Como ya anuncié con anterioridad esta carrera iba a ser el escenario ideal para declararle la guerra al fantasma del 50. Por estas fechas, hace ya cinco años que empecé a correr, con muchos altibajos y alguna pequeña temporada sin mover un dedo por lesiones, pero al fin y al cabo tal y como reza el calendario, 5 años.

El fantasma del 55, con un poco de tesón y compitiendo con más corazón que cabeza, fue fácil de vencer a los pocos meses de empezar. En cambio el del 50 ya es un señor fantasma. Durante medio lustro se ha reido de mí mientras cruzaba la meta sabiendo que me tenía bastantes metros atrás. Pero este domingo había que intentarlo de verdad.

La mañana amaneció pronto para muchos corredores. Despertador sonando a las 5:30 un domingo!!!! Que poco cuesta despertarse cuando es para hacer algo que nos gusta y que estábamos esperando.
A las 7:45 el coche ya estaba aparcado cerca de El Retiro y junto con mis amigos, Pedro, Patricia, Francisco, Fátima y Luis cruzamos trotando el parque para ir calentando camino de el Paseo de Recoletos.


Al acercarnos a Cibeles nos separamos por unos momentos para acercarme a conocer a algun@s blogueros. Yo esperaba encontrar un grupillo en el punto acordado para la quedada, pero cual no sería mis sorpresa cuando al llegar descubro una marea humana de gente saludándose, un montón de grupos donde reinan las sonrisas, los abrazos y los buenos deseos para la carrera que va acontecer. Empiezo a pensar que no va a ser fácil, abro bien los ojos y trato de descubrir alguna cara conocida cuando oigo mi nombre ¡Yolandaaaa! ¡Es Jan y su eterna sonrisa! ¡Que alegría! Y luego llegan más caras conocidas-desconocidos a los que tengo la oportunidad de conocer: Sonia, Pepemillas, Jaime Navarrete, Jaal, Charli, Raquel, Celina, Pegasus... y que me perdone alguno si me olvido de alguien. Pena de tiempo y de nervios, espero tener otra oportunidad para compartir algunas palabras más con vosotros.


8:15, hora de reencontrarme con mis amigos. Café rápido y supercaro en el Cafe Gijón, visita al baño (sorprendentemente solo había cola en el de hombres!!! era el comentario de todas las chicas que entrábamo al nuestro), sesión de fotos en la calle y a buscar un buen sitio en la salida. Si quería declararle la guerra al fantasma del 50 tenía que situarme bien


8:55 El fantasma empieza a aullar y me sonrie mientras un cosquilleo me recorre el estómago. A estas alturas de la partida no hace falta mucha calculadora para saber que si quiero dejar atrás al fantasma tengo que lograr un ritmo medio de 5 min el kilómetro. Mi liebre me recuerda que hay que llegar a Concha Espina sin bajar de ese ritmo, que si lo logro, el resto estrá chupado.

9:00 El cronómetro se pone en marcha, salimos echando leches y cruzamos el portalón. Es la carrera en la que menos he tardado en pasar por la alfombra de salida. Enciendo mi GPS y la Pz de Colón es nuestra, y después de ella la Castellana. Ayyyyy, como engaña la jodía cuando vamos en coche, parece llana pero mis piernas dan fe de que no desde el primer kilómetro.

Km 1 en 05'05'', el fantasma me lleva unos metros, son pocos pero su sonrisa me provoca, no puedo darle tregua ni uno más. Aprieto ligeramente el paso, mi liebre lo aprieta más, uf, demasiado, no quiero empezar a quemarme, me mantengo y alcanzo Nuevos Ministerios (Km 2) en 4'53'', ahora soy yo la que le sonrie. Mi liebre sigue tirando, sigue siendo demasiado, no puedo alcanzarle, no debo, conozco mi ritmo. Se aleja junto con dos de mis amigos (Luis y Francisco). Les pierdo entre tanta gente. Decido concentrarme en mi carrera y mi duelo con el fantasma.

Veo el Bernabeu a lo lejos. Km 3 en 5'06''. Las cuentas no me salen de momento pero es pronto para tirar la toalla. Empezamos a rodear el estadio, se acerca el punto en el que los maratonianos y maratonianas se separarán de nosotros. Oigo aplausos, es por ellos, su gran gesta no ha hecho más que empezar, yo también aplaudo y cierta emoción me recorre. A mi alrededor el resto de corredores tambien aplauden. Nos separamos. ¡Buen viaje amigos! Cuando vuelvo a concentrarme en mi recorrido veo que unos metros delante de mí un corredor cae rodando por el suelo. Otro chico y yo nos paramos. ¿Estás bien? Parece aturdido. La gente pasa. ¿Estás bien? Le vuelvo a repetir. Por fin me mira. Sí, seguir, no pasa nada. Me sonrie. Continuo corriendo. Espero que no fuera nada seio. De pronto oigo al fantasma reirse. Me tienta a sentirme mal por haberme parado. No me importa, queda mucha carrera y sin darme cuenta me encuentro subiendo Concha Espina a toda velocidad. ¿Donde estás Sra Espina? ¿donde la tan temida Concha? A punto de girar para volver a bajarla veo al otro lado a mis dos amigos. Me esperan y les alcanzo acelerando cuesta abajo. Llegamos al Km 4 en un sorprendente tiempo de 4'56''.

