Son las 8:15 y delante del edificio del Ayuntamiento hay una marabunta de gente. Es el punto de encuentro de la quedada bloguera y en cuanto llego a los aledaños me doy cuenta de que la sonrisa boba que yo llevo no solo es propia de reclutas novatos, sino que forma parte de cualquiera que hoy vaya a correr el maratón.
Allí empiezo a saludar a gente y no paro. Es un momento especial en el que mis compañeros virtuales de batallitas de corredores aparecen de carne y hueso ante mis ojos. Si los nombrara seguro que de alguno me olvidaría, así que espero que me perdonen. 
Compartimos nervios, expectativas y buenos deseos ante lo que nos espera. ¡Y como no! Una foto de familia que del año pasado a este...ha crecido un poquito.

Foto de Raul


El tiempo pasa deprisa y falta solo un cuarto de hora para que den la salida así que me despido y apurando mi bebida isotónica me dirijo a los corrales. Y nunca mejor dicho, porque entre tanta gente me siento como apretujada en un gallinero atestado de pollos. Suena mi móvil, una última llamada de apoyo, de esas que se agradecen profundamente, y cuando ya creo que nada puede ponerme más las pilas antes de partir... entre las casi 20.000 personas que allí estamos... aparece de sorpresa mi hermana!!! Ha venido sin avisarme desde Dublin para apoyarme!!! Pedazo regalo me llevo. Ya no puede enturbiar este momento ni la Sra. Botella dando el pistoletazo.



¡Empieza la fiesta! Tras unos minutos de pasitos de muñecas de Famosa piso la alfombra de salida. En esos momentos se me vienen a la cabeza dos personas, el profesor de autoescuela que hace 17 años me enseñó a conducir y Gonzalo. El primero por el día que me dijo: "Yolanda, que nunca te domine el coche, siempre tienes que ser tu la que le domine a él", y el segundo por ser quien me brindó ayer un último consejo en el blog (lo vi a tiempo) "Mucha cabeza, controla la carrera en todo momento y que ella no te controle a ti". Así que cambiando coche por cuerpo y rodando a un confortable ritmo de 5'50'' mi primer kilómetro tengo claro mi mantra: 

cabeza,... domina el cuerpo,... domina la carrera, 
cabeza,... domina el cuerpo,... domina la carrera,
cabeza,... domina el cuerpo,... domina la carrera,

Pero de pronto, antes de llegar al km 2 algo me avisa de que dominar el cuerpo no va a ser fácil...

¡¡¡No me lo puedo creer!!!

 Jamás de los jamases me ha pasado en ninguna carrera y siempre hago las mismas cosas y de la misma forma pero está claro que cuando Murphy tiene ganas de guasa, impone su ley....

¡¡¡¡Tengo ganas de mear!!!! ¿Pero como me puede pasar esto? ¡Acabamos de empezar y he pasado por el baño como Dios manda!

Intento tranquilizarme pensando que quizá se me pase y sea fruto de los nervios. Pero la tarea es complicada cuando no hago más que ver como van desfilando delante de mis narices uno detrás de otro corredores que se desahogan fácilmente junto a un árbol, entre dos contenedores o entre los coches... ¡Pero a mí no me parece que yo lo tenga tan fácil y menos en plena Castellana!

Al paso por el Bernabeu me distraigo algo de mi tragedia urinaria. Allí llega el  emocionante momento en que corredores de la carrera de 10 km se separan por un lado y los de la maratón continuamos por otro aplaudiéndonos y jaleándonos. Recuerdo que el año pasado yo me encontraba del otro lado y también aplaudo. 

Km 4 y sigo sin dominar mi cuerpo. Km 5 (28:23) y llega el primer avituallamiento... pero como es lógico cualquiera piensa en beber un solo buchito de agua cuando lo que quiere es desaguar. Así que antes de llegar al km 6 decido que ya basta de hacer el tonto y aguantar, y que me da igual perder un par de minutos, que esto ni se pasa ni se suda ni se evapora. Corremos junto a una calle algo más estrecha y menos concurrida y ante la cara de sorpresa de un policía que estaba cortando el tráfico me salgo del recorrido y pongo fin a esta tortura.

