Cuando me faltas te añoro, cuando me rompo te lloro, y a veces, cuando te tengo, en mi inconsciencia te ignoro. Te necesito como al aire, como es obligado respirar, como el café que me espabila, como la luz que me ilumina.




En ti hallo la inspiración que me hace vivir otras vidas, a ti dedico mis suspiros, que son suspiros de alegría, aunque mi alma se esté muriendo de asfixia. Me gustan de ti tus silencios y soledades, también tus ruidos y algarabías, el sonrojo que me provocas, la taquicardia que en mí produces.
            En tu regazo revivo cuando todo pinta en negro, y a tus arrumacos vuelvo cuando siento los envites y vaivenes del destino,  y tus palabras calladas devuelven la paz a mi extravío. Te defiendo ante todo aquel que te ataca, por ti me bato en la arena, en el campo o carretera, a ti retorno en mis tribulaciones, de conflictos personales me salvas.
            Sé que la mirada con que miro tus virtudes no es imparcial ni objetiva sino arbitraria e interesada, y la audición de tus defectos hace sordos mis oídos, que solo escuchan y atienden cuando alguien enumera tus cuantiosas cualidades.
          Sabes todo de mi existencia, no te escondo mis tristezas, pues las vives conmigo y las sufres a mi lado. Conoces sobradamente tanto mis prisas como mis calmas, los entresijos que me aturullan, mis soliloquios al viento, mis diálogos con la nada, los amigos que me acompañan o las compañas que me perturban.
           No te son ajenos mis nervios cuando tengo una cita contigo, ni tampoco mi contento cuando nuestros caminos se cruzan, como no se oculta a tus ojos el júbilo al traspasar la meta, aunque expire la duración del encuentro, y quede entre nosotros tan solo la promesa de un futuro reencuentro. Sabemos que cuando próximamente nos citemos, partiremos con los dígitos del reloj a cero, para seguir venciendo el espacio que nos separa de nuestros sueños.
          Me acuso de no estar siempre dispuesta el celebrar el haberte conocido, y olvidar a menudo la suerte que tengo, de poder seguir contigo. Te debo muchos favores y tienes todo mi respeto. Cuántas veces me arrepiento, de no hacerte caso cuando me ruegas mesura si tengo el viento a mi espalda, para evitar sollozos cuando viene de cara.
           En mi anhelo por devolverte todo aquello que a mi ánimo regalas, me excedo a veces en mi entrega y no mido el alcance de la batalla que emprendo, batiéndome en retirada hasta otro próximo lance. Tu enseguida me consuelas poniendo otra vez a mis pies otros retos y otras rutas que me curen la memoria, que restauren mi sonrisa y ahuyenten de mí la pena.
         El azar, que me hizo antaño quererte y trabó mi relación con las zancadas, me sigue hoy haciendo deudora de los beneficios que consigo y por eso mismo preciso, al despertar la mañana, volver a calzar mis pies y salir a trotar mundos, para buscar mas motivos de turbarse a mis sentidos, de renacer a mi ser y a mi corazón de seguir, persiguiendo los latidos, a fin de renovar los votos que forjaron mi amistad contigo.
          Por estas razones, si fueras una persona, te declararía mi afecto, pero vives en mi mente y te expresas con mis piernas y ellas escriben las letras que describen mi pasión, haciéndome declararte que te echo de menos cuando mi pulso, que en tu presencia se altera, se muestra lento y esquivo a la emoción que concitas.Y te extraño, en esa ausencia de palpitaciones de un corazón entregado, que tú enseñaste un buen día a batir acelerado.
Aurora Pérez
(Atleta española veterana)


Con la llegada del calor y buscando un poco de serenidad la semana pasada empecé a salir a correr tranquilamente por los caminos cercanos a mi pueblo sin mirar el reloj y buscando relajarme. A un ritmo muy lento y casi rondando las dos horas recorrí muchos de los sitios por donde el año pasado entrenaba los 100 kms Madrid-Segovia y de repente sentí añoranza, eché de menos esas mañanas interminables de rodajes largos y solitarios por pistas llenas de polvo a pleno sol, con mi camel-back a la espalda y un montón de ilusiones en la cabeza. Habrá quien piense que soy masoquista pero eché de menos tener por delante 100 kms a los que enfrentarme, buscar de nuevo mi límite con el ultrafondo, buscar el desafió a mi voluntad. Así que por segundo año consecutivo he decidido volver a participar en los 100 kms Madrid-Segovia.

¿Por que repetir de nuevo la misma carrera? 
Por varias razones y sobretodo por una. Para mí es como correr en casa. Parte de su trayecto tiene las marcas de mis zapatillas de muchos entrenamientos pues vivo a escasos metros del Camino de Santiago, atraviesa la sierra norte de Madrid que tanto me gusta y algunas poblaciones muy unidas a mi vida personal . En definitiva, a su recorrido y a la tierra que se pisa, como dice la atleta Aurora Pérez, si fuera una persona le declararía mi afecto.
A todo esto, añadir que tengo engañados a tres amigos para formar equipo y que la organización de esta prueba es excepcional.

¿Y donde está el reto para mí si ya fui finisher de esta prueba
Yo creo que el ultrafondo siempre es un reto aunque se haya completado la carrera anteriormente. El tiempo y la distancia dan de sobra para ir poniendo trabas y complicar siempre los planes, pero siendo como soy, este año no me conformaré con llegar. El año pasado no me planteé ningún tiempo y tarde algo más de 21 horas, pero en esta edición, la tercera, le plantaré cara a las agujas del reloj. 

¿En que tiempo? 
En ello ando, tramando con la calculadora, con mis piernas y con mi estado de forma actual que es algo mejor que el del año pasado. Habrá que meditarlo esta semana en la que oficialmente doy comienzo a mi preparación.

El 22 de septiembre Segovia me estará esperando.



Cuando me faltas...reto...te añoro.