Enfilamos de nuevo el Paseo de la Castellana y pago ligeramente mi juerga de este último kilómetro. El 5º llega en 5'04''. El fantasma sigue 8 segundos por delante, no es nada pero ahí están, es el momento de demostrar mi trabajo. Es ahora o nunca, Castellana abajo hay que raspar segundos como sea pero con cabeza, sin derroche. Aprieto un poco el paso y alargo la zancada. Mi respiración se acelera ligeramente. Francisco mira su reloj. "Vamos muy bien". "Que bueno, mis amigos se han contagiado con mi reto". Llegamos al km 6 en... 4'40''... "Genial, si pudiera mantener este ritmo..."

¡Y lo mantengo! Km 7 en 4'41''. Sonrio, ya no por mi duelo sino porque estos kilómetros son una fiesta, ¿será esto el famoso flow? Me siento ligera, concentrada y como si mis piernas fueran solas. En medio de este jolgorio interno veo en la acera animando, a una bloguera que he conocido hace una hora, Celina, la saludo con la mano. "¡Venga pingüina!" ¡Se acuerda de mí! Vuelvo a sonreir. Al fondo la Bilblioteca Nacional, y cuando llegamos a ella giramos.... ¡Dios mío! Y este repécho!!!! Mi flow se ha ido a tomar vientos. Aun así llego al km 8 en 4'50''.

Y ahora Serrano, empiezo a sentir cansancio y mis pulsaciones a 165. Veo a mi alrededor a corredores con aspecto cansado. Me pregunto si yo tendré la misma pinta. Llegamos a Alcalá, que bonita es la jodía, y que suerte poder rodearla por la carretera, sin coches, con mis dos patitas. Miro mi reloj e intento hacer cálculos de ritmo. Me siento muy lenta. De repente oigo una carcajada, es el fantasma del 50, creo que no llego. Las piernas me pesan. Alguien grita muy seriamente "¡Vamos Yolanda!". Esto me devuelve a la realidad. Levanto la vista, es mi amigo Francisco. Joder, nunca le había visto tan serio, pero... ¡Tiene razón! ¡¡¡Apenas queda algo más de un kilómetro y no voy a rendirme ahora!!. O´donell se resiste pero llegamos al km 9 en 4'57''.

Entro en el parque de El Retiro acelerando, es el último kilómetro y como siempre me digo ya no hay nada que reservar. Se oye la música y veo los portalones de llegada al fondo. Tengo al fantasma a tiro. Lo rozo con los dedos. De pronto mi GPS marca, km 10 en 4'50''. Miro el reloj de la organización a lo lejos y no me cuadran los números. Por unos instantes las cifras me nublan la vista, ya no se donde esta el fantasma. Sigo corriendo. Que más dan las cifras. A la mierda el fantasma!!! Yo he venido a correeeeer!!!!. No se de donde saco las fuerzas pero sigo acelerando. Esprinto y levanto los brazos. Abran paso que llegooooooo!!!! Paro mi reloj.

Francisco se acerca ¡Lo hemos conseguido, nuestra primera marca! Miro el reloj... 49'57'' (Tiempo neto segun clasificación 49'53''). Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!! Chocamos las manos. Felicito también a Luis que ha entrado conmigo.

Unos metros más al fondo el fantasma, sentado en el suelo, me mira con cara de cansancio y de pocos amigos. ¡Me has ganado por los pelos, esta vez ha sido por los pelos!


Y después de este divertido duelo, reecuentro con los demás, cervecita y a ver llegar a los verdaderos campeones y campeonas. Durante unas dos horas no paré de gritar y animar a los que iban llegando. Me encanto ver a un montón de niños acompañando a sus papas, algunos algo más que emocionados, antes de cruzar la meta. Me sorprendio la entereza con la que algunos corredores claramente lesionados recorrían esos últimos metros a pie. Aluciné con la velocidad de los que entraron primero y sobretodo... me cautivaron las sonrisas de esas caras cansadas pero felices y satisfechas que entraron sin la gloria de ser los más veloces, pero con los laureles de ser maratonian@s.