Ahora sí... "cabeza,... domina el cuerpo,... domina la carrera" 

Y sin perder de vista los ritmos de mi gps y sin emocionarme mucho con los tramos cuesta abajo llego cómodamente al km 10 en 58:32. Avituallamiento, par de traguitos de agua y a continuar. Como me siento bastante fresca de fuerzas decido dejar el gel para el km 15, así aguantaré hasta el km 25 para el segundo y alrededor del 35 el tercero si es necesario.
A estas alturas de carrera ya he descartado la idea de intentar bajar de 3:50, no quiero vivir esto agonicamente y voy cómoda con el ritmo que llevo, un poco alta de pulsaciones (170) pero cómoda, así que mi máxima es mantenerlo y conseguir llegar antes de las 4 horas. 

Van pasando los kilómetros y clavando ritmos llega el  15 (01:25:30). Avituallamiento, aguita y gel. No hay signos de cansancio...y lo que es más importante, mis aductores están calladitos.

Hasta esos momentos la animación por las calles ha sido escasa pero llegados al km 17 intuyo que llega lo bueno, lo prometido en crónicas maratonianas de ediciones anteriores...¡las calles céntricas de Madrid! Y lo que es mejor...mi primer punto de apoyo psicológico... "mi club de fans" particular uniformados con sus camisetas. Enfilo la calle Fuencarral esperando que en la esquina con Gran Vía estén y acelero el ritmo sin darme cuenta. Y allí les veo, Alberto y Pedro subidos en unos bancos animándome con fuerza y regalándome una mañana de domingo en la que no les ha importado madrugar.


Con emoción entro en Gran Vía y veo que va aumentando el número de personas situadas a ambos lados de la calle. En ese instante soy más consciente de que atravieso mi ciudad, de que nos han prestado Madrid a una panda de "locos y locas" en zapatillas para que corramos durante varias horas. Y llega la Pz de Callao, y hay un escenario, y suena música, un tío subido en un camión canta, y yo levanto la mano y le señalo sonriendo, y él me señala y sigo corriendo por la calle Preciados y la animación aumenta y se me sube un nudo a la garganta....me siento en una nube...


Y llega la Puerta del Sol...y haciendo honor a su nombre un sol radiante parece que lo inunda todo...y otro escenario, y suena más música, y la gente aplaude más... y atravieso un portalón...


...¡Y de pronto oigo mi nombre! Es mi padre cámara en mano y en un lugar privilegiado. No le esperaba, es toda una sorpresa y apenas me da tiempo a corresponderle con una sonrisa pero me produce una gran alegría. Recuerdo entonces que no he visto todavía a mi hermana Beatriz. No sé donde me esperará, no me gustaría perdérmela pero la incertidumbre también es un aliciente.

Al paso por la la calle Mayor veo al fondo algo como una instalación de agua por aspersión para que nos refresquemos. El tiempo es bueno y apenas tengo calor, pero paso por debajo y dejo que el agua me moje durante unos instantes. Atrás queda el km 19 y atravesamos la calle Bailen con una de las vistas más bonitas del recorrido, el Palacio Real. Y llega el kilómetro 20 (01:52:18) y hago un balance de lo que llevo de carrera: 

cabeza... muy bien, estoy disfrutando y mis pensamientos son positivos, no me planteo si puedo o no puedo, sencillamente corro

cuerpo... mejor de lo esperado, no hay signos de cansancio y las piernas van frescas, van solas... aunque noto una ligerísima molestia en la ingle, ¿será el aductor?, prefiero no pensarlo

carrera... en su sitio, he conseguido llegar casi a la mitad con un ritmo constante, sin tirones ni exceso de esfuerzo.

En medio de mi análisis llego casi al final de la calle Ferraz, punto clave...¡que digo clave! ¡importantísimo! Tras el km 21 me espera la persona sin la que estoy segura no afrontaría lo que me queda con la seguridad y el empuje que tengo cuando le sigo, David. Una vez más sacrifica su velocidad del rayo para acompañarme de liebre y hacer de mi reto también el suyo.
Le veo a lo lejos, cruzo el portalón de la media en 01:58:37, me uno a él y empieza una nueva carrera...

¡Y tan nueva! Había olvidado que con mi liebre no me puedo andar haciendo la remolona. Veo que mira su gps y ya se lo que toca. Así que aceleramos un poco aprovechando una larga bajada y compruebo que puedo seguirle perfectamente (no sé porque a veces me da tanto miedo aumentar el ritmo). Atravesamos la avenida de Valladolid y el Paseo de la Florida, se me hacen un poco largos y aburridos pero pienso en el km 25. Allí me esperan de nuevo mis amigos, y esta vez se habrá unido Chus. De repente la animación aumenta, no se de donde sale toda esta gente pero en la glorieta de Principe Pio se situan a ambos lados de la carretera. Hay un nuevo escenario con un grupo tocando y siento otro subidón. Y por fin les veo, y me animan sonrientes a grito pelado y saltando.

