Recientemente he descubierto un nuevo nido de cigüeñas blancas. En mi pueblo estas estilizadas bellezas aladas ya forman parte del paisaje. El embalse de Santillana siempre ha sido centro de reunión y parada obligatoria de numerosas aves en sus vuelos migratorios, pero desde que sus hábitos estan cambiando, muchas de las cigüeñas que hacen escala en esta parte de la península, acaban quedandose y estableciendo su nido aquí. Así que en los últimos años, ellas también han tenido su burbuja inmobiliaria y se han hacinado en el campanario de la iglesia hasta que el peligro de  abrirle la cabeza a algun viandante con uno de sus nidos si cae, las ha hecho anidar en sitios insospechados y repartirse por el resto del pueblo. 


 (c) Tabaré

El lunes cuando salí por la mañana con mi perra Lola, a dar nuestro paseo habitual por la ribera del rio, escuché muy cerca de mi casa ese extraño sonido de golpeteo de picos que de tanto oir por estos lares, reconozco que me encanta y me relaja. Y cual no sería mi sorpresa cuando descubro a los nuevos inquilinos de mi calle en un arbol cerca de mi portal. Una pareja de cigüeñas que a juzgar por el crotoreo que se traían entre manos y la extraña danza de cuellos retorcidos que practicaban, se encontraban en pleno apasionado romance. Y crotoreo va y crotoreo viene acabaron hipnotizándome y convenciéndome de que el día tan bonito que hacía no se podía desperdiciar, así que todavía con pereza en el cuerpo (la semana santa ha sido una auténtica penitencia, debo ser muy pecadora), me subí la Camorza haciendo piernas unos 3 kilómetros y luego a rodar 6 kilómetros hasta el embalse a ritmo ligero. Y tan ligero, que no se si mis amigas las cigüeñas me dieron alas (más que nada por eso de ser ave yo también, menuda, pero ave al fin y al cabo), pero el caso es que me salió a un ritmo de 4'54''. ¡Vamos, que casi crotoreo y todo!

Y continuando con la inercia de un buen rodaje como el del lunes, pero algo más tranquilita, que no es cuestión de despeinarse todos los días, hoy me he desayunado 10 kilómetros a 5'30''. Y por supuesto, escuchando a mis amigas las cigüeñas al pasar por la iglesia.


Se dice, se cuenta, se rumorea acerca de las cigüeñas que:

- Es un ave muy grande; una cigüeña adulta puede alcanzar una altura de 100-125 centímetros, con una envergadura alar que puede alcanzar los 2 metros, y un peso de 2,3-4,5 kg

- El pico, desde que nacen hasta que son adultas, es negro.

- La población mundial se estima en unas 230.000 parejas.

- Emiten un característico sonido rítmico a modo de claqueo con el pico y echándose hacia atrás, se llama crotorar, aunque en algunos sitios es conocido como "majar el ajo". Utilizan este sonido en el cortejo y para saludarse entre cigüeñas adultas.

- La cigüeña que emigra, siempre vuelve al mismo nido, con lo que cada año se hace más grande.

- En la cultura occidental, la cigüeña blanca es un símbolo de maternidad. En la época victoriana, los detalles de reproducción humana eran difíciles de enfocar, sobre todo en respuesta a la pregunta: "¿De dónde vengo?", realizada por niños pequeños, en su curiosidad. "La cigüeña te trajo a nosotros" fue la táctica utilizada por los padres para evitar la discusión de temas de sexo. Esta costumbre se deriva de una antigua superstición popular, que planteaba que las cigüeñas eran precursores de felicidad y prosperidad, y, posiblemente, de la costumbre de algunas cigüeñas de anidar en la cima de las chimeneas, por donde resulta fácil imaginar que la cigüeña dejaría caer al bebé.