Todo buen guión cinematográfico que se precie se divide al menos en tres partes: planteamiento, nudo y desenlace. En ocasiones se sucende más de un nudo que va retorciendo la trama y alargando el suspense hasta llevar al espectador al borde del patatus, dando botes en su butaca y sin palomitas que comer, para terminar en el sorprendente a veces, esperado otras, desenlace.  A estas alturas de mi película, yo me encuentro en medio de uno de esos nudos. Bueno, digamos que es un  nudito.


La semana pasada mis entrenamientos se vieron interrumpidos tras 13,5 kms el martes, por un inesperado dolor en el abductor izquierdo. Al día siguiente decidí coger la bici para que no empeorara la cosa y no quedarme parada. Y a peor no fue, pero tampoco a mejor, y el jueves me seguía doliendo, asi que otro poquito de bici, y a cerrar la semana con 13 míseros kms, ya que el viernes salía de viaje para ir a una boda en Asturias.

Este lunes, empecé una semana nueva, pero llegar de un viaje y compaginar algun evento me puso dificil salir a correr. El martes en cambio... ¡era mi dia! Me levanté con ganas de ponerme las zapatillas y empezar a remendar la semana anterior con una buena tirada. Tocaba 1 hora y 30 minutos a ritmo "supercómodo" así que estaba chupao. Y piano-piano... empecé a gastar suela comprobando que el abductor estaba en su sitio y sin quejarse, pero vi como inesperadamente mis pulsaciones se subían por las nubes. Tanto, que solo faltó que alguien por el camino me parara y me dijera:

- ¿Aquellas 190 pulsaciones de ahí arriba son tuyas?
- Sí
- ¿Estás segura?
- Sí, ¿que pasa?
- ¿Con lo despacio que vas? ¿Y corriendo cuesta abajo?

Efectivamente aquello no me parecio normal. Me paré varias veces a recuperar andando las malditas pulsaciones. Me las tome en vivo y en directo con los deditos en la yugular, y el pulsómetro no mentía, en cuanto comenzaba otra vez a correr... zas se disparaban solitas. Pero yo..erre, que erre, que no podía ser, que tenía que seguir, que a falta de tres semanas para mi gran cita no podía emborronar de aquella manera otra semana más en mi plan de entrenamientos. Al final conseguí hacer otros 13 kilómetros (¿este número va a ser prermonitorio?) pero llegué a casa con un malestar extraño. A pesar de estar en verano y venir de pegarme la panzada a sudar... tenía frio. ¿Que pasó después? Pues un nudito en mi trama: fiebre y dolor de garganta. Es lo que tiene ir en tirantes a una boda por la tarde en Asturias. Que se puede coger demasiado fresquito.


Desde ayer por la tarde estoy dopándome con couldina y lo que es más curioso, deseando en pleno agosto un tazón de caldo bieeeeeen calentito! A ver si este atontamiento se me quita pronto de encima porque temo  mucho, muchisimo, otra semana en blanco a falta de 15 días para la gran cita. De momento hoy me ha sido imposible salir a correr, y por el camino que veo que lleva mi cuerpo en estos momentos no se si mañana estará para ello. Aunque por otro lado, me pregunto si sera verdad eso que dicen de que haciendo deporte se aceleran los procesos gripales y catarrales. En fin, si de lejos veis mañana a alguien corriendo con un termómetro en la boca no os asusteis, es para comprobarlo.