Es importante vivir en un lugar donde te sientas a gusto. Hay gente que adora caminar por calles animadas de gente y sentir el bullicio de la ciudad, urbanitas que necesitan vivir la animación del hormiguero asfaltado. Otros en cambio adoran la tranquilidad de un pueblo, las mismas caras al pasar por las pocas calles que tenga, el "bullicio" de la naturaleza y la "animación" de la rutina diaria limitada en posibilidades. Es importante elegir bien nuestro hábitat exterior, pues de él dependerá en alguna medida el interior. Lo malo es que no siempre se puede elegir. Y si se está en el sitio equivocado se puede terminar sufriendo de aburrimiento y estres, y sobretodo convirtiéndonos en hormiga inadaptada en hormiguero ajeno.

Yo he buscado mi hormiguero durante algún tiempo y después de algunas vueltas y con la suerte de poder elegir, he llegado a la conclusión de que soy hormiga de hormiguero pequeño y alejado del asfalto. Me gusta levantarme y no oir el tráfico, pasear con mi perra junto al rio oyéndo los pájaros, cruzar la calle y no ver a nadie, ir a la misma panadería porque solo hay esa panadería, que cuando llueva me llegue el olor a jara mojada...y cuando necesite otro tipo de bullicio (que siempre se necesita de vez en cuando) coger la carretera, empaparme de urbe y volver por la misma carretera contemplando las montañas y sabiendo que ahí está mi hormiguero.


Me siento privilegiada, no por vivir ahí, que seguro que hay quien se aburriría o tendría otras inquietudes a la hora de disfrutar del entorno, pero sí por porder elegir y estar ahí. Y para hacer honor a este privilegio, y para seguir fortaleciendo piernas, esta mañana me he ido a caminar por la montaña que no me cae lejos. 9 kilómetros de paseo matutino entre jara, azafrán silvestre y alguna tímida cabra montesa. Un lujo que para mí, como diría el anuncio de la tarjeta... no tiene precio.