Mi plan de entrenamiento decía la semana pasada que había que incorporar una nueva y diferente sesión: bici + carrera pero de lo que no hablaba era de hacer el Chiquito.

Siempre he admirado a los duatletas y triatletas. Me han parecido auténticos titanes solo por el mero hecho de combinar distintas disciplinas deportivas una detrás de otra. Yo lo de la bici lo llevo muy a duras penas, la  uso muy de vez en cuando y reconozco que me pueden las cuestas, tanto para arriba porque los cuadriceps no dan para mucho como para abajo porque al más mínimo aumento de velocidad me veo pasando de zapatas y frenando con los piños. Pero el caso es que últimamente me he ido animando y saco de paseo a mi jaca más a menudo. Además he notado alguna mejora en mi potencia al correr, no se si se deberá a ello. Sin embargo lo que nunca, jamás de los jamases había probado era a rodar con la bici y según terminara echar a correr. Y ese momento llegó el pasado 3 de julio.


Tempranito por la mañana cojo la bici dispuesta a dar un "garbeo" de 2 horas como marca mi plan. Como no quiero machacarme mucho trato de evitar fuertes y largas subidas en mi recorrido, cosa difícil viviendo como Heidi al pie de la montaña, que no es el Machu Pichu, pero la Pedriza se las trae. Así que decido hacerme un tour por los pueblos de alrededor aprovechando las vías pecuarias que los comunican, el Boalo, Cerceda, Moralzarzal y de vuelta a casa. En total 26 kilómetros con un desnivel acumulado de 281 m, no es para medalla pero para una ciclista dominguera como yo es suficiente como para que ya suba las escaleras de mi casa en plan "no puedorrrrr-no puedorrrrr". Aún así, todavía no soy consciente de que lo siguiente que toca, 30 minutos de carrera, no van a ser como otras veces...van a ser un auténtico show.

Cronómetro a cero y hala, a rodar....

¿¿¿¿Pero que diablos pasa????....


De pronto mis piernas no son las mías. No se donde me las han cambiado pero yo juraría que antes con las mías podía correr con normalidad. Además son de piedra y no doy zancadas, ni pasos, ni nada que se le asemeje. Parece que no se doblan, que se mueven menos que el brazo de Espinete y que llevan más kilómetros encima que la maleta de el Fugitivo. Voy cuesta abajo y sin ningún control sobre mi tronco inferior. Y cuando digo sin control no es porque vaya despendolada y sin freno, sino porque me siento como si fuera Hulk haciendo de Chiquito de la Calzada y más lenta que una carrera de berberechos. 

¡¡¡¡Horroroso, vamos!!! 

Posiblemente quien me viera diría que estaba corriendo con normalidad. Gacela nunca he sido ni lo seré...pero una tiene su estilillo e igual no estaba tan estropeado, pero yo me sentía de lo más torpe y pesado. Pensé que iba a durar así menos que Pinocho en un aserradero pero al final aguanté el tipo como pude y por supuesto acabe mis 30 minutos de carrera, incluso añadiendo casi minuto y medio para redondear el kilometraje. 

La semana de entrenamiento fue rara y más raras van a ser las demás con la agenda veraniega que me espera, pero eso sí, cuando toque entrenamiento Grijander...no me lo pierdo...¡Por la gloria de mi madre!



III 100 kms Madrid-Segovia SEMANA 4/15