiempos había NADA. La nada asusta. La nada es ausencia, no ser, carencia absoluta...Pero la nada también puede ser paz, serenidad, equilibrio...Puede ser un lugar y un tiempo sobre el que construir, reconstruir y deconstruir.

Al principio de los tiempos, cuando no había planes, ni objetivos, ni metas que superar...cuando ni siquiera mis zapatillas parecían de correr, ni mi reloj me cantaba los kilómetros, ni nadie preguntaba por mi siguiente carrera, corría porque SI. Corría por NADA y era estupendo. Ahora me resulta difícil hacerlo. Lo más parecido a ese principio de los tiempos es lo que hago en estos días. Tras el maratón de Madrid y hasta nueva orden de preparación salgo a trotar sin ninguna aspiración, sin NADA que cumplir, ni ritmos, ni tiempo, ni distancia. Sé que de seguir así mucho tiempo no tardaría en aburrirme pero ahora necesito esta forma de correr. Busco encontrarme de nuevo con el flow.


Al principio de los tiempos, cuando casi ni los fisio existían pero si las peluquerías, me encantaban las películas de espías y detectives. No me gustaban por su intriga y suspense, a decir verdad, la película en sí era lo que menos me importaba. Lo que a mí me gustaba era el artilugio fotográfico, el momento "alta tecnología", esa secuencia en la que el protagonista se adentraba en una oficina oscura, encontraba lo que solo él sabía que buscaba, sacaba una minúscula cámara y hacía fotos sobre importantes y extraños documentos. Yo deseaba tener una de esas. O llevar un boli-cámara en mi bolsillo, encontrar los papeles que cambiarían el mundo y estar ahí para sacarles la foto. Pero el mundo siguió dando vueltas sin cambiar y yo crecí. El boli-cámara y mi futuro como espía nunca llegaron pero si algo parecido. Fue en mi visita al fisio. Esa de la que hablaba al comienzo de esta desordeNADA entrada.

Aquel hombre me dijo que esperara un momento. Algo me hizo presagiar que no sería un momento cualquiera. Di dos vueltas a la estancia. Leí sus diplomas y sus trofeos. Suficiente para saber lo que necesitaba saber. El tipo sabía lo que se traía entre manos y corría más que tu y que yo. Así que me relaje, me senté y cogí una revista. A simple vista parecía normal pero no era cualquier revista. Era una revista normal para corredores, Corricolari. La hojee. Fotos de carreras, crónicas de carreras, anuncios de carreras... y de pronto encontré un documento revelador. Estaba en la sección de opiniones. Opiniones de corredores como tu y como yo. Hablaba de la NADA, el secreto para correr y ser feliz, la descripción más certera y honesta que nunca había oído sobre el flow. Esto había que compartirlo, no podía quedarse allí. Pensé en guardarme la revista en el bolso, pero no cabía. Miré el reloj de la sala, llegaba mi hora. Por el pasillo escuche los pasos del fisio que se acercaba. Acompañaba al paciente que iba antes de mí hasta la puerta. ¿Y si arranco la hoja? No, una buena detective no va dejando pistas tras de si. Entonces me acordé, era mi gran oportunidad. Por fin, treinta años después mi juego de espías tenía algún sentido.

- Vamos Yolanda, eres la siguiente. 
- Sí, un momento que apago el movil.

Aquel hombre era un buen fisio. Hacía pocas preguntas, mucho daño y cobraba lo suficiente. Volví en otra ocasión. La revista ya no estaba. No me importó, tenía en mi poder la información que necesitaba. La información que completa el círculo.

Hoy me corté el pelo. Hay mujeres que dicen ¿me ves algo distinto? ¿no lo notas?. Yo no hago preguntas trampa. Cuando digo que me he cortado el pelo no necesito preguntar NADA. Pero esta vez si necesitaba algo. La extraña que me miraba desde el escaparate de enfrente me hizo volver a casa, ponerme las zapatillas y salir a correr porque SI. Quería airearme, llegar a un acuerdo con mi cuerpo y mi mente. Y llegó. Por fin llegó el flow. Llegó el acuerdo y el recuerdo. Sabía que aquellas palabras que leí y fotografíe, algún día darían sentido a todo este sinsentido.