El deporte siempre llama al deporte así que en este momento en el que estoy de querer vaciarme gastando zapatillas, he decidido también gastar ruedas. Llevaba algun tiempo rondándome la idea de comprarme una bicicleta de montaña y ampliar mi horizonte deportivo. Horizonte facil de ampliar dado mi nivel actual de principiante. 


Tuve una bicicleta de montaña allá por el año 1991.... (parezco Sofia Petrillo en las "Chicas de Oro"). Recuerdo que era roja, con unos cambios más duros que los empastes del increible Hulk. Casi había que bajarse de la bici para empujar la manecilla del cambio de plato. Y como pesaba la jodía!!! Los días que la sacaba, hacía más ejercicio subiéndola y bajándola al trastero, que pedaleando dos horas.
Recuerdo también que le compré un cuentakilómetros para no perderme ni un dato de mis paseos. Ya apuntaba maneras por entonces con los cacharrillos electrónicos de medición ,je,je. Me subía a la cuesta más empinada para bajarla con el cuerpo pegadito al manillar buscando mi postura más aerodinámica sin quitarle el ojo al dichoso cuentakilometros. No quería perderme mi MMP en velocidad. 

Y volviendo de este viaje en el tiempo, ayer me planté en el decathlon para adquirir mi joyita, una sencilla bibicleta de montaña que por el módico precio de 249 euros me va a permitir volver a recordar esas estupendas sensaciones que sé que se tienen pedaleando por los caminos. Aunque es un modelo bastante básico, creo que es suficiente para iniciarme en este mundillo, y si de verdad me engancha, ya habrá tiempo de pasar a bicis mejores.


Así que aquí está mi nueva integrante de la familia, una Rockrider 5.2. Y como Rockrider 5.2 hay muchas, he decidido bautizarla. Y nada mejor que a la antigua usanza, mirando el santoral.

Veamos que nos depara el calendario... 18 de marzo.... Felix, Anselmo, Cirilo, Eucarpio... (pues vamos de mal en peor), Frigidiano, Trófimo...

Mmmmm, no me convence ninguno. Ya se que no voy a tener que llamar por la calle a mi bici como si fuera un perro, pero eso de decir "hoy me he hecho 20 kilómetros con Frigidiano", como que no me realiza.

Buscando otros nombres en el santoral de marzo he encontrado uno perfecto: ¡Casimira! Nombre germánico, que proviene de la palabra “Kazimerz” y significa "aquella que trae el equilibrio y la armonía".

¡Pues dicho queda y bautizada está! Bienvenida sea Casimira y su equilibrio y armonía, que dados los tiempos que corren en la vida y en la mía personal en particular, no estaría de más que me regalase un poquito de cada.

De este fin de semana no pasa que la estrene.