Como  reza el título de esta entrada así me encuentro todas las mañanas desde hace tres días, enganchada a la botella... de oxígeno. Pero no alarmarse, que la cosa suena mal pero se trata ni más ni menos que de la aplicación de aerosoles descongestivos en la sala de enfermería de mi centro médico. La infección de garganta de la semana pasada ha terminado viajando hasta mi oido y ahora es poco o nada lo que oigo por él, cosa nada preocupante para lo que hay que oir a veces, pero sí la congestión que persiste y  su incómodo dolor.  Asi que tras el antibiótico de rigor (que he tratado de evitar todo lo posible, porque dicen que debilita el cuerpo unos días), sesión de aerosoles diaria para ver si la invasión de moco que me congestiona rompe filas y se pierde para siempre.


Ya había leido a través de los blogs de quienes han completado maratones, que es habitual caer enfermo después de la carrera. Pero está visto que mi cuerpo no ha querido esperar y ha pegado un bajón de defensas en este último tramo que me deja en estos momentos con una debilidad inexplicable, unas sensaciones pésimas cada vez que salgo a correr y las pulsaciones muy altas. Ayer salí a rodar media hora y prácticamente no bajé de las 180 pulsaciones por minuto a un ritmo pocilguero de 6'05''/ km.

No entiendo nada. Hace tan sólo tres semanas me sentía fuerte corriendo 25 kms y ahora que se supone que ya no falta mucho... 

Bajo este estado de cansancio pensar en recorrer la distancia de 100 kms se me hace duro.

Por supuesto, mi ánimo se ha visto también afectado. He estado algo alejada de estos lares y de vuestros blogs (mil perdones). No pensaba escribir ninguna entrada hoy. Contar lo que he contado no me parecía digno de mención. Y confiaba encontrame más animada en unos días. Pero he recibido un comentario de Belén Pegasus en la entrada anterior que ha conectado conmigo y que ha significado sa colleja que necesitaba.

"¡Espabila, mujer!"

Desde aquí se lo agradezco. Dicen que "mal de muchos consuelo de tontos", y yo debo ser muy, pero que muy tonta. Conocer que a alguien le ha pasado algo parecido consuela, leer como sus palabras describen como me siento reconforta, pero además en su caso animan. 
Las expectativas que tengo ante mi reto de completar la carrera ahora mismo no son muchas, pero... ¡que diablos! Disfrutaré lo que pueda. Si mi debilidad general no desaparece en la próxima semana saltaré a la arena y torearé los kilómetros que pueda como si fueran los únicos que me faltan. Porque si hay una batalla que se pierde es aquella en la que no se lucha.

Pegasus, tienes razón, "el cuerpo humano es un misterio" así que... ¿por que no tomarme con tal misterio mi carrera?