Como lo prometido es deuda y después del canicross de Cerceda le había dicho a Lola que me la volvería a llevar de charcos, el pasado fin de semana nos fuimos a Santander a correr otro canicross. No hubo charcos pero si mar, así que mi compi canina me perdonó la ausencia de barro y lodazal en el que zambullirse a la carrera.




El escenario de este canicross fue la campa de la Virgen de Mar en Santander. Su recorrido prometía, tres vueltas a la ermita y a los alrededores para deleite de los curiosos, amigos y familiares que se acercaron a ver a los locos canicrosseros arrastrados por sus perros. Y vaya que si nos vieron. Ir y venir, y volver otra vez a ir...


El recorrido se quedó en unos 5,2 kilómetros (acortado del previsto, quizá por el calor) que, debido al sol que hacía y a las altas temperaturas, algunos perretes sufrieron de lo lindo.



Lola fue una de ellos, y por poco no entramos en meta. La organización tuvo la genial idea de colocar los bebederos de abituallamiento canino unos metros antes del desvío al portalon de llegada y mi compañera perruna cuando los vio pensó que ni meta ni leches, que ella tenia sed y quería beber. Me costó convencerla pero entramos con un tiempo de 25:47 y con la sorpresa de ser las segundas de nuestra categoría. Trofeo (nada feo) y saco de pienso de 15 kg de regalo que donamos a un centro de acogida canino.


Y lo mejor estaba por llegar... Después de la carrera nos bajamos a la playa y disfrutamos de una estupenda estampa: el mar y un montón de perretes jugando a la orilla agradecidos por semejante premio.