El papa ha escrito recientemente un libro, “La infancia de Jesús”, en el que dialoga con científicos expertos en la interpretación de las Sagradas Escrituras. Hasta aquí nada anormal. En el libro dice que los Reyes Magos podrían ser andaluces y mientras no nos haga creer que el oro, incienso y mirra son ahora fino, manzanilla y unas castañuelas…todo puede seguir siendo normal. Pero resulta que los Evangelios no dicen nada de la mula y el buey del portal de Belén. Que son un mito y no una verdad, no como el nacimiento virginal del Mesias que “no es un mito sino una verdad” (¡ejem, ejem!)



¿Y ahora que hacemos con nuestros portales? ¿Cargarnos así de un plumazo a las mascotas del pobre niño Jesús? ¡¡¡Con lo que adornaban a cada lado del pesebre!!! Tranquilos y tranquilas, que no cunda el pánico, que nadie tiré las dos figuritas, que no se llenen los cubos de basura de cuadrúpedos desterrados, que si algo tiene esta religión (y me temo que todas) es el “arreglatodo” más poderoso para solucionar cualquier embrollo filosófico. La fé, “confianza o creencia en alguien o algo cuyas cualidades no necesitan ser demostradas”. ¡Perfecto! Todo solucionado. Los Belenes de este año no tendrán un hueco en el establo por llenar. El Sr. Ratzinger dice en su libro que ”la meditación guiada por la fe ha colmado esta laguna”.

Aaaaah, vale, ya me quedo más tranquila. Si es que a veces soy mujer de poca fe y ya se sabe…la fe mueve montañas…mulas y bueyes. Pero…¿moverá también Pingüinas?


Soy una corredora del montón. Mi fuerte no es la velocidad, ni unas piernas de acero, ni un estilo de gacela. Se me atragantan las cuestas, me aburren los llanos y mis tácticas de carrera se suelen venir abajo en cuanto mi respiración de locomotora entra en acción. Pero si algo siempre he creido que tengo a mi favor, es una mente a prueba de esfuerzos, y si son largos y continuados mejor. Curiosamente la misma mente que si no está en acción, esforzándose y luchando por un objetivo, se viene abajo y me deja colgada cual osa perezosa abrazada a un árbol.

Y eso es lo que por segundo año consecutivo me ha pasado tras participar en la Madrid-Segovia, allá por el mes de septiembre. Creí que necesitaba un descanso y descansé. Creí que el tiempo no era el adecuado para salir a correr y el tiempo siguió a su rollo otoño-invernal. Creí que las ganas volverían solas y no solo no regresaronn sino que las que tenía eran cada vez menos. Creí que necesitaba correr un par de carreras, corrí una y la segunda abandoné la idea unas horas antes de la salida. Creí, creí y creí pero nada cambió. Seguía igual de perezosa. Así que viendo que lo de la fe no es lo mío (nunca lo fue), antes de que me convirtiera en mito, ayer fui a los hechos…que son la única verdad. ¿Y cuales fueron los hechos? Ponerme las zapatillas, dejar de quejarme y un 2km + 5 x 400 + 2km, con viento y una nube negra muy fea mirándome desde arriba. ¿Resultado? Unas series nada despreciables viniendo de donde venía (1’59’’-1’48’’-1'49''-1’44’’-1’46’’) y lección aprendida: el acto de correr no es un acto de fe.

Y… ¡voilá! Así es como hace poco más de 24 horas desperté, me baje del árbol y, todavía algo perezosa, ya estoy preparada en la línea de salida. 


¿Salida de que? ¡Pues de que va a ser!  De un objetivo que me mantenga en un largo y continuado esfuerzo…¡preparar un maratón! ¿Cuál? Hace unas semanas barajaba tres posibles, París, Viena o Madrid. París bien vale una misa y posiblemente un maratón, y Viena celebrando en 2013 el 30 aniversario de su prueba seguro que promete una espectacular organización pero…¡Ay mi Madrid! ¿Voy a perderme sus cuestas? ¿Voy a prescindir del calor de su gente animando? ¿Voy a evitar ceder a la tentación de intentar bajar mi tiempo del año pasado? ¡¡¡Pues no!!! Así que sí, que sí…¡Nos vemos en Madrid!