Esta mañana, nada más levantarme, al entrar en la cocina un brick gigante de caldo Aneto me ha mirado desde la mesa. Ni más ni menos que 1,5 litros de caldo de pescado!!!!!


Desde hace unos años en la bolsa del corredor de algunas carreras de Madrid nos incluyen como regalo caldo de este señor, que el de pollo está muy rico, todo hay que decirlo y no iban a ser menos con la bolsa de la XII Media Maratón Villa de Madrid.
Ayer fui a recogerla junto con mi dorsal a la Feria del Corredor de la Casa de Campo y tan contentina que me marché sorprendida del derroche de generosidad de dicha bolsa llena de panfletos, revista deportiva, barritas energéticas, bolitas de chocolate que en mi mano sí se derriten, glucosa, buff conmemorativo, una interesante cartera de tela que se convierte en bolsa... y el famoso caldo (que no se si hay que tomar antes, durante o después de la carrera).



En mi plan de entrenamiento de cara a la maratón solo quise incluir dos carreras, dos medias, para no estresarme mucho ni salirme de mi objetivo, porque me conozco y a mí los dorsales me pierden, aunque no sea mucho lo que consiga...pero me pierden. En la VI Media de Mérida del pasado 4 de marzo logré controlar el ansia viva que me entra nada más cerrar el imperdible, correr una buena carrera y comprobar sin sufrir que iba por el buen camino. Pero en la cita del próximo domingo... no sé si podré contenerme.  

¿Serán los nervios al ver que el 22 se acerca? ¿Serán las ganas de que se acerque? Lo que si sé, es que son ganas de ponerme a prueba, que es en mi ciudad, que conozco el recorrido, pero sobretodo.... que el año pasado, apuntando a la luna en mi primera media maratón llegue a las estrellas, quise bajar de 1:50 y me quedé sobre el 1:51. Y pelín de orgullosa que es una y cabezona todo lo demás, no puedo presentarme en el Parque de el Retiro el próximo domingo si no es con el cuchillo entre los dientes e intentando de nuevo ese sub 1:50.

Y si no lo consigo...pues me tomo un caldo y a por lo que interesa, mi primera maratón.