Monique Van der Vorst. Quizá muchos y muchas no sepan quien se esconde detrás de este nombre. Yo no lo sabía hasta hace unos días. Y si digo que es doble campeona paralímpica de ciclismo (2 medallas de plata) en Pekín 2008, campeona del mundo y ganadora de un triatlón ironman, quizá tampoco se sepa que historia hay detrás de esta atleta. Yo tampoco lo sabía hasta hace unos días. Y cuando supe de su historia pase de la pena a la sorpresa, de la sorpresa a la admiración y de la admiración a la grandeza de haber aprendido una extraordinaria lección.


La holandesa Monique Van der Vost tenía 13 años cuando era una joven promesa del hockey hierba. Tras acumular varias lesiones en el tobillo derecho decidió someterse a una intervención quirurgica. Pero lo que debía ser una solución a su problema se convirtio en el mayor de sus problemas. La operación no salió bien y perdió la movilidad en la pierna derecha: ”Se me hinchó la pierna, se puso morada y fría, se llenó de líquido que quedó ahí” afirma Monique cuando lo recuerda. Pero la cosa no quedó ahí. Aunque el líquido pudo ser drenado la pierna continuó sin movilidad y al año siguiente, sin que los médicos encontraran alguna explicación, también perdio la movilidad en la otra pierna. Así que con tan solo 14 años, Monique quedó atada a una silla de ruedas sin explicación ni posible recuperación.

Pero hay personas en esta vida, que saben encontrar el sentido a la suya sean cuales sean sus condiciones, y además, tienen la valentia y la fuerza para luchar por ello. Monique es una de esas personas y su minusvalía junto con su espíritu deportivo la ayudó pronto a encontrar el vehículo idóneo en su camino hacia la superación: la bicicleta adaptada para minusválidos, de tres ruedas y en la que el impulso se hace sentada y pedaleando con los brazos. Pronto empezó a despuntar y a competir consiguiendo varios triunfos con tan solo 15 años.


Su meta era participar en los Juegos Paralímpicos de Beijing 2008, cuando en 2007 sufre un accidente de tráfico del que tarda 6 meses en recuperarse. Y sufriendo todavía las secuelas cervicales de ese accidente participa en el mundial de Burdeos para acabar 3ª en contrarreloj y lograr su pasaporte a las Olimpiadas.

A cuatro meses de la cita olímpica, cuando estaba entrenando en la carretera, un coche la atropella dañándole la médula espinal y fracturandole una vértebra. Pero ella no se rinde y acude a Beijing con collarín incluido y gana dos medallas de plata, una en ruta y otra en contrareloj.



Aprendí a pensar en las posibilidades, no en las limitaciones

En 2009 continua cumpliendo sueños y gana el triatlon ironman en Hawai  y es elegida mejor atleta discapacitada.

En marzo del año pasado vuelve a tener otro accidente, pero esta vez iba a ser diferente. Entrenando en Mallorca, otro cilcista la embiste y sale despedida. Monique quedo inmovil en el suelo con espasmos en las piernas. Fue hospitalizada y a los tres meses empezó a sentir un hormigueo en el pie izquierdo que acabó extendiéndose a ambas piernas. A partir de aquí comenzó una milagrosa rehabilitación que la ha llevado a volver a andar y a abandonar la silla de ruedas definitivamente. Los médicos de nuevo no encuentran explicación.
Monique tiene que abandonar ahora su sueño de volver a participar en las Paraolimpiadas de Londres. Ahora que puede andar, no puede competir.

Es difícil porque tengo que volver a encontrar un propósito en mi vida

Pero seguro que lo encuentra, seguro que con la fuerza de voluntad que tiene y la lucha demostrada hasta ahora, volvemos a saber de ella muy pronto cumpliendo muchos sueños más.



Me quedo con una de sus frases, de la que creo que tendría que aprender gran parte de la humanidad:


Si algo no te gusta, cámbialo.
Si no se puede cambiar, cambia de actitud