¡Sois unos cracks! ¡En la próxima me traigo yo la cámara y os hago a vosotros la foto! ¡Coño que os lo merecéis!



El momento es breve pero intenso, y con él paso el km 25 en 02:18:48 con una energía que no me acabo de explicar. Atravesamos Madrid Rio y ya estamos a las puertas de la temida Casa de Campo. He leído en numerosas ocasiones lo difícil que se hacen los kilómetros aquí, que el silencio se apodera de la carrera para dar paso a jadeos fatigados y dolores que hasta ese momento estaban ocultos o no habían aparecido. Y sin darme cuenta, a pesar de que David no se cansa de darme ánimos y decirme que voy muy bien, mi mente comienza un chequeo corporal del que no le digo nada... dolores en las ingles, molestia en el aductor, hombros cargados, pesadez de estómago que a penas me invita a beber en los avituallamientos...y justo en ese momento...

- Yolanda, mira el lema que lleva en la espalda el tipo que tienes delante

"El dolor es pasajero...pero la gloria es eterna"

Aprovecho esta aparición como caída del cielo para centrarme de nuevo en la carrera. Además lo importante es que sigo sin sentirme cansada y nuestro ritmo no baja.
El recorrido por la Casa de Campo no me parece tan terrible como esperaba. Para mí es un momento de tranquilidad, un tiempo para, alejada del bullicio de las calles, pensar en lo que estoy haciendo, prepararme para lo que queda por delante y caer en la cuenta de que...

¡Ya hemos pasado el kilómetro 29! ¡¡¡Quedan menos de los que ya llevo recorridos!!!


Llegados a estas alturas hay que buscar pensamientos positivos y caer en la cuenta de que solo me quedan 13 kilómetros me calma hasta las molestias físicas. Decido a partir de entonces únicamente pensar en lo que me resta de distancia hasta la llegada.

Y llego al kilómetro 30 (02:47:49) sin ganas de tomarme el gel, pero me obligo porque desde el 15 donde me tomé el primero no he vuelto a ingerir nada. David me acerca la botella de agua del avituallamiento. Decido andar unos segundos mientras bebo para no atragantarme y cuando reanudo la marcha...noto las piernas cargadas, sobretodo los cuádriceps y se me hacen más presentes los dolores de las ingles. Parece irónico pero tengo la sensación de que se está mejor corriendo.

Y corriendo otra vez al ritmo regular que hasta ahora he llevado recuerdo una de las frases más citadas entre la gente que comenta en mi blog y que sobretodo Rafa el Abuelo no se ha cansado de recordarme...

"El verdadero maratón empieza en el km 30"

¡Pues a ello hemos venido, Maratón de Madrid! No sé lo que me espera a partir de ahora, nunca en mi vida he corrido más de 30 kms seguidos sin detenerme, pero estoy preparada para tu tío del mazo y tus malditas cuestas.

Y con esta autoarenga mental el "paseo" por la Casa de Campo va llegando a su fin, apenas queda 1 kilómtero. Tomamos una curva que ya no estoy para recortar y veo otro "artilugio" de esos que echan agua para refrescarnos. Apenas pasa gente por debajo pero no se por que a mi me entran unas ganas locas de empaparme y disfrutar como si fuera una niña jugando en el parque con los aspersores. Y cierro los ojos y paso por debajo.


Y en medio de esta fiesta acuática que me marco... cuando vuelvo a abrirlos...

¡¡¡¡¡¡Vamos Pingüina!!!!!

Mi hermana y su amiga Paloma me animan emocionadas, y emocionada yo me tiro a sus brazos. Hasta casi pierdo a mi liebre que no entiende nada de lo que acaba de ver. Y mientras se lo explico de pronto me encuentro en medio de una cuesta tremenda que no sé quien ha puesto allí con un mogollón de gente agolpada a los lados animando como si fuéramos ciclistas subiendo el Tourmalet. ¡Esto es increible, casi ni me importa el esfuerzo que requiere subirla!

