Bien podría parecer salida de Tasmania y un auténtico diablillo, pero no, estábamos en Humanes de Mohernando, localidad de Guadalajara, y se trata de mi perra Lola, disfrutando como una enana mientras tira de mí.


El pasado domingo tuve el placer de volver a participar en una carrera de una liga de canicross después de más de dos años de retiro. Fue en el IV Canicross de Humanes de Mohernando, puntuable para la Liga Nacional de Canicross y el Circuito Provincial de Guadalajara.



Aunque la mañana amenazó con lluvia y temíamos encontrarnos un terreno enfangado y lleno de charcos, lo cierto es que nos respeto y el barro y los charcos fueron los suficientes como para cruzar la linea de meta con las piernas moteadas y las zapatillas sucias. La versión de Lola sería que fue una pena no lloviera más y haber podido saltar entre fango cual cerdito, y haber entrado en la meta con barro hasta las orejas.


El circuito fue de 5,7 kilómetros con un perfil bastante llano, lo que dio lugar a una prueba rápida. El ritmo que llevó la cabeza de carrera fue vertiginoso y el primero en cruzar la meta, Pablo Vega y su perro Ugo, lo hicieran en 17'17'', un tiempo difícil de batir.


Mi carrera también fue "vertiginosa", pero lejos de esas cifras. De nuevo me vuelvo a sorprender con mis datos de clasificación dado el tiempo que llevo entrenando y mi estado de forma, 27'45'', y sé que todo se lo debo a Lola. Sin ella no hubiera alcanzado la meta tan pronto.


Nuestra salida fue como de costumbre y en la parte de atrás para evitar altercados con otros perros. Ella se debatió entre tirones y ladridos aumentando su nivel de excitación a medida que aumentaban sus ganas de salir y mis nervios. Cuando ya era casi imposible seguir sujetándola... 3,2,1... y disparadas, yo con el corazón en la boca, ella con la lengua fuera, nos lanzamos al camino tras una nube de corredores y perros nerviosos por establecer su puesto. Pasada la zona de seguridad, los primeros cincuenta metros aproximadamente, pude soltar la linea de tiro. A partir de ahí, ella llevó el ritmo, o mejor dicho el que le deja el lastre que durante casi toda la carrera represento. Adelantamos a algún equipo, sobretodo en esos momentos en los que hay perros que dejan de tirar y hacen que su amo o ama tenga que bajar el ritmo.




Y por fin, como broche final del recorrido, el tramo por el que ya recordaba esta carrera, una cuesta pina de cincuenta metros dificil de llevar cuando llegas al límite de fuerzas. Pero yo tenía al "Diablillo de Tasmania", la perra canicrossera cuyo lema es "nunca dejar de tirar", la que bebe de los charcos a la vez que corre, la que mejor recorta las curvas y la que no se para ni a hacer sus necesidades. A la voz de "hop-hop" (nuestra contraseña secreta, je,je) deplegó sus "gadgeto-patas" y me izó cuesta arriba a tiempo de salir en la foto sinrientes y entrando en meta como buenas canicrosseras.



Al final me llevé un 6º puesto en categoría senior femenina y ella dos huesos y una manta polar con dibujitos de perritos. Una mañana estupenda, en la que recordé tiempos pasados, vi a mucha gente que no veía desde mis comienzos en este deporte, compartí aventura con mis compañeros del Club Correcaninos y un maravilloso cocido que nos ofreció la organización de la carrera como despedida.