Una de las muchas cosas bonitas que me ha regalado mi viaje a las Rias Baixas (a pesar de la caida y la lesión con la que he venido) ha sido el estupendo escenario de mi primera vez. Mi primera vez corriendo en la playa.

Hace cinco años que empecé a gastar zapatillas y como tantos otr@s corredores/as he disfrutado recorriendo distintos decorados, tanto urbanos como de montaña, pero todavía me faltaba uno. Un decorado que a menudo para los que vivimos en el interior de la península, se nos presenta como algo idílico y lejano. Y por fin estas vacaciones he podido hacerlo, he podido correr por la playa, la playa de La Lanzada. Está en la península de O'Grove en las Rias Baixas y su longitud (unos 2 kms aprox) y amplitud permite hacerlo cómodamente.


Esa mañana madrugué indecentemente para estar de vacaciones pero la ocasión lo merecía. La noche anterior había dejado todo preparado con la ilusión de una niña que prepara su mochila para una excursión. Y cuando sonó el despertador di un brinco de la cama, me coloqué mis mejores galas, mi disfraz de corredora, y me precipité al exterior como una potrilla desbocada ante la mirada de sorpesa de mi perra Lola.

El apartamento estaba a unos kilómetros de la playa pero un carril bici junto a la carretera con vistas al mar facilitaba llegar a ella. Así que encendí mi forerunner y comencé a correr tranquilamente para no perderme ningún detalle: el olor del mar, la brisa, la luz del sol en las primeras horas del día... No había gente en la calle, tan sólo algún y alguna corredora con los que intercambié sonrisas de complicidad. Y por fin... tras unos kilómetros...apareció ante mí La Lanzada.




Unas mariposillas revolotearon en mi estómago mientras bajaba las escaleras de acceso a la playa. ¡Por fin iba a trotar por la arena! De repente fui consciente de que no era la única que lo estaba haciendo y que posiblemente se notaría que era mi primera vez: me fui parando para hacer fotos, corrí chapoteando encima del agua, cerre los ojos con sonrisa de idiota para sentir la brisa en mi cara, hice giros de 360º para grabar en mi mente aquella estupenda panorámica... Ese día las gaviotas que me crucé debieron pensar que no habían visto animalillo más curioso por allí.



De vuelta al apartamento paré el gps en 10,74 kilómetros (01:03:36) y pensé en los afortunados que viven junto al mar y pueden correr así a menudo pero... lo cierto es que ahora pienso que quizá mi fortuna es no vivir cerca del mar para hacer de una simple carrera, un momento mágico digno de recordar.