Finalmente, después de casi 7 kilometros por este parque de Madrid, volvemos a las calles, km 32. Cuesta abajo por la avenida de Portugal aprovecho para recuperar un poco las pulsaciones y soltar algo las piernas. Aunque las molestias físicas no desaparecen, no aumentan y por alguna extraña razón no las percibo como avisos de peligro, me acompañan, las siento como si formaran parte de mi y solo del momento que estoy viviendo...Por ahora no me asustan.

Al llegar al final de la avenida recuerdo mi siguiente cita...


No sé el punto exacto pero sé que al doblar la curva que tengo en frente por allí andarán de nuevo mis amigos. La animación aumenta. La gente no se cansa de dar ánimos y de levantar sus pancartas, y yo les aplaudo...

¡¡¡¡¡¡¡¡Yoliiiiiiiiiii!!!!!!!


No me fallaron. ¡Ahí están! Definitivamente hay tres cosas claves para reponer energías en un maratón, por lo menos para mí... geles, hidratación y animación en vena de mi gente.



Continúo más feliz que una perdiz sabiendo que a partir de ahora se acabaron estos chutes, no les volveré a ver hasta la llegada a meta, pero de pronto mientras sigo corriendo hay alguien que llama mi atención entre el publico que anima y decido pararme y volver atrás. ¡Es Tecolinha! Como prometió en su blog aquí está este año animándonos. Ella si que es grande y le deseo toda la fuerza del mundo en su maratón particular. Nos hacemos unas fotos y continuo sintiéndome afortunada de haberla podido saludar.



Y con este encuentro sorpresa he perdido a mi liebre. Corro en medio de un pelotón mirando a todos lo lados. 

¿Y si ahora tengo que continuar sola en los momentos más difíciles? ¿Habrá seguido y estará delante? ¿Corro más deprisa a ver si le alcanzo? ¿o quizá se ha parado y lo tengo detrás?

Por fin le veo y siento alivio. Le explico que ha pasado mientras llegamos al kilómetro 33.

Solo quedan 9 kilómetros...

Empiezo a sentir cansancio pero no bajamos el ritmo. David me dice que llevamos un poco de margen para bajar de 4 horas pero que no es mucho y hay que seguir como vamos. Hay que mantenerlo. Lo que ya no mantengo es la sonrisa. Lo que viene ahora sé que es serio, que la fiesta se acabó y el silencio del paseo de la Ermita del Santo parece que lo anuncia. Me concentro con la mirada al frente mientras me cuesta olvidarme del dolor que siento a la altura de la ingle. En realidad me duelen ambas. Si en algo he pecado en mi preparación es en la parte de musculación y creo que la falta de potencia y fuerza en los cuadriceps me descompensa tirando de otros sitios, sobretodo cuando tengo que levantar las piernas en cada zancada, asique trato de levantar poco los pies pero temo la llegada de las cuestas.

Tras el km 34 cruzando el puente junto al Vicente Calderon veo a varios patinadores de la organización ofreciendo Reflex a mansalva. Al pasar junto a uno le indico la zona donde me duele, las ingles, y me pulveriza encima del pantalón antes de salir pitando hacia otro corredor. La verdad es que me quedé como estaba, mi pantalón debió agradecerlo pero lo que es mis piernas...David ve mi cara...

Sigue corriendo no te pares...

...y vuelve con otro patinador que lleva gel frio. Esto es otra cosa. Me extiende un poco en la mano y me lo aplico en la zona directamente sobre la piel (a mi pantalón ya no le hace falta). 

Continuamos buscando el tiempo y ritmo perdido y llegamos al km 35 (3:16 48). 

Ya llevo más de 3 horas sin parar... ¿Y el tío del mazo?

Si algo me ha intrigado durante mi preparación después de leer tantas entradas de maratones es este tío. He oído hablar tanto de él que ya casi es de la familia. Y no es que le tenga miedo, pero me gustaría saber a que me tengo que enfrentar para plantarle cara.

¡Yoliiii!

¿Será el tío del mazo que me llama? ¡Pero si son mis colegas!

Aquí no me los esperaba y me alegra verles pero me temo que no les puedo corresponder más que con un gesto con la mano...


...y más sabiendo la que se avecina...¡el comienzo de la calle Segovia!

Jaal, corredor incierto, que acierto el tuyo con este tormento. Menos mal que estaba avisada.

