Mi segundo maratón....dolor, dolor y más dolor. No recuerdo que el año pasado doliera tanto. Diría que no vuelvo a correr un maratón en mi vida, pero nadie me creería, ni siquiera yo. Sé que en mi memoria se borrará este dolor y solo quedará la emoción, el esfuerzo, la superación y la gente que me animó y me ayudó a llegar. Así debe ser y así será. Por eso sé que aunque hoy dolió, ahora duele y mañana dolerá, volveré a correr otro maratón.


En estos momentos tengo sentimientos encontrados. Esperaba mejorar mi marca, siempre lo espero. Lo que no esperaba era empeorarla. Con más miedo que vergüenza deseaba bajar de 3'50 pero antes de llegar al kilómetro 10 ya sabía que eso no era posible. Para ello hay que entrenar lo que yo no había entrenado. No me falló la estrategia, de nuevo me salió otro maratón con una segunda mitad mejor que la primera, cosa nada fácil en Madrid. Tampoco me falló el fondo, ni mis pulsaciones. No fallo ni la gente de Madrid que a pesar del frío abarrotaban algunas zonas aplaudiendo incansablemente, gritando y hasta, según me han contado, llorando de emoción  a la entrada de el Retiro. Por supuesto, no me fallarón mis dos amigos David y Sole, al contrario, me acompañaron, estuvieron pendientes de mí cuando empece a desfallecer y me animaron hasta el último metro. No me falló nada y en cambio me falló casi todo. Me fallaron las piernas.

Pero el sabor agridulce se me va cuando recuerdo los momentos previos a la salida saludando a tanta gente ilusionada en la quedada de Correos, la cara de emoción de mi amigo Antonio en su primer maratón durante los kilómetros que le acompañé, los gritos, las sonrisas y saltos de mi gente esperándome durante el recorrido para animarme, la ilusión de mi padre corriendo cámara en mano mientras subía una cuesta para inmortalizar mi esfuerzo. Se me va cuando revivo el momento en el que dos amigas, Montse y Juana, corren unos metros junto a mí animándome en el comienzo del calvario de Alfonso XII  y sobretodo cuando vienen a mi mente los dos últimos kilómetros de sufrimiento y el generoso gesto de quien apareció y me acompañó también hasta la meta. Dos kilómetros que fueron los más duros que he pasado en mis siete años de corredora y sin embargo los más bellos.

Está claro, ¿como no voy a querer correr otro maratón?




Gracias a todas y todos los que dentro y fuera de este blog de alguna forma me apoyais y me animáis a seguir. Así es mucho más fácil, aunque duela, continuar corriendo.




PD: No os libráis de mi crónica épica. Continuará...