Es bien sabido que el deporte nos ofrece muchos beneficios. Practicado con cierta frecuencia y a cierto nivel, además, produce una serie de cambios en nuestro cuerpo. El entrenamiento de deportes de resistencia es responsable de los más llamativos a nivel cardiovascular, tanto morfológica como funcionalmente. Yo ya era consciente de ello pero después de lo que me ocurrió ayer me surgen dos preguntas: ¿dónde están los límites de la normalidad de estos cambios?...y como diría el Sr. Marvin Gaye: What's going on?


Marvin a la derecha, el de los calcetos setenteros


¿Que me pasó?


12:30 A.M. Sala de urgencias del Hospital Infanta Sofía. Estoy tumbada en la camilla. Una enfermera, o tal vez doctora, no sé, llevaba bata blanca, (en mi estado me habría importado poco que fuera la de la limpieza)...me llena de pegatinas el abdomen y el pecho y me enchufa a una maquinita de esas que hacen dibujos de extrañas caligrafías indescifrables. Por un extremo sale un papel. La doctora (le dejo finalmente este estatus) lo mira extrañada, lo rompe y vuelve a sacar otro. De nuevo extrañeza...y saca un tercero.

¡Pero un momento! ¿Como llegué aquí? Cierto, vayamos por partes.

09:00 A.M. Estación de Valdesquí. Hace semanas que he contratado la práctica de un trekking con raquetas de nieve. Nunca he esquiado y mi experiencia con la nieve, exceptuando los casi obligados lanzamientos de bolas, se reduce a quitarla del parabrisas en un par de ocasiones y a hacerme fotos con la montaña nevada de fondo.



El termómetro del coche al llegar al parking marca 6,5 º bajo cero. Mi MMP en cuanto a temperatura baja se refiere. Para rematar, a los 5 minutos se levanta una ventisca así que me llevo el premio gordo porque la sensación térmica debe ser casi el doble.

Salgo del coche y me dirijo con la amiga con la que voy hacia el grupo y los monitores. En el breve trayecto de unos 50 metros empiezan ya a dolerme la punta de los dedos a pesar de llevar dos guantes. Los monitores nos explican como ponernos las raquetas y empiezo a temer que para ello tenga que sacar mis manos al aire. Nos indican que cada uno cojamos un par y dos bastones y andemos en fila india por el borde de la carretera para más adelante adentrarnos ya en la ruta y calzarnos allí las raquetas. Obedezco sin rechistar y me pongo a andar en la fila.

Las manos cada vez me duelen más. La ventisca parece empeorar. Me extraña que con estas condiciones no cancelen la excursión. La nieve me da en la cara y a pesar de las gafas que algo me protegen, veo con dificultad. Siento como si me ardiera lo poco de la cara que llevo al aire. Casi no puedo ni sujetar las raquetas en la mano porque me es imposible doblar los dedos. El dolor empieza a ser insoportable. De pronto se me pasa una idea por la cabeza...me veo ridículamente habiendo pagado por una experiencia que consiste en pasarlo mal andando bajo una ventisca aguantando el frio y el dolor. Me doy la vuelta y le hablo a mi amiga de lo absurdo de la situación y que yo lo dejo. Su cara era parecida a la mía así que veo que estamos de acuerdo y tras avisar a uno de los monitores nos volvemos al parking. Camino deseando llegar al coche. Mis manos parece que aguantan poco más, y cuando digo poco no me refiero a unos minutos, me refiero a segundos. Mi amiga se dirige a la furgoneta donde dejar el material mientras yo me saco nerviosa los guantes y sin sentir apenas los dedos todavía no sé ni como acciono el mando y abro la puerta. Me meto dentro y enciendo la calefacción a tope pegando mis manos a la rejilla. Llega mi amiga.

-¿Qué tal?

De pronto me entra un cansancio enorme. Apoyo la cabeza un instante en el volante y vuelvo a incorporarme con la idea de tumbar el asiento.

-No sé. Me siento muy cansada. 

Entonces se apaga el mundo y suena a lo lejos Marguin Gaye.

Lo siguiente que recuerdo es a una extraña a mi izquierda diciéndome que no me preocupara, que me había orinado encima y que era normal. Por unos instantes, que se me hicieron eternos, no sé ni quien soy, ni quien es la que está a mi derecha (mi amiga), ni que hago en un coche, ni porque está nevando afuera, ni porque una extraña mantiene la puerta de mi lado abierta con el frío que entra. Pero enseguida me queda claro que ha pasado. He tenido un sincope, he perdido el conocimiento y mi amiga salió a pedir ayuda...la chica que amablemente me hablaba sobre mi espontanea evacuación.

¿Lo siguiente? Nauseas y mareo que no desparece. Llaman a una ambulancia. Hora y media tumbada en el coche con mucho frio, tiritona y debilidad. Por más que me cubren de ropa y que me ponen calcetines, gorros y guantes, no entro en calor...¡¡¡¡Ni siquiera con la surrealista aparición del médico de la estación de esquí!!!!

