Correr me ha enseñado que el seguimiento de una pasión es más importante que la pasión en si misma. La realización consiste en sumergirse en algo profundamente y sentirlo intensamente desde el corazón, mejorando continuamente y sin abandonar nunca: en eso radica el éxito.

Dean Karnazes

Erase que se era... hace ya algunos meses... una amiga que convence a una pingüina para apuntarse a una carrera de 100 kms.... otra amiga que por allí andaba también se apunta.... y la pingüina que acaba animando a otro pingüino al que tampoco hacía mucha falta animar. ¿Resultado? Los pingüinos se vuelven locos durante el verano correteando para arriba y para abajo, comprando cachivaches en el Decathlon y probando barritas, geles y demás guarrerias deportivas-energéticas, acumulando kilómetros y almacenando ilusiones. ¿Las amigas? Una de ellas se marcha a correr por los Alpes con los perros y a surfear por el Cantábrico, y la responsable de la demencia de los pobres pajaritos está "missing" durante estos meses, hasta que a falta de cuatro semanas para la gran cita, aparece dejando claro que nuestra locura no va a ser compartida.


Ayer tocaba cerrar la semana con la última salida longa-longa del plan de entrenamiento antes de ir bajando el volumen de kilómetros en las próximas e ir relajando un poquito el cuerpo. Como no conocía el terreno de los últimos 50 kms de la carrera pensé que sería buena idea hacerlos y así saber lo que nos esperará en el tramo que tengamos que hacer de noche ese día.
Luis, quería compartir conmigo este entrenamiento y sin pensárselo dos veces se vino desde Cantabría ampliando así su margen de locura. Nuestra amiga Fátima también se apuntó a ultima hora, así que los tres mosqueteros nos plantamos pasadas las 8:30 de la mañana en las inmediaciones de la carretera que sube a Navacerrada a la altura de Mataelpino para coger el camino de Santiago con destino a... ¡Segovia!



Lo único que sabía del recorrido era que partiamos pasado el km 50 y que tenía este perfil:


En seguida nos dimos cuenta de que este tramo, el día de la carrera, va a ser duro de narices con el cansancio que llevaremos. Pero no era momento de ponerse pesimistas. Habíamos venido a lo que habiamos venido, y ¡pim, pam! ¡pim,pam! después de senderos ligeramente empinados y atravesar las calles demasiado empinadas de una urbanización, nos plantamos en una pista asfaltada con ligera bajada que nos dio un respirín. Era el km 5 y nuestra amiga nos deja con la incertidumbre de si sabrá deshacer el camino recorrido y llegar hasta el coche (nos llamó dos horas después... había recorrido un montón de kilómetros pero...¡lo había logrado!).
Luis y yo continuamos y comenzamos a inquietarnos ante las cifras de nuestro GPS y la aparición demasiado temprana del pueblo de Cercedilla. Debiamos llegar a los 11 kms y apenas llevábamos 9.

"¡Pero si no vamos tan rápido! ¡No puede ser!" "¿No será otro pueblo?" "No. Tiene que ser Cercedilla."

Efectivamente era Cercedilla. Compramos un par de botellitas de agua, ya que el resto del camino no pasaba por ninguna población hasta  Segovia, y continuamos con nuestro "viaje". Y trotando, trotando, la cosa se va poniendo cada vez más dificil. A la salida de este pueblo una carretera nos va llevando de subida hacia las Dehesas, y debemos llevar en torno a 18 km recorridos (el GPS de Luis ha muerto y mi GPS marca 11 km)  hasta que el camino se desvía por un pedregal empinado hacia el Alto de la Fuenfría.

He aquí el documento estremecedor que lo demuestra:



Y llega el momento de andar un ratito, nada de heroicidades, entre otras cosas porque mis piernas empiezan a avisarme de que están ahí abajo y se supone que todavía nos quedan más de 30 kms, y sobretodo que para heroicidades ya están otros... Sobretodo la fémina que me adelanta subiendo, corriendo y de charleta con su amigo... y mostrando una tripa dura y firme sin atisbo de lorcilla como la mía (no se si me molestó más esto que su ritmo de cabra montesa...). ¡Vamos que una no puede ni jugar a atletilla perdida en la montaña!