Como bien cuenta este bloguero en una de sus entradas a estas alturas el cuerpo ya no está para bromas y la cuesta que me encuentro aunque no es muy larga, 300-400 metros, no se el desnivel que tendrá pero a mi se me hace brutal. Como mi máxima es no parar hay que subirla como sea, se que puedo con ella y paso a paso termino coronándola para llegar al km 36 sabiendo que ya solo quedan 4 kilómetros. 

¡Sí, solo quedan 4 kilómetros! Me como 2 porque yo lo valgo, porque sé que esos 2 últimos los correré como sea, sacando fuerzas de donde sea, de donde sé que las tengo...Así que solo hay que seguir 4 más...

Y no se como pero llega el km 37 y 38. A estas alturas corro como una autómata luchando contra unos fantasmas que no hacen más que decirme que me pare un rato, que descanse, que serán solo unos minutos, que no pasa nada por tenerse que parar... Hasta estos momentos del recorrido no había tenido pensamientos tentadores de este tipo pero sabía que aparecerían y no me pillan desprevenida. Se me vienen a la cabeza los consejos de Javier (Unyko) y la lectura que me recomendó durante mi preparación "Que pasa por la cabeza del corredor popular de maratón" (Tomás Vich Rodríguez). Así que lucho para borrar esos fantasmas apretando dientes y lo que sea. Y no soy la única como se puede ver en la foto.



Pero en la glorieta de Embajadores algo cambia...el calor de la gente me despierta. Si hasta ahora me han llegado sus gesto de ánimo a partir de este punto más. Cuando desde el anonimato recibes aplausos de personas que mirándote a los ojos te animan con palabras dirigidas a ti es algo extraordinario. Es una generosidad que me emociona y me da tal fuerza que atravieso la Ronda de Valencia adelantando corredores. 
De pronto alguien me llama desde atrás. Es Marcos (Belga). Le animo a no quedarse y a unirse pero me dice que tire. Y tiro. Me siento un tractor, lenta y pesada por dentro. Ya hace tiempo que veo a corredores que se detienen, otros van andando e incluso algunos están sentados en las aceras.
David anima a alguno sin olvidarse de mí...

Venga, vas muy bien. El Retiro está ahí mismo, ya llegas.

Y pasamos el km 39 y llegamos a Atocha...

Ahora sabes lo que toca. Esto ya te lo conoces. Sigue adelante sin aflojar.

Y claro que sé lo que toca... Alfonso XII y O'Donell. Recuerdo mi media maratón de hace un par de semanas y como subí estas cuestas. Ahora voy mucho más cansada y me duelen las piernas a cada paso que doy pero... no estoy corriendo una media...esto es maratón, el maratón que tanto he esperado. Comienza la cuesta y cada vez hay más gente andando y yo tiro y me acuerdo del Matraca y su frases y aguanto el genio y lo que haya que aguantar. Y llego al km 40 en 03:46:22....

Solo 2...solo 2... 2 kilómetros...

Y David leyéndome el pensamiento...

Vamos, vas muy bien, apenas 10 minutos más y lo tienes.

Ya no se si sonrío o mi gesto es de dolor pero sigo adelante. Y por fin el 41. ¡El kilómetro 41! Sigue costando cada zancada, sigue doliendo lo que tenga que doler, sigue siendo cuesta lo que recorro pero acabo de cruzar una linea mágica. Sabía que si llegaba a este punto estaba hecho. ¿Qué es 1 kilómetro más cuando se han recorrido 41?

De pronto oigo de lejos otra vez mi nombre. Es mi hermana de nuevo que me espera en este punto para darme el último empuje. Apenas acierto a saludarla con una gesto de cabeza y una leve sonrisa.



Llego a las puertas del Paseo de Coches de el Retiro y David me pone la mano en el hombro...

Lo has hecho muy bien, ahora disfruta tu momento.

Me deja sola y entro...

Y no se si será porque este es mi primer maratón pero de pronto me veo corriendo como si fuera el primer kilómetro, con una sonrisa de oreja a oreja, como si el tiempo se hubiera congelado, como si solo yo estuviera corriendo... 



Oigo las voces de la gente animando. Siento un nudo en la garganta y por unos momentos se me empañan los ojos. La meta se acerca....parece que no hay dolor ni esfuerzo... parece que no ha costado...parece una ilusión...Deseo atrapar este instante para siempre...




...y por fin cruzo la meta sabiendo que este instante... 



ya es mío para siempre.