Acabamos de llegar del que probablemente va a ser nuestro último canicross de esta temporada. Se trataba de la segunda edición del canicross de Guadalajara, una carrera de 7,7 kilómetros con un perfil prácticamente llano, sin ríos que atravesar ni charcos que sortear, así que prometía ser una carrera muy rápida. Con estas carácterísticas y a las alturas del calendario canicrossero en el que estamos, mi compi canina y yo nos presentamos con ganas de echarlo todo y jugarnos nuestras últimas cartas. Pero a veces las cosas no salen como queremos y más cuando se trata de trabajar en equipo y tenernos en cuenta la una a la otra.


La salida fue a la velocidad del rayo, como de costumbre, un montón de perros que sortear, lineas de tiro que se cruzan, bocados al aire y ladridos sin parar, pero como esta vez no nos habíamos situado al final, el barullo pasó rápido y pasados los primeros 500 metros ya estábamos en la segunda posición de nuestra categoría.




No era para alegrarse, la carrera no había hecho más que empezar y no tardó en adelantarnos otra corredora y su perro, pero había que luchar por mantener ese tercer puesto. Nos iba a costar y más cuando completado el primer kilómetro me percato extrañada del estado de Lola: jadea profundamente, incluso emitiendo un extraño ruido y alrededor de la boca se le esta formando excesiva espuma-babilla.




Es evidente que va muy cansada y su estado se asemeja más al de estar terminando la carrera y no empezándola. Decido detenerme y andar unos metros, el ruido del jadeo cesa y parece más tranquila. Volvemos a correr, intento frenar su ímpetu pero es dificil, tira y tira, y de nuevo el jadeo excesivo y todo lo demás. Acabamos de alcanzar el segundo kilómetro. Vuelvo a parar. En esos momentos soy consciente de que nos quedan todavía 5,7 kilómetros... ¿Seguir o no seguir? Miro con pena mi GPS dos parciales extraordinarios 3'55'' y 4'26''... también tendría la opción de bajar el ritmo, pero quien conoce el canicross sabe que a los perros que van tirando de esta manera puedes frenarles la velocidad, pero es dificil apaciguar su ímpetu y el esfuerzo que realizan tirando... ¿seguir o no seguir?

"¡Que demonios! Lolita, tendremos que abandonar, me estás asustando y no quiero sustos. Somos un equipo, si y tu no puedes, yo tampoco. Además el canicross no tiene sentido sin ti."

En seguida se nos acercó una compañera del Club de canicross de Guadalajara, que en esta carrera estaba como miembro de la organización. Cuando me preguntó si nos pasaba algo no hizo falta respuesta. Lola se tumbó y nos miró con ojos cansados. Nos fuimos andando hasta la zona de salida-llegada y aprovechamos los charcos del recorrido para refrescar pezuñas. Al llegar al coche... nada que no solucionara un buen bebedero. En seguida mejoró su estado y dejo de jadear.





Ahora contemplando a Lola en su colchón, trato de hacer una buena lectura de lo que ha pasado para aprender de mis errores, más por no volver a verla así en una carrera que por tener que abandonar, pero lo cierto es que no acabo de entenderlo. Practicamos canicross desde el 2006, es el tercer año que competimos, pasa sus chequeos veterinarios todos los años y nunca ha llegado a ese cansancio tan pronto. La temperatura de esta mañana era buena, unos 9º, asi que no hacía mucho calor. Mis entrenamientos algunos frutos están dando y he ganado en velocidad, pero no tanto como para extenuarla de esa forma. Todo ha sido como de costumbre, lo único hecho de manera diferente fue que esta vez calentamos. Normalmente siempre llego tarde y no nos da tiempo a calentar, o por prisas caliento yo sola, pero esta vez estubimos calentando, poco tiempo pero lo suficiente como para que quizá no empezara la carrera tan fresca como otras veces. Aun así no me parece suficiente motivo.



Quizá sencillamente sea que no era su día. ¿No tengo yo mis días buenos y malos?