Un hombre que dice ser médico y provisto de...¿maletín de urgencias? nooooooo.... ¡walkitalkie! se introduce en la parte de atrás del coche y comienza a hacerme preguntas del tipo....¿ha desayunado usted bien hoy?, ¿está embarazada?, ¿esta segura de haber desayunado bien?... Finalmente me ofrece ayuda...¡tachaaaaan!:  acercarnos a la enfermería y allí tomarme la tensión...que es todo lo que puede hacer (palabras textuales y con testigo oyente que yo estaba medio grogui).

(Ahí lo dejo, que cada cual saque conclusiones, yo solo me pregunto, ¿en una estación de esquí no hay accidentes, caídas, fracturas, alguna leve hipotermia...? ¿Con un tensiómetro basta?)

Finalmente llega la ambulancia y me trasladan al hospital. Allí es cuando entra en escena la auxiliar (la vuelvo a bajar de estatus) y su extrañeza al sacar el papel del electrocardiograma.

- Esta máquina a veces hace cosas raras.

Mientras veo como arruga el papel y vuelve a sacar otro, recuerdo que una vez leí que era bueno avisar a los médicos de que eres deportista cuando te están mirando ciertos niveles, sobretodo en temas cardiovasculares.

- Practico deporte. Soy corredora. Lo digo por si hay que tenerlo en cuenta.
- Ah, pues claro. ¿Sabes cual suele ser tu frecuencia cardíaca en reposo?
- ¿La frecuencia en reposo? No sabría exactamente decirte pero la basal sí.

Aquí permitanme el siguiente inciso (no todos nacemos sabiendo y yo no hace mucho que algo nuevo aprendí):
- Frecuencia cardíaca basal: es el mínimo de pulsaciones por minuto que el cuerpo necesita para realizar las funciones básicas (practicamente el mínimo que se alcanza durmiendo). Se toman al despertar y sin habernos incorporado ni realizado ninguna actividad.
- Frecuencia cardíaca en reposo: es el número de pulsaciones por minuto que un individuo tiene sin realizar ninguna actividad. Se miden sentados o tumbados, en un estado tranquilo y relajado y sin haber realizado ningún ejercicio de intensidad elevada anteriormente.
- Frecuencia cardíaca máxima: es la frecuencia más alta que alcanza el corazón de una persona que realiza un esfuerzo de intensidad máxima.
- Frecuencia cardíaca en reserva: es la diferencia que hay entre la frecuencia máxima y la frecuencia basal.

Pues bien, servidora que es curiosa un rato, llevaba dos semanas midiéndose todas las mañanas la frecuencia basal, además dicen que es un indicativo de si estas bien entrenada o sobreentrenada. Así que cuando la doctora preguntó:

-¿Y cual es tu frecuencia basal?

Supe responderle.

- Esta semana  38

Aquello sirvió para que dejara de pelearse con la máquina y sacar papeles, y me desenchufara sonriendo y aceptando como válida la medición que el aparato daba de mi FC en reposo: 43.
Sí, se trata de una bradicardia sinusal que en otros casos es considerada una cardiopatía pero en caso de deportistas se interpreta como algo normal.

Y es aquí a donde quería llegar con todo este rollo que he soltado. De acuerdo que el corazón se adapta a la actividad deportiva que llevamos, que bajan nuestras pulsaciones y que la bradicardia es un síntoma de esa adaptación. Pero digo yo que dentro de dicha adaptación también habrá valores que puedan salirse de lo normal, ¿no? ¿Cual es la frecuencia basal y en reposo que suele tener la gente corredora? ¿Hay alguna diferencia entre mujeres y hombres?

De momento no encuentro respuestas pero si algún corredor o corredora que haya tenido la paciencia de llegar hasta esta linea de la entrada, quiere comentar sus frecuencias cardíacas, igual algo salgo de dudas  y sobretodo me quedo más tranquila con mis 38 latidos por minuto.


Y por si alguna preocupación o simple curiosidad ha despertado mi aventurilla de ayer en cuanto a mi estado y el resultado final, diré que estoy bien, algo cansada pero bien, que 6,5º bajo cero no van a acabar conmigo. El informe médico, como en muchos casos, no termina de dictaminar al 100% porque me pasó lo que me pasó, pero si  descarta cosas importantes y me informa de que tengo una leve hiponatremia. Por desgracia no es la primera que tengo así que ya sé lo que toca, morirme de sed. Durante 10 días solo puedo ingerir un litro de líquidos al día y a esperar a que los análisis me digan que el sodio en mi cuerpo ha vuelto a la normalidad. Y nada de irme de cañas que con cuatro ya he agotado mi cupo.

Esto que me ha pasado se traduce en otra semana más de parón en mi preparación del maratón. Parece que mi participación este año empieza a peligrar...pero solo lo parece, eh!



Y no puedo terminar sin mostrar mi gratitud a quien se llevó ayer un buen susto. Muchas gracias. Me costó saber quien eras cuando desperté de ese extraño mundo cuasionírico en el que cantaba Marvin Gaye pero me sirvió de mucho tenerte a mi lado.

Para aquellos o aquellas que a estas alturas se estén preguntando que pinta el Sr. Gaye en todo esto, tengo que añadir en mi defensa que su música sonaba en el coche mientras iba camino de la estación de esquí, que las conexiones neuronales son inescrutables y que por un extraño capricho de mi memoria éste acabo adornando el pequeño vacío temporal en el que por unos instantes caí.