100 Kms Madrid-Segovia 2011 (Parte II)

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09:45 CERCEDILLA – CALZADA ROMANA
(KM 63 – KM 70)
Después de ajustarme el frontal, colocarme unas muñequeras reflectantes y encender la luz roja intermitente que todos tenemos que llevar obligatoriamente, salgo del polideportivo y de manera inconsciente me pongo a trotar. No llego lejos, el dolor de la uña del pie es demasiado punzante cuando corro. Me da pena pero es mejor que concentre mis energías en aguantarlo andando que es más leve.
Atravieso el pueblo de Cercedilla a paso vivo mientras recuerdo las palabras que unos minutos antes me dijo una mujer en el baño.
¿Y vas a ir sola toda la noche? A mí me daría miedo. Yo que tú me uniría a algún grupo. Si te quieres venir con nosotros…

100 Kms Madrid-Segovia 2011 (Parte I)

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A través de la persiana entra luz. Ya es de día y abro los ojos  sin el aullido del despertador. Si no fuera por los dolores que se van despertando también  a cada movimiento de mi cuerpo, éste hubiera sido uno de mis despertares más apacibles en mucho tiempo. Es lunes y son las 09:30 de la mañana, ya casi han transcurrido 48 horas. En la mesilla está el libro de Kilian Jornet, de cuya lectura me he ido alimentando durante la semana previa a mi locura. Me incorporo de la cama y compruebo que hoy me duele más que ayer. Cada rincón de mi musculatura pide clemencia y solicita audiencia con el descanso. Me vuelvo a sentar en la cama lentamente, miro el libro y me pregunto ¿por qué corro?  



“Podría dar la excusa de que quiero volver a sentir la subida de endorfinas al cansarme… Podría decir que corro por el bienestar que me aporta, por la salud o para poder desconectar de los problemas. Podría ser para suprimir algunas pulsiones reprimidas durante mi niñez o para lograr pertenecer a algún grupo… Quizá es para perseguir mi destino o para escapar de mis miedos. Quizás es para reencontrar el entorno romántico que hemos perdido en nuestras actuales vidas o crearnos nuestra historia dramática y heroica…”  (*)

A mi cuerpo no le vale y vuelve a quejarse mientras camino lentamente hasta la cocina en busca de mi desayuno. Y ya con esa taza que sujeta mi mano vuelve a insistir. ¿Por qué corro? ¿Por qué 100 kms si luego duele tanto?




A 4 dias de 100 kms

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Hoy me he puesto de nuevo las zapatillas después de casi dos semanas hecha una piltrafilla para tareas deportivas, ya sin fiebre ni aerosoles descongestivos. Sólo mis zapatillas y yo. Y he disfrutado al comprobar que todo sigue en su sitio, pulsaciones incluidas. Han sido unos cómodos 5 kilómetros de autoreconocimiento a 6'40''/km, donde el pulso no ha subido de 145 y con los que me he quedado con ganas de más. Pero tan sólo quedan 4 días y los deberes ya tienen que estar hechos.
En la mochila quedan alrededor de 440 kms de trote durante las últimas 10 semanas en un tiempo aproximado de 51 horas 25 min, combinados con sesiones de bici de montaña, spinning en el gimansio y caminatas de trekking.


Enganchada a la botella

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Como  reza el título de esta entrada así me encuentro todas las mañanas desde hace tres días, enganchada a la botella... de oxígeno. Pero no alarmarse, que la cosa suena mal pero se trata ni más ni menos que de la aplicación de aerosoles descongestivos en la sala de enfermería de mi centro médico. La infección de garganta de la semana pasada ha terminado viajando hasta mi oido y ahora es poco o nada lo que oigo por él, cosa nada preocupante para lo que hay que oir a veces, pero sí la congestión que persiste y  su incómodo dolor.  Asi que tras el antibiótico de rigor (que he tratado de evitar todo lo posible, porque dicen que debilita el cuerpo unos días), sesión de aerosoles diaria para ver si la invasión de moco que me congestiona rompe filas y se pierde para siempre.