A la semana de correr el maratón de Madrid ya hay cosas que en frio se van viendo de otra manera...



Hoy me he encontrado con un compañero maratoniano, de esos de 2:40 y de “hay que subir Alfonso XII con la baba colgando” (palabras textualísimas) y me ha dado algo de cera, después de haberme felicitado al día siguiente de la carrera, eso sí. Según él, mi resultado no refleja los entrenamientos que estaba llevando ni mi marca de media maratón, y que mantener el ritmo en la segunda mitad con el perfil de cuestas del recorrido y terminar con la cara fresca con la que llegué, es síntoma de que me exprimí poco y me hice la remolona. Y en cierto modo comparto con él esta conclusión.


Estoy satisfecha de mi primera experiencia en esta distancia pero también es verdad que hay algo que me hace pensar que no aproveché mi preparación al 100%. He recibido muchas felicitaciones, que se agradecen enormemente, pero también alguna “crítica”, y aquella de la que se puede aprender… también se agradece. Así que mis sentimientos a día de hoy son encontrados.

Terminé los 42 km sin pararme y me quité el miedo a lo desconocido acabando por debajo de 4 horas pero corrí reservona y algo acobardada. Y sí, disfrute mucho del recorrido, de la gente, de mi gente y eso no lo cambio por nada...sin embargo el cuchillo me lo dejé en casa. Y no es que no me costara acabar, pero en otras carreras me ha costado mucho más y esto me deja un sabor pelín amargo. Sin embargo no me preocupa…tarde o temprano me tomaré la revancha…


La madre de Ciry, que colaboraba de voluntaria, colgándome la medalla a la llegada. 
Toda una alegría.



El domingo pasado, en tan solo unos segundos, cuando crucé la meta después del subidón de los últimos metros, me invadió cierta nostalgia. Fue como si tuviera que despedirme de alguien que ha vivido 4 meses conmigo, en los que nos hemos divertido pero también ha habido momentos de “que ganas tengo de que te vayas”…y justo cuando se va…ya se le echa de menos.

La sabiduría popular maratoniana es bastante certera y se ha equivocado en poco de lo que he vivido desde que decidí correr un maratón hasta que lo terminé, y no podía ser menos con lo que tocaba al día siguiente: ya estaba pensando en el próximo. 
Estoy enganchada irremediablemente y aunque no entraba dentro de mis planes correr dos maratones este año…ya hay uno que me tienta para otoño…Dublín. Habrá que meditarlo. Ahora tocan unas cortas vacaciones, a la vuelta ponerme al día con el resto de blogs y a continuar dándole a la zapatilla.