Después de esta humillación y sucumbiendo ante la llamada del riachuelo, Luis y yo nos detenemos un rato junto a un arroyo a refrescarnos y a comer alguna barrita.
10 minutillos después ya estamos de nuevo subiendo por el pedregal y sin darnos cuenta nos plantamos en el Alto de la Fuenfría más contentos que unas castañuelas, sabiendo que a partir de allí ya casi todo es bajada. Se supone que deberiamos estar en el km 26 de nuestro entrenamiento y mi GPS marca 17 (el de Luis sigue muerto). Comenzamos a correr y con un subidon de la leche bajamos saludando a senderistas que alucinan más por nuestra cara de "pingüi-cabras" felices que por nuestro ritmo trotón. Llegamos a la Fuente de la Reina, que por el nombre parece que "¡peazo fuente te vas a encontrar!", y no señor, es un piloncito muy apañado, pero piloncito al fin y al cabo. Nos refrescamos zambullendonos casi de cabeza ante la atenta mirada de algun ciclista que se acerca bidón en mano, y continuamos nuestro camino. Seguimos desconcertados por el kilometraje recorrido hasta ese momento segun el GPS (20 km) y ya sospechamos que vamos a recorrer menos de los 50 kms esperados.

Los kilómetros van pasando en un trote cómodo de bajada en el que incluso vamos charlando y soñando con próximas aventuras (¡que peligro tenemos!) y llegamos al 27. Allí comprobamos que la arboleda se acaba, que hasta ese momento habiamos ido bastante frescos pero que al fondo se ve un secarral en el que vamos a cocernos vivos. Así que decidimos parar un rato, comer algo, estirar y hacernos unas fotos para no quedar en el olvido por si de aquella no salimos con vida.



Volvemos a armarnos de valor con unos buchitos de bebida isotónica recalentada a la espalda y nos sumergimos en vias pecuarias carentes de toda sombra. Y de repente... sin aviso alguno... sin saber de donde me viene... un mazo me aplasta contra el camino y me deja trotando con la cabeza gacha tratando de seguir los pasos de Luis, lamentando estar en esos momentos allí, avisándome de cada rincon de mi cuerpo repleto de cansancio y dándome infinitas razones para dejar de correr y mandar todo al carajo. Mi compi de carrera de vez en cuando se da la vuelta pero yo trato de disimular para que no se de cuenta de mi lucha interior de esos momentos. Le veo tan fresco que no quiero ser pájaro de mal agüero y arrastrarlo conmigo.
Al fondo compruebo que el camino pasa por un tunel bajo una carretera y que hay algo de sombra. Es mi gran meta, allí pido tiempo muerto. Descansamos unos minutos, estiramos y tras beber agua más que recalentada emprendemos la marcha. Al llegar a la zona urbana de Segovia no puedo más, ya sólo quiero andar. Debemos llevar alrededor de 35 kms y más de 5 horas. El cansancio se ha apoderado de mí y lo que es peor... el mal humor. Luis da fe de ello (gracias por aguantarme Pingüino). Atravesamos calles siguiendo las flechas amarillas y por fin... a las 14:45... ¡el Acueducto! Siento algo extraño al verlo, es una sensación agridulce. La ilusión y el deseo de repetir esa entrada dentro de un mes se mezclan con el dolor y el cansancio que siento en esos momentos.

Nos hacemos unas fotitos para seguir documentando (ya sin estremecer):


Y nos dirigimos a la estación para coger un tren de vuelta a Madrid.

Al final según mi loco GPS recorrimos 40,2 kilómetros en aproximadamente 6 horas descontando las pausas.


Resumen semanal:

Martes ----------------- 10 kms (bici)

Miércoles -------------- 18 kms (ritmo medio 7'33''/km) ----------- 02:14:48

Jueves ------------------ 10 kms andando + 6 kms (ritmo medio 5'41''/km)

Sábado ----------------- 40 kms ----------------------------------------- 06:00:00