Después de un largo tiempo, de abandonar rutinas de entrenamiento, de problemas de salud superados y de desánimo deportivo, la Pingüina vuelve a la carga. Menos veloz, pero al fin y al cabo vuelve. Y es que va a ser que esto de resurgir de mis cenizas en el fondo me motiva. El saber que ahora no puedo con mi alma cuando corro, pero que podré. El saber que ahora me duele todo después de correr, pero que pronto no dolerá. El saber al fin y al cabo, que si corro soy feliz.

He comenzado por donde comencé hace unos añitos, en el mismo sitio, a la misma hora y con la misma compañía, ese vecino, amigo, que me hace de liebre y no se aburre oyéndome resoplar fatigada desde el primer kilómetro. Espero que el camino que me quede por recorrer sea tan maravilloso y motivador como el que recorrí cuando empecé hace cuatro años.