Con esta carita se quedó Lola al terminar el III canicross benéfico de APAP en Cerceda, celebrado el pasado domigo 9 de enero. ¿Sería por desilusión al ver el puesto en el que el lastre de su dueña había llegado o pena por no seguir corriendo con las orejas al viento?...
Empecemos por donde hay que empezar...


Érase una vez... una asociación protectora de animales de la Comunidad de Madrid llamada APAP-ALCALA, que contaba con un centro de acogida y adopción, y un montón de voluntarios y voluntarias dispuestos a poner su granito de arena para ayudar a los perros abandonados que allí había. Un día tienen una gran idea... ¡¡¡¡Montar una carrera benéfica de canicross!!!!! Y es un exito!!!!


Así es como después de dos ediciones llegan a organizar el III canicross benéfico APAP en Cerceda.


Lola y yo no podiamos desaprovechar la ocasión, vivimos cerca y un montón de compañeros y compañeras del Club Correcaninos iban a estar allí, así que nos pusimos nuestras mejores galas y allí nos presentamos.


El día amenazaba con bancos de niebla y algo de viento, pero no llovía, y dado el agua que ya había caido los días anteriores, era de agradecer que las nubes se portaran bien.

El recorrido era de algo más de 7 kilómetros y como conocemos la zona yo sabía que el barro y los charcos estarían presentes. Mientras esperábamos la salida miré con pena mis zapatillas limpias. Lola se frotaba las patitas impaciente por comenzar ("bieeeen, me meteré en todos los charcos que veamos")


El speaker de la carrera nos advierte que unos metros más adelante de la salida se estrecha el camino y hay un pequeño puente en el que puede haber algo de atasco. Pero... no preocuparse, paralelamente a dicho puente discurre un camino que atraviesa un riachuelo por donde el que no quiera acabar atascado puede cruzar ("Genial -pienso- Atravesaré por allí. Hace dos semanas entrené por aquí y apenas cubría").


Preparados... ¡Guau, guau! Como de costumbre salimos todos y todas escopetaos. Unos más que otros, pero revueltos eso sí. Durante unos instantes no se sabe si son los perros los que tiran o son los corredores los que se arrastran unos a otros. Lola y yo salimos de las últimas, no queremos jugárnos las pezuñas y tener que sacar los dientes... y de pronto veo el famoso puente. Ja, ja,ja... un mogollón de gente se queda medio atascada y... ja,ja,ja otro mogollón se dirige hacia el atasco... Y nadie cruzando el rio!!!! ¡¡¡Son tontos!!! ("Esta es la mía. Los voy adelantar al más puro estilo aventurero") Nos dirigimos desbocadas hacia el riachuelo y..... ¡¡¡SOS, nos hundimos!!!! Las malditas lluvias de los días de atrás!!!! El agua me llega hasta media pantorrilla y encima está fría como el hielo!!!! Pero ya es tarde, hay que poner cara de que aquí no pasa nada y de que estaba controlado y tirar pa'lante. Al fin y al cabo nos sirve para adelantar a un puñaín de canicrosseros.


¡Eah! Pues con este jarro de agua fría, comenzamos nuestro recorrido saltando charcos sin parar (bueno, yo lo de saltar, porque Lola se traveso todos y cada uno de ellos) y tratando de adelantar posiciones hasta que una ya no puede adelantar más y toca mantener el tipo. Y manteniendo manteniendo, enfilamos el último kilómetro cuando veo al doblar una curva que aparece la madre de los charcos. ¡¡¡¡Que digo la madre, la abuela o la tatarabuela por lo menos!!!! Un lago de lado a lado del camino rodeado de fango rico y fresco (¿¿¿¿Y esto por donde lo atajo yo????). No sé si es que no me dio tiempo a pensar o es que de aquello no había quien se librara, pero el caso es que me meti de lleno. Total, casi empiezo a nado la carrera cruzando el riachuelo, ¿no iba yo a ser capaz de atravesar el charco?.
Pues allá que voy... pisando por todo el medio aquel fango estupendo cuando resbalo, me caigo de rodillas sobre una piedra escondida bajo el agua, y como Lola sigue tirando porque ella no se ha caido, acabo casi bebiendo del manantial prohibido de aquel lodazal. Y para colmo, como es la última curva del recorrido allí estaban un montón de gente animando: ¡¡¡¡venga, que es el último charco!!!! (No me extrañaría que hubiera hasta foto del momentazo)


Me recompongo, hago como que no me ha dolido y enfilo el camino hacia el polideportivo ("Venga Lola, que no noten que hemos sufrido").




Al final, 7,4 km (37:07), la rodilla izquierda magullada, barro hasta la rodilla, los pies helados y las zapatillas pa'cogerlas con la punta de los dedos, pero miro a Lola y.... ¡Que diablos! ¡¡¡¡Y lo bien que lo hemos pasado!!!!! Es entonces cuando me devuelve la mirada con cara triste porque no entiende que no sigamos chapoteando y jugando en los charcos mientras corremos. De ahí la foto. Pero le he prometido que el próximo finde me la llevo de charcos a otro canicross y se le ha acabado la pena.