El hormiguero ideal

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Es importante vivir en un lugar donde te sientas a gusto. Hay gente que adora caminar por calles animadas de gente y sentir el bullicio de la ciudad, urbanitas que necesitan vivir la animación del hormiguero asfaltado. Otros en cambio adoran la tranquilidad de un pueblo, las mismas caras al pasar por las pocas calles que tenga, el "bullicio" de la naturaleza y la "animación" de la rutina diaria limitada en posibilidades. Es importante elegir bien nuestro hábitat exterior, pues de él dependerá en alguna medida el interior. Lo malo es que no siempre se puede elegir. Y si se está en el sitio equivocado se puede terminar sufriendo de aburrimiento y estres, y sobretodo convirtiéndonos en hormiga inadaptada en hormiguero ajeno.

Yo he buscado mi hormiguero durante algún tiempo y después de algunas vueltas y con la suerte de poder elegir, he llegado a la conclusión de que soy hormiga de hormiguero pequeño y alejado del asfalto. Me gusta levantarme y no oir el tráfico, pasear con mi perra junto al rio oyéndo los pájaros, cruzar la calle y no ver a nadie, ir a la misma panadería porque solo hay esa panadería, que cuando llueva me llegue el olor a jara mojada...y cuando necesite otro tipo de bullicio (que siempre se necesita de vez en cuando) coger la carretera, empaparme de urbe y volver por la misma carretera contemplando las montañas y sabiendo que ahí está mi hormiguero.


Me siento privilegiada, no por vivir ahí, que seguro que hay quien se aburriría o tendría otras inquietudes a la hora de disfrutar del entorno, pero sí por porder elegir y estar ahí. Y para hacer honor a este privilegio, y para seguir fortaleciendo piernas, esta mañana me he ido a caminar por la montaña que no me cae lejos. 9 kilómetros de paseo matutino entre jara, azafrán silvestre y alguna tímida cabra montesa. Un lujo que para mí, como diría el anuncio de la tarjeta... no tiene precio.



Ese oscuro objeto del deseo

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Una vez más como en las últimas semanas acudí esta mañana al gimnasio. Me subí a la bicicleta estática y programé una sesión de intervalos para seguir con mi plan de recuperación muscular. De repente noté una extraña sensación. Era como si algo o alguien me estuviera mirando. Sin dejar de pedalear eché un vistazo a la sala, a esas horas poco concurrida, y la gente que allí había estaba ocupada con su actividad particular. Pero la sensación seguía, y yo seguía pedaleando. De pronto miré a mi izquierda... Aha!!! Allí estaba. Era ella. Ella era la que me estaba mirando. La cinta de correr. Y no sólo me miraba, ahora empezaba a canturrear, cual canto de sirena, algo parecido a una especie de llamada. Al principio no la entendía, pero poco a poco comencé a escuchar algo así como: ¡Vente, súbete, prueba a correr un poquito y despacio!

No podía ser. Sacudí la cabeza, me limpié el sudor de la frente con mi toalla y mi Pepito grillo me susurró al oido que todavía era pronto para correr. Pero ella seguía intentándolo. El temporizador de mi bici parecía que no avanzaba y los pedales cada vez ofrecían más resistencia.
¡Venga, sólo será un ratito! Por un momento creí ver que la cinta se ponía en marcha ella sola. No podía con la tentación... Así que pensé, ¡sólo un ratito, si veo que me duele algo, lo dejo! Me subí a la cinta, andube cinco minutos y con el dedo tembloroso apreté el botón de aumentar la velocidad y... ¡Voilá! ¡¡¡Empecé a correr!!! ¡¡¡¡Y no me dolía nada!!!!
Bueno, he de reconocer que sólo fueron cinco minutos y bastante despacio, pero el no sentir ninguna molestia ha sido todo un chute de energía positiva. Creo que ya estoy más cerca de volver a comenzar.

Así es como esta mañana me converti en el oscuro objeto de deseo de una cinta de correr.


Nuevo club de canicross en Madrid

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El canicross fue lo que hace unos años hizo que me enganchara a esto del running y durante este verano lo que me ha mantenido ilusionada y con proyectos de futuro. Durante este parón obligado por mi lesión, un amigo y una amiga me propusieron formar un club. Juntos habíamos pertenecido las tres últimas temporadas al Club Lealcan pero nos apetecía formar nuestro club y escribir nuestra propia aventura, así que nos pusimos manos a la obra y por fin estos días lo hemos oficializado. Ha nacido el Club de Canicross Correcaninos.

Somos uno de los tres clubs que existen en la Comunidad de Madrid y desde aquí aprovecho para invitar a todo el que quiera saber algo más de este deporte a que se pase por nuestro blog http://clubdecanicroscorrecaninos.blogspot.com/, y si algun corredor/a gasta zapatillas con su compañero/a canino y se anima a probar, ya sabe, hay un hueco en el mundo del running donde se puede correr y competir de una forma diferente.

A falta de pan... buena es la bicicleta estática

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De vuelta al ejercicio, y aunque no es correr, que es lo que me gustaría, una buena sesión de bicicleta estática es ahora mi medicina para surtirme de un buen chute de endorfinas, sudar un rato y recuperar musculatura perdida. Y lo que es más importante, volver a una rutina de ejercicio que siempre viene bien.
No tengo prisa, así que recorreré mentalmente kilómetros pedaleando algún tiempo en el gimnasio mientras desparecen las molestias, que ya van siendo pocas, y sobretodo ir poniendo el ánimo en su sitio, que aunque he luchado, durante algunos días me gano la partida la tristeza y el mal humor.

Hoy he vuelto a trabajar, así que una rutina más en su sitio y para completar, una vuelta por la blogosfera, que la tenía abandonada. Y es que esta pingüina es una animal de costumbres... y de rutinas.