Correr con condiciones meteorológicas adversas en invierno puede ser muy desagradable, y hacerlo con adversas condiciones meteorológicas adversas ya no quiero ni contarlo. Que se te caiga el moquillo intermitentemente durante casi una hora y media, mientras llevas los calcetines calados, no sientes las puntas de los dedos de las manos, y ya no pestañeas porque se te han congelado los párpados, es todo lo bueno que te puede pasar.



Yo creía que el frío ya había empezado hace mucho y resulta que no, que hasta que no han venido los de la tele con lo de la ciclogénesis explosiva, aquí no había tiritona que valiera.  ¡¡¡Manda c******!!! Cuando pensaba que nada podía superar lo de los "actirregularis" llega esto. Que más que un parte meteorológico parece una peli de Chuck Norris y el engominado de la coleta... Próximamente es sus pantallas, "Ciclogénesis explosiva".
Y digo yo, con lo rico que es nuestro castellano, ¿no podía el señor del tiempo decir "abriguense que viene una rasca que pela y nos vamos a arriciar, y tengan cuidado con la pelona mañanera no se vayan a resbalar con la chelera"? ¿No podíamos hablar más claro? Biruji, helón, cochura, friaco, friolada, friuco... 
Pues en medio de este clima ando yo, y unos cuantos más (que los tengo calados cuando nos cruzamos corriendo), entrenando un maratón. ¿Y que se hace cuando en el plan has escrito inocentemente el día que lo preparaste que hoy te toca un progresivo de 17 kilómetros y cuando asomas la jeta por la ventana te encuentras con un escuchicin que te la corta y una aufá con bindisca incluida? Pues salir a correr, eah. ¿Y que me encuentro al poco de empezar? Una bazabrera, como dicen en Salamanca, que lo mismo me da por delante que por detrás y un cernidillo que no para hasta que dejo de correr.

Dicho de otra manera, que con las zapas ya puestas y dispuesta a entrenar caiga la que caiga, abro la ventana y compruebo que hace un frío del carajo y que hay algo de viento que arrastra la nieve que ha caído arriba en la montaña. Que cuando apenas llevo 2 kilómetros empiezan a zarandearme por todos los lados unas tremendas ráfagas de aire y comienza a caer una lluvia tonta calabobos que no me abandonará hasta el final. Todavía no sé ni como terminé. Fue una lucha titánica contra los elementos. Ya no se trataba de correr o entrenar. De hecho el progresivo se transformó en un chochinero porculero cabezón. Llegué a casa empapada, con las rodillas doloridas por el frío, las manos congeladas y la sensación de haber hecho el tonto. Sí, me había empeñado en terminar y lo había conseguido, pero a parte de lo que mentalmente pueda sacar de ello...¿Esta clase de entrenamientos valen para algo? ¿No hubiera sido mejor esperar a otro día y sacar más rendimiento deportivo?

Pues en esas estoy esta semana. Lo que acabo de contar me paso en la semana 4 de mi plan y como en la semana 5 la climatología no solo no ha mejorado, sino que ha añadido nieve al paisaje por el que entreno, he parado unos días. He de reconocer que también empujada por algo de pereza. Me encuentro en una fase parecida a los primeros kilómetros de cualquier carrera, donde todavía no se han calentado las piernas, el paso es acelerado pero forzado, la mente no termina de tirar de mí con fuerza y parece que soy yo la que tengo que empujar a mi cuerpo. Se que no tardará, que está al caer... Ese "click" que sin saber como, un buen día se acciona y todo parece ir rodado. 

Mientras tanto habrá que seguir asomando la nariz por la ventana deseando que el invierno sea más benévolo con los que corremos...porque esto es maratón y